El cocinero Marc Balló y unos huevos tontos

El cocinero Marc Balló y unos huevos tontos Zolotaosen iStock

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Marc, cocinero: "Las 'croquetas' más fáciles no llevan bechamel ni pan rallado, sino 2 huevos y 4 rebanadas de pan de molde"

Para esas veces en las que te entra tal antojo de croquetas que querrías que te cayeran del cielo existen estos "huevos tontos".

Más información: Huevos tontos, la receta de croquetas fáciles típica de Aragón lista en 15 minutos

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En el recetario clásico español se encuentran platos que, por humildes o por antiguos, se han ido quedando en el olvido.

Es una pena, porque muchas de ellas siguen resolviendo comidas y cenas con cuatro cosas que casi siempre tenemos en casa.

Los huevos tontos son una de esas joyas escondidas que no puede ser más deliciosa.

Se trata de unos bocados tiernos y crujientes, a medio camino entre el nugget y la croqueta, que se prepara en un suspiro y que resulta perfecto para dar salida a esas rebanadas de pan de molde que llevan días olvidadas en el paquete y que ya nadie quiere comerse.

Una receta que no ha pasado de moda

Marc Balló, cocinero barcelonés conocido en redes por sus perfiles @lacucharallena y @ma_petite_bouchee, ha recuperado la receta y no ha dudado en compartirla con sus seguidores en una de sus cuentas de Instagram.

Explica que los huevos tontos son un plato de aprovechamiento "superhumilde y delicioso" que pertenece a la tradición española del reciclaje del pan duro y es cierto que, para prepararlos, no se necesita mucho más.

Por comodidad, Marc Balló la prepara con pan de molde, pero, como decimos, es una receta que tradicionalmente se hacía con el pan duro que sobraba, así que, si lo que tienes a mano es un trozo de pan de barra, solo tienes que cortarlo en trozos pequeños y remojarlo en leche. Si está muy duro, es posible que necesites algo más de leche para hidratarlo bien.

¿Por qué se llaman huevos tontos?

El apodo "tontos" no tiene nada de despectivo en este caso, pues hace referencia a lo absurdamente fácil que resulta prepararlos. Tan sencillos son que hasta un cocinero sin experiencia puede sacarlos adelante sin mayor dificultad.

En algunas zonas, especialmente en Aragón y, concretamente, en la provincia de Teruel, también se los conoce como engañamaridos , porque su aspecto recuerda al de una croqueta o una albóndiga de carne sin serlo.

Para que luego digan que los trampantojos son solo cosa de restaurantes caros.

Y no son la única preparación en el recetario español que busca aprovechar el pan seco mezclándolo con huevo y friéndolo. En Extremadura existen los repápalos, unas albóndigas de pan que se fríen y se terminan de cocinar en una salsa tan sabrosa que nadie echa de menos la carne.

¿Cómo freír los huevos tontos para que queden crujientes?

El aceite tiene que estar bien caliente, alrededor de 170-180 ºC. Lo ideal es no echar demasiadas piezas a la vez para que la temperatura no baje de golpe, porque si baja, absorben grasa y no es lo que queremos.

Tradicionalmente se servían como aperitivo, como acompañamiento de guisos de cuchara e incluso dentro de sopas y caldos, para hacerlos más saciantes sin necesidad de añadir carne ni pasta.

Cómo hacer huevos tontos

Ingredientes

  • Pan de molde, 4-5 rebanadas
  • Huevos M, 2 ud
  • Leche, 60 ml
  • Ajo, 2 dientes
  • Perejil fresco, 4 tallos
  • Sal, al gusto
  • Pimienta negra molida, al gusto
  • Aceite de oliva suave, cantidad necesaria para freír

Paso 1

Desmigamos las rebanadas de pan de molde en un bol y añadimos las cuatro cucharadas de leche. Aplastamos con un tenedor hasta conseguir una pasta homogénea.

Paso 2

Batimos los huevos e incorporamos al bol junto con el ajo y el perejil picados muy finos.

Paso 3

Salpimentamos y removemos bien hasta obtener una masa compacta y manejable. Si queda demasiado húmeda, añadimos un poco más de pan desmigado.

Paso 4

Con la ayuda de dos cucharas o con las manos ligeramente húmedas, formamos porciones con forma de croqueta o quenelle.

Paso 5

Calentamos abundante aceite en una sartén o en un cazo hondo hasta que alcance unos 170-180 ºC.

Paso 6

Freímos los huevos tontos en tandas pequeñas, dándoles la vuelta con cuidado, hasta que estén dorados y crujientes por todas partes.

Paso 7

Retiramos y dejamos escurrir sobre papel absorbente o una rejilla. Servimos calientes.

El pan como ingrediente para aprovechar hasta la última miga

La cultura del aprovechamiento del pan es una de las señas de identidad de la gastronomía española.

De hecho, hay una costumbre que los abuelos españoles transmitieron durante generaciones: cuando un trozo de pan caía al suelo, había que recogerlo y darle un beso antes de dejarlo de nuevo sobre la mesa.

Aunque también se asocia a motivos religiosos, era una muestra de respeto en un país donde el pan ha sido durante siglos la base de la alimentación, donde cada miga tenía un valor casi sagrado, y tirarlo era impensable.

Almudena Grandes tituló precisamente así, Los besos en el pan (Tusquets, 2015), su novela coral sobre los estragos de la crisis económica en un barrio de Madrid.

En ella, los personajes acaban por entender por qué sus abuelos les enseñaron de niños a besar el pan, porque venían de una época en la que no sobraba nada y se aprovechaba todo, hasta la corteza más dura.

De esa filosofía del no desperdicio nació un repertorio entero de recetas que hoy consideramos clásicas como las migas, las torrijas, el gazpacho, el salmorejo, las sopas de ajo o estos huevos tontos.