Lola Herrera. GTRES
Lola Herrera: "Cuando yo me separé, me maltrataron al ponerme muchos cuernos. Las mujeres éramos muebles"
En su entrevista con Jordi Évole, la actriz recuerda su complicado divorcio de Daniel Dicenta: "No podía vivir sola. Te trataban como a una tarada".
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Lola Herrera (90 años) ha hablado en numerosas ocasiones de la tormentosa relación que mantuvo con su exmarido, el también actor Daniel Dicenta, y de cómo se sintió durante y después.
La pareja se casó el 31 de diciembre de 1960. Se separaron seis años más tarde, en 1967, cuando él abandonó el domicilio familiar un 6 de enero, día de Reyes. El divorcio no pudo formalizarse hasta años más tarde, una vez llegada la democracia y aprobada la ley del divorcio en España a comienzos de los años 80.
"Cuando yo pedí la separación, que todavía no existía el divorcio, tenías que denunciar a tu marido. A mí no me habían pegado, no me habían maltratado. Me habían maltratado, si quieres... en ponerme muchos cuernos", recuerda en su entrevista con Jordi Évole (51) en Lo de Évole.
Lola Herrera, en 'Lo de Évole'. laSexta.
"Te trataban como a una tarada"
"Pero ese maltrato", prosigue, haciendo referencia a las constantes infidelidades de su pareja, "era como que no se habían dado cuenta. Los hombres eran muy machos y tenían que poner cuernos a sus mujeres".
Lola, que tuvo dos hijos en común con Daniel Dicenta, -Natalia (63) y Daniel Dicenta Herrera- tuvo que afrontar el final de su matrimonio en una época en la que la mujer era considerada un ser inferior. No solo por la sociedad: también por las administraciones públicas.
"Éramos muebles las mujeres. Creo que no se ha contado bien... Era horrible", apunta. "Yo no podía quejarme de nada en cuanto a poner una denuncia... Podías separarte de una manera muy particular. Cuando hice los primeros pasos para la separación, yo no tenía casa en Madrid y no tenía familiares".
En aquella época, no se concebía que una mujer separada pudiera vivir sin la tutela de alguien: "El juez me depositó en la casa de Mimi Muñoz, la madre de las Goyanes, en la calle Nicasio Gallego. Depositada quiere decir que ellas cuidaban de mí. No podía vivir sola. Estuve seis meses allí".
Lola Herrera relata que, desde los organismos oficiales, te trataban "como si fueras una tarada. Era un maltrato muy grande por parte de la oficialidad".
"¿Cómo puede ser que una madre trabajadora no pueda poner a sus hijos en la Seguridad Social porque resulta que no es cabeza de familia? Pero si el padre decía 'adiós, muy buenas' y no sabía dónde estaba... Era muy difícil todo", reflexiona.
La veterana artista tiene claro que en la época de Franco "no se vivía mejor". Y pone en valor que, en materia de igualdad, "las mujeres hemos dado pasos de gigante".
"Ha sido muy gratificante ver cómo se han ido ganando cosas. Lo que pasa es que todo lo que hemos conseguido ha sido muy endeble. Hay que estar alerta de no perder nada de lo que se ha conseguido, que corre sus peligros", subraya.
Lola Herrera habla en camerino con su entonces marido Daniel Dicenta, tras actuar en 'Función de noche'.
El "estado depresivo" de Daniel Dicenta
Al hablar de su matrimonio con Daniel Dicenta, Lola Herrera relata también cómo fue rodar junto a él Función de noche (1981), una cinta a medio camino entre el documental y la ficción, dirigida por Josefina Molina.
En ella, Lola y su exmarido, ya separados, se encierran en el camerino de un teatro mientras Lola interpreta cada noche Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes, y mantienen una cruda conversación sobre su idilio, la ruptura y el daño que se hicieron.
La película, considerada una obra de culto del cine de la Transición, ya que es una especie de autopsia emocional del matrimonio y, a la vez, los muestra como modelo de pareja de la España franquista y posfranquista, supuso un revulsivo para ambos: "Supuso mucho para mí".
"He sentido mucho que no le sirviera a Daniel para desahogar todo lo que tenía dentro. Y para dejar ese estado de ánimo que él tenía, que era su estado depresivo permanente, que lo llevó a muchas cosas", narra.
"Daniel, a pocos días de estrenarse la película, dio entrevistas diciendo que lo habían engañado", añade en su encuentro con Évole al recordar la enorme repercusión social que tuvo el largometraje.
"A partir de ahí empecé a darle vueltas. Tardé mucho en comprender. Él no había hablado de sus angustias, de su situación personal. De por qué habíamos llegado a eso en el terreno del sexo", cavila.
Lola Herrera cree que fue incapaz de percatarse de que su historia de amor con el padre de sus hijos estaba abocado al fracaso desde el principio: "Ni lo vi en el noviazgo, ni lo vi en el matrimonio. Nuestro matrimonio no funcionó desde el primer día. Y en mi época te casabas para siempre".
"Era un actor maravilloso, pero se convirtió en una persona que a todo decía que no. Algo pasaba ahí. Esa desazón con el apellido. No sé si por resquemor a su padre... (Su padre) se pegó un tiro. Y eso le causó un dolor. Eso lo pasé con él. Eso culminó nuestra relación. Se rompió todo lo que tenía que romperse. Imagínate el panorama", relata.
Lola Herrera en 'Cinco horas con Mario'. Foto: Daniel Dicenta
Su depresión: "Estuve en unas profundidades tremendas"
En Función de noche hay una escena muy conocida en la que se ve a Lola Herrera fingiendo un orgasmo en el camerino, mientras habla por teléfono con un amante, delante de la cámara.
No es una escena de sexo, ni mucho menos una escena explícita. Pero sí es un momento de enorme carga emocional y simbólica en la película. En su momento, aquello no fue bien comprendido. Ni por el público ni por los compañeros de profesión.
"Hubo compañeras que me retiraron el saludo", admite la actriz. "Me llamaron desvergonzada". En cierto sentido, su escena del orgasmo fingido fue "como una liberación".
"Lo que no sabía es que había abierto el frasco de las esencias. A partir de aquel momento los hombres empezaron a preguntarse si sus relaciones eran reales o si estaban fingiendo", detalla.
Otro de los trabajos que han marcado su carrera es Cinco horas con Mario. Una obra de Miguel Delibes que ha protagonizado en las tablas durante más de cuatro décadas, aunque en distintas etapas: "He hecho distintas Cármenes".
El monólogo se estrenó en el Teatro Marquina de Madrid el 26 de noviembre de 1979. Lola Herrera se despidió oficialmente del papel de Carmen Sotillo en 2022, cerrando así casi 43 años de vínculo con el montaje.
Lola Herrera.
Al rememorar su rol más mítico, la de Valladolid considera que "la depresión que tuve yo fue por eso. Me pasaban cosas tremendas en el escenario. Veía imágenes de mi vida en el escenario con mi exmarido. Era una cosa muy complicada. No sabía lo que me pasaba".
Aunque para ella "el escenario es una terapia", las funciones constantes del monólogo la llevaron a una especie de bucle emocional. En su caso, no fue "por aguantar el drama" sobre el escenario: "Era mi drama personal".
Cuando te metes en la piel de un personaje, dice Herrera, "echas mano de lo que tú tienes para este trabajo". Es por eso que, en su caso, "aparecieron más cosas que estaban sin resolver en mí. Eso es lo que me hizo caer en una depresión".
"Fue una cadena que empezó con Cinco horas y terminó en Función de noche", puntualiza. "No sé dónde estuve, pero estuve en unas profundidades tremendas. Eché fuera de mí el dolor que tenía de tanto tiempo. Yo no sabía que tenía tanto dolor".
"Tenía el dolor de la incomunicación, de no poder comunicar, de no poder decir el horror de haber fingido, el horror de no poder hablar y poder clarificar algo sin que le hiriese ni le hiciese mal como hombre", revela. "Mi silencio duró mucho tiempo".
Chicho Ibáñez Serrador en el día que recogió el Goya de Honor.
"Mi marido leyó las cartas de amor de Chicho y las rompió"
Lola Herrera y Chicho Ibáñez Serrador tuvieron una relación personal que jamás trascendió más allá de la amistad. Pero entre ellos existía una química innegable. Llegaron a tontear, pero nunca fueron a más.
"Lo conocí en Valladolid. Chicho fue realmente una parte del empujón para que yo me fuera a Madrid. Él dirigía la compañía de su madre, Pepita Serrador. Era un libro abierto, había viajado por todo el mundo. Se había ido a tocar el piano a Francia por los bares. Dirigía. Era un actor maravilloso", dice al hablar del director de cine.
"Me contaba historias maravillosas, de la vida, el teatro... Me quedé fascinada. Los dos éramos Cáncer y los dos éramos mismo año", rememora, esbozando una sonrisa. No oculta que, un tiempo después de conocerse, "tonteó al final".
Dejaron de verse. Y comenzó así una entrañable relación epistolar entre ellos: "Chicho se fue y empezó a escribirme cartas. Empecé a recibir cartas de amor de Chicho que eran guiones maravillosos".
Las misivas del que fuera creador de Un, dos, tres... responda otra vez a veces venían acompañadas de regalos de sus viajes: "Se fueron a Marruecos y me mandó unas babuchas, fotografías".
El reencuentro se produjo una década después de decirse adiós en un teatro de Valladolid: "Me llamó al (teatro) Infanta Isabel. Hacía 10 años que no nos veíamos y que no habíamos tenido nunca conexión".
Entonces, ella le explicó que se había casado y estaba "separada". Él, por su parte, también había contraído matrimonio: "Se había casado con Miss Buenos Aires".
Para Lola Herrera, aquellas cartas que atesoraba de Chicho eran un verdadero tesoro: "Fuimos amigos, amigos de verdad. Hablamos mucho. Chicho era mucho".
"Un día", su marido "leyó las cartas, porque yo tenía una caja con mis secretos, y me las rompió. Ese día tenía que haberme separado".
A día de hoy, le encantaría poder recuperar esos escritos: "Me gustaría tanto poder leerlas ahora, en mi vejez. Eran cartas muy bonitas... Con esa imaginación que tenía y con lo que yo le inspiraba".
Lola Herrera, en su entrevista con Jordi Évole en 'Lo de Évole'. laSexta.
Su "mal ojo para las parejas"
Al hacer balance de su vida sentimental, Lola Herrera piensa en voz alta: "Debí haber tenido siempre muy mal ojo para las parejas. Las parejas que he tenido, atracción física grandísima. Y eso es muy grave. Te lleva a equivocarte mucho".
"He tenido mis éxitos con los chicos. Pero me descompensó tanto la primera parte de mi vida... que no me quedaron ganas. He tenido mis cosas. He vivido lo que he podido y me compensaba. Tampoco he hecho exhibición de mis compañeros. Yo tenía dos hijos pequeños y la sociedad no estaba como ahora", expone.
No quiso construir su vida al lado de una nueva pareja porque "no quise que mis hijos tuvieran problemas. Cuando vino el divorcio había tanta demanda que tardé tres o cuatro años. Había cola. Era una época difícil... No volví a compartir mi vida con nadie".