Fray Ángel en un montaje de El Español iStock
Fray Ángel, fraile cocinero: "Para unos tomates aliñados perfectos, pon primero la sal y añade agua con hielo al final"
Ni ensalada ni gazpacho, sino lo mejor de ambos mundos en una receta ligera y la mar de refrescante para las olas de calor.
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- Total: 10 min
- Comensales: 4
Cuando aprieta el calor, la recomendación de beber para estar bien hidratados se repite casi como un mantra. Pero el agua no solo se bebe, pues buena parte de lo que nos hidrata llega a través de lo que ponemos en el plato.
Frutas y verduras de temporada, con porcentajes de agua que superan el 90 %, son un vehículo de hidratación tan eficaz como cualquier bebida, con la ventaja añadida de aportar minerales, fibra y vitaminas. Y que están mucho más ricas que un triste vaso de agua del grifo.
Un ejemplo maravilloso es esta propuesta de Fray Ángel Ramón, una ensalada de tomate y pepino que es algo así como un gazpacho que se mastica. Un plato pensado para los días en los que el termómetro no da tregua.
Fray Ángel: el triunfo de la cocina de siempre
Fray Ángel es el fraile franciscano encargado de la cocina del Convento de Santo Espíritu, en Gilet (Valencia).
Se ha hecho famoso porque cada lunes publica una receta en el canal de YouTube Franciscanos Santo Espíritu del Monte Hospedería, un espacio donde ya cuenta con 417.000 suscriptores gracias a sus entrañables vídeos y a su particular filosofía de vida.
Su propuesta gastronómica se puede resumir en una palabra: sencillez, pues lo suyo es hacer mucho con poco.
Frente a la cocina de gran despliegue técnico, Fray Ángel reivindica los platos de siempre, los que se hacían en las casas con lo que había en la huerta.
El secreto de su éxito está precisamente ahí, en que no vende recetas imposibles, sino un modo de cocinar accesible para cualquiera, acompañado de un relato cercano que, a juzgar por los comentarios tan cariñosos que recibe, conecta con la memoria de quienes lo escuchan.
La receta perfecta para las olas de calor
De esa manera de entender la cocina nace esta sencilla ensalada -aprendida de su padre-, en la que ni siquiera hay que preocuparse mucho por las cantidades, porque incluso si te pasas con la sal, se puede corregir después.
Porque el único truco, si es que así se le puede llamar, es que una vez que los tomates y los pepinos están convenientemente aliñados, el fraile añade agua con unos cubitos de hielo.
El resultado es como un gazpacho sin triturar, una ensalada para comer con cuchara que podría considerarse una versión sencilla del cojondongo de gañán típico de Extremadura o del cascaflote típico de Marmolejo en Jaén.
Desde el punto de vista nutricional, estamos ante un plato especialmente ligero y saludable, ideal para el verano. El tomate y el pepino aportan una gran cantidad de agua, que la convierten en una receta muy hidratante y de bajo aporte calórico.
El pepino suma fibra y el tomate contribuye con licopeno, el pigmento responsable de su color rojo y un antioxidante que se absorbe mejor cuando el tomate se cocina o se aliña con aceite de oliva, así como vitamina C, provitamina A, vitaminas del grupo B y potasio.
Ingredientes
Ingredientes
- Tomate maduro, 3 ud
- Pepino, 3 ud
- Aceite de oliva virgen extra, al gusto
- Vinagre, al gusto, algo menos que el aceite
- Orégano seco, 1 pizca
- Sal, al gusto
- Agua muy fría, 1 vaso
- Cubitos de hielo, 3 o 4 ud
Paso 1
Retiramos el pedúnculo de los tomates y los troceamos en daditos pequeños.
Paso 2
Retiramos las puntas de los pepinos que son más amargas, los pelamos si no nos gusta la piel y los cortamos también en dados.
Paso 3
Colocamos el tomate y el pepino en una fuente honda y los salamos al gusto.
Paso 4
Aliñamos con el aceite de oliva virgen extra y el vinagre, este último en algo menor cantidad.
Paso 5
Espolvoreamos el orégano por encima y removemos.
Paso 6
Añadimos el vaso de agua muy fría y los cubitos de hielo justo antes de servir.
Paso 7
Probamos y rectificamos de sal, aceite o vinagre según nos guste.
El tomate: el oro rojo que llegó de los Andes
El tomate procede de Sudamérica, donde crecía en estado silvestre, y fue en Mesoamérica donde las culturas prehispánicas comenzaron a cultivarlo y consumirlo.
Llegó a España en el siglo XVI, tras la conquista de América, y durante décadas, por desconocimiento y desconfianza, se cultivó más como planta ornamental que como alimento.
España fue también una de las puertas de entrada del tomate al continente y, con el tiempo, uno de los países que mejor lo integró en su cocina.
Hoy el tomate es un pilar de la dieta mediterránea y uno de los productos hortícolas de mayor consumo en los hogares españoles.
La oferta abarca desde variedades tradicionales muy apreciadas, como el corazón de buey, el tomate rosa de Barbastro, el de Montserrat o los tomates de pera para conserva, hasta variedades más recientes y comerciales como el kumato o los distintos tomates cherry y rama, seleccionados por su durabilidad y su dulzor.
En la cocina su versatilidad es casi ilimitada, ya que se puede comer crudo en ensalada, se puede usar como base de sofritos, salsas y gazpachos, se puede asar, se puede secar al sol y es perfecto para elaborar conservas.