Ramón Sáez, quinta generación al frente de La Peseta.

Ramón Sáez, quinta generación al frente de La Peseta.

Restaurantes

El restaurante centenario de Astorga, perfecto para un alto en el Camino, donde se servía Cocido Maragato por una peseta

La Peseta es uno de los establecimientos centenarios de Astorga, con alojamiento, donde hoy la quinta generación sigue homenajeando la gastronomía tradicional local.

Más información: Es cero turístico, pero se come de maravilla en este pueblo de menos de 100 habitantes: "Recordaré su cocido siempre"

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En los tiempos que corren y con las cuentas que se pagan pocos recordarán cuando se comía por una peseta. Así ocurría en el establecimiento más reconocido de Astorga en funcionamiento desde 1871 y que a día se mantiene a flote gracias a Ramón Sáez, quinta generación de una de las sagas hosteleras más queridas de la ciudad leonesa.

Empezó como casa de comidas, y después como hospedaje. "Mi abuela estuvo ahí toda su vida, lo heredó de sus padres y estuvo al frente hasta 1981. En este edificio llevamos 40 años" cuenta Sáez.

Recuerda que el establecimiento, que ha tenido diferentes ubicaciones y nombres, el primero "Hijos de Leonardo Alegre, venta de comidas al pormayor". Después pasó a llamarse como se le conoce ahora, "el nombre de La Peseta se lo puso la abuela, porque servían comidas a una peseta".

Recuerdos de La Peseta con Irene, la abuela de Jorge Sáez, en la cocina.

Recuerdos de La Peseta con Irene, la abuela de Jorge Sáez, en la cocina.

Su origen humilde está en una tienda de comestibles y bebidas abierta por Vicente Alegre y Mª Teresa Olandía en el número 6 de la calle Señor Ovalle. Poco tardaría aquel pequeño ultramarinos en transformarse en casa de comidas y, más tarde, también en hospedaje improvisado para los viajeros que transitaban la antigua carretera de Madrid a A Coruña.

Porque antes de que existieran los hoteles funcionales y las apps de reserva, estaban estos lugares: puertas abiertas de noche, llaves colgando por fuera y viajantes que llegaban de madrugada buscando plato caliente y cama. Astorga era entonces, como ahora, ciudad de tránsito.

El restaurante y hotel La Peseta, desde la Plaza de San Bartolomé.

El restaurante y hotel La Peseta, desde la Plaza de San Bartolomé.

Cinco generaciones en una casa de comidas centenaria

Desde entonces, cinco generaciones de la misma familia han mantenido viva esta casa que ya ha entrado en su tercer siglo de existencia, integrándose además en el exclusivo círculo de restaurantes centenarios reconocidos por la Cámara de Comercio, como otros premios que exhiben sus paredes.

Uno de los comedores de La Peseta.

Uno de los comedores de La Peseta.

En aquellos primeros años no había carta ni proveedores a golpe de teléfono. Se cocinaba con lo que había. Y con eso —recuerdan los descendientes— la abuela era capaz de hacer maravillas. "Hoy en día tenemos de todo. Llamo a José (Gordón, de El Capricho) y en nada tengo una buena chuleta" comenta Sáez.

El Cocido Maragato, cuya receta documentada se remonta a mediados del siglo XIX, no se servía a diario: "se preparaba una vez por semana. Y ese día era una fiesta".

Hoy sigue siendo el gran reclamo para peregrinos, viajeros y gastrónomos que hacen alto en Astorga. Los fines de semana pueden salir hasta 80 cocidos por servicio, en un ritual que mantiene el servicio tradicional por vuelcos: primero las carnes, después las verduras y garbanzos, y finalmente la sopa.

A su lado han sobrevivido otros platos históricos como el congrio o el pulpo a la gallega, testigos de una cocina de subsistencia convertida con el tiempo en patrimonio.

Jorge Sáez con algunos de los muchos reconocimientos y recuerdos de La Peseta.

Jorge Sáez con algunos de los muchos reconocimientos y recuerdos de La Peseta.

"Hubo épocas, como la de la trucha, que se servía mucho pero su comercio cambió y con ella su venta" cuenta Sáez, que recomienda siempre probar sus gambas con boletus, con la reducción de la cabeza de las gambas.

Las gambas con boletus que preparan en La Peseta.

Las gambas con boletus que preparan en La Peseta.

Como casa de comidas que es, borda la cocina tradicional y con ella sopas y cremas, como la reconfortante sopa de cocido, perfecto para entrar en calor tras un paseo por el casco antiguo de la ciudad. Para quitarse el sombrero también está la sopa cremosa de pescado y nécoras.

La sopa cremosa de pescado y nécoras y la sopa de cocido de La Peseta.

La sopa cremosa de pescado y nécoras y la sopa de cocido de La Peseta.

Comer donde comen ministros y vecinos

Por sus mesas han pasado ministros, cronistas oficiales de la ciudad e incluso algún presidente que tuvo que esperar turno entre la clientela.

Pero quizá el verdadero lujo de La Peseta no esté en esas anécdotas, sino en la rutina: parejas jubiladas del barrio que suben cada día, peregrinos con polvo en las botas o familias que repiten generación tras generación. Porque en el fondo, este restaurante sigue siendo lo que fue, una casa abierta al camino.