El proceso de elaboración de la sidra en Quinta da Moscadinha.

El proceso de elaboración de la sidra en Quinta da Moscadinha.

Reportajes gastronómicos

La sidra de Madeira envejecida en barricas de vino de casi 100 años, entre las mejores del mundo

Márcio Nóbrega, al frente de Quinta da Moscadinha, impulsor de la sidra en la isla, hace un trabajo excepcional con fortificadas y espumosas.

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En Madeira, desde hace siglos, es elvino fortificado el que ha dictado el relato gastronómico, ese que ha recorrido el mundo con ellos como embajadores de esta isla portuguesa orgullosos de lo que significan.

Sin intención ninguna, la uva que se cultiva en las empinadas y escarpadas laderas de esta isla volcánica ha acabado eclipsando a otra fruta que no lo ha tenido tan fácil para abrirse paso y, ni mucho menos, alcanzar el reconocimiento que se ha alcanzado con los vinos.

Madeira cuenta con hasta 45 tipos distintos de manzana autóctona y, desde 2023, la sidra que se elabora con ellas está inscrita como Indicación Geográfica Protegida (IGP).

"Si no haces vino con malas uvas, ¿por qué hacer sidra con malas manzanas?", se cuestionaba el madeirense Márcio Nóbrega, al frente de Quinta da Moscadinha, empeñado en sacar de esta fruta todo el rendimiento y valor que ha conseguido el vino.

Y, precisamente, ha sido el empeño el que ha llevado a este impulsor de la sidra a alcanzar el reconocimiento internacional, mientras que va redefiniendo los límites entre tradición e innovación.

Márcio Nóbrega, al frente de Quinta da Moscadinha.

Márcio Nóbrega, al frente de Quinta da Moscadinha.

Su enfoque rompe con décadas de costumbre en la isla, donde la sidra era un subproducto, elaborada con fruta descartada. Formado en biología, química y tecnología, Nóbrega decidió aplicar criterios enológicos rigurosos a la sidra.

Todo comienza por la selección de variedades, seguido de fermentaciones largas y controladas, y una obsesión por la acidez natural. “Mis sidras necesitan tres meses de fermentación, no tres semanas como el vino. Trabajo a baja temperatura para evitar la oxidación y extraer más carácter”, explica.

Una tradición olvidada y prohibida

El relato de Nóbrega también es una reivindicación histórica. “En Madeira se producía vino de manzana desde hace siglos, pero nadie lo cuenta”, lamenta. Según relata, la prohibición de los años 50 no solo cambió el nombre del producto, sino que alteró el paisaje agrícola: “El gobierno pagó a los agricultores para cortar manzanos y proteger los viñedos”.

Lejos de desaparecer, la tradición sobrevivió en la sombra gracias a la picaresca portuguesa, "dejamos de llamarlo vino de manzana y pasó a ser sidra. Era lo mismo, pero con otro nombre”.

Márcio Nóbrega, al frente de Quinta da Moscadinha.

Márcio Nóbrega, al frente de Quinta da Moscadinha.

Durante años, parte de su trabajo se desarrolló al margen de la legalidad, especialmente en lo relativo a la sidra fortificada. “En 2001 encontré a un hombre de 90 años que me contó que antes, cuando faltaban uvas, se mezclaba manzana y vino. Era un secreto”, recuerda.

A pesar de que le advirtieron de la ilegalidad que conllevaba esa práctica, Nóbrega no se lo pensó, "hice dos barricas y las guardé en secreto hasta 2023”. Cuando finalmente presentó el producto a las autoridades, "me dijeron que podía perder la licencia”.

El catálogo de sidras que trabaja Márcio Nóbrega, al frente de Quinta da Moscadinha

El catálogo de sidras que trabaja Márcio Nóbrega, al frente de Quinta da Moscadinha

Pero quien la sigue, la consigue, “les dije: o lo hacemos juntos o lo hago fuera de Portugal y finalmente cambiaron la ley”. Hoy, la sidra fortificada está permitida en Madeira, con límites claros: “El alcohol no puede superar el 14%, porque el vino de Madeira empieza en 15. Y el azúcar también está controlado”.

Barricas de 1940 para envejecer sidra

Alguien inteligente sabe que de la unión nace la fuerza y no era ninguna tontería potenciar lo mejor de los dos mundos para conseguir un resultado final excepcional. Si algo convierte su proyecto en singular es la experimentación con la que juega Nóbrega, envejeciendo la sidra en viejas barricas donde antes ha envejecido vino.

“Tengo barricas de vino de Madeira de 1940. Vacío el vino y meto la sidra dentro durante un año”, explica. El proceso, poco habitual incluso en el mundo del vino, dota a la sidra de una profundidad aromática extraordinaria.

“Gana notas de frutos secos, albaricoque, incluso ese toque de pólvora tan típico del Madeira. Es una complejidad que no puedes conseguir de otra manera”, añade.

El etiquetado de las botellas de sidra de Quinta da Moscadinha

El etiquetado de las botellas de sidra de Quinta da Moscadinha

Para la espumosa, la sidra pasa por una segunda fermentación en botella siguiendo el método tradicional del champán. “Todas mis sidras son espumosas o fortificadas. No hago sidra tranquila. En Madeira necesitamos algo más gastronómico, más expresivo”, cuenta Nóbrega sobre sus sidras.

Una sidra para la alta cocina

El impacto ha sido rápido. “Lo más importante que he conseguido es que la sidra entre en las cartas de vino”, afirma. Restaurantes de la isla y del continente portugués ya la ofrecen como alternativa gastronómica.

Algo tan singular no podía pasar desapercibido a la atención de chefs como el asturiano Nacho Manzano, de visita en la isla para la celebración de la Gala Michelin de Portugal 2026 a la que se ha sumado el restaurante que dirige en el Hotel Tivoli Kopke en Oporto.

Sus cifras reflejan ese cambio: de 2.000 botellas en sus inicios a 50.000 en la actualidad. Y los premios —más de veinte reconocimientos internacionales— confirman su éxito. De todo su palmarés, tiene especial importancia el oro que ganó su sidra fortificada en los World Cider Awards.

Sidra envejecida en barricas de vino de Madeira, un oro en los World Cider Awards

Sidra envejecida en barricas de vino de Madeira, un oro en los World Cider Awards

Sin embargo, Nóbrega insiste en que su objetivo va más allá del éxito comercial: “Solo el 40% de la gente bebe vino. Yo no quiero que todos beban vino. Quiero ofrecer otra opción”.

En su discurso conviven orgullo y desafío. “En una isla tienes que sobrevivir. Nadie nos ve, así que hacemos lo necesario”, dice entre risas. Pero detrás de esa frase está el esfuerzo por recuperar una tradición olvidada y llevarla a un nivel de excelencia inesperado.