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Ramón Freixa abre restaurante en Oporto en un hotel cinco estrellas: "Cocinaremos Portugal de la manera que yo cocino"
El chef catalán suma otro proyecto 'a la cartera' con este gastronómico que planea abrir durante el tercer trimestre del año donde el producto de calidad seguirá siendo su seña de identidad.
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Poco después de haber anunciado su desembarco en Formentera, para hacerse cargo de la dirección gastronómica del Hotel Sol Post, Ramón Freixa volvía a mostrarse por sus redes con una nueva noticia que contar.
El chef catalán abrirá un restaurante gastronómico en Avenida da Boavista en el último trimestre del año. Un proyecto cocinado a fuego lento durante casi dos años, donde promete interpretar Portugal “de la manera que yo cocino”.
Según Freixa ha explicado a Cocinillas El Español, el nuevo restaurante gastronómico en la ciudad portuguesa llevará por nombre Ramón Freixa Porto y estará "alojado dentro de un hotel cinco estrellas, todavía en construcción". Sin mucha más información que pueda compartir de momento, el chef asegura que "no será un hotel de cadena".
Confiesa, asimismo, su apuesta por la ciudad a orillas del Duero responde a una combinación de afinidades personales, conversaciones pausadas y una intuición compartida sobre el potencial gastronómico de Portugal. “Ha sido como un matrimonio”, resume Freixa sobre una alianza nacida entre amistades, confianza y tiempo.
La futura dirección gastronómica no estará en la ribera más turística ni junto a las bodegas de Vila Nova de Gaia, donde muchos podrían imaginar un restaurante de alta cocina con vistas al Duero, sino en la Avenida da Boavista, una de las arterias elegantes de Oporto.
Allí, en un hotel independiente de nueva construcción, Freixa instalará un concepto claramente definido: cocina de autor, territorio y producto.
Si algo quiere despejar el chef desde el principio es la etiqueta. No será un clon de sus restaurantes madrileños ni una réplica portuguesa de fórmulas ya conocidas. Tampoco una propuesta anclada únicamente en el recetario mediterráneo.
“Cocinaremos Portugal, pero de la manera que yo cocino”, resume el cocinero, condensando en una frase el espíritu de un restaurante que aspira a dialogar con el país sin caer en el mimetismo.
La idea pasa por construir un puente culinario entre Mediterráneo y Atlántico, una conversación entre dos geografías gastronómicas que, aunque distintas, comparten culto al producto, estacionalidad y memoria culinaria. En ese equilibrio entre identidad propia y contexto local estará buena parte del reto.
Durante las visitas recientes a Oporto —con el restaurante aún en obras— el chef no solo ha supervisado el avance arquitectónico, sino que ha comenzado a trazar una red de productores locales y abastecedores.
“Mi cocina sin producto y sin territorio no tiene razón de ser”, explica, apuntando a un menú profundamente conectado con el entorno, aunque filtrado por el lenguaje técnico y creativo de una cocina de autor consolidada.
A ese aterrizaje se suma también un componente humano. Freixa trabaja el proyecto junto a un equipo donde destaca la presencia de talento portugués, una decisión que parece reforzar la idea de cocinar desde dentro y no desde la mirada externa del chef visitante que simplemente exporta un modelo.
El movimiento de Freixa se produce, además, en un momento especialmente dinámico para la gastronomía portuguesa. Oporto vive desde hace años una consolidación culinaria sostenida, con una escena gastronómica que ha ido ganando densidad, sofisticación y personalidad propia, aunque sin desprenderse de su relación íntima con el producto local y el Atlántico.
El cocinero evita entrar en comparaciones competitivas con Lisboa —“van a la par”, señala—, pero sí percibe un país en plena efervescencia gastronómica, con “grandes cocineros y gran nivel de producto”.
No es el único chef español que ha puesto el foco en Portugal. En los últimos años, distintos nombres de la cocina nacional han encontrado allí una oportunidad para expandirse, reinterpretar territorio o dialogar con nuevas escenas culinarias. El último en hacerlo fue Nacho Manzano el año pasado con su llegada al Hotel Tivoli Kopke.
El proyecto portugués llega en un momento de estabilidad para el cocinero, que mantiene activos sus negocios en Madrid mientras consolida otros destinos fuera de la capital, como Formentera o Colombia. En el caso balear, Freixa acaba de reforzar recientemente su presencia en la isla con una propuesta renovada, concebida también desde una lógica de largo recorrido y confianza entre socios.
Sin embargo, Oporto parece ocupar un lugar distinto en el mapa emocional y creativo del chef. Quizá porque implica empezar casi desde cero, construir un restaurante desde obra, diseñar un relato culinario nuevo y enfrentarse al desafío de cocinar un territorio ajeno.