La cocinera Nuria Garrido en un montaje de El Español

La cocinera Nuria Garrido en un montaje de El Español Al Gonzalez / @nuriagaro iStock / Instagram

Recetas

Nuria, cocinera: "La cena más elegante del verano no lleva lechuga ni atún, sino 2 patatas cocidas y 1 lata de mejillones"

El truco está en aprovechar el escabeche de la lata para hacer una salsa deliciosa.

Más información: Ainara, cocinera: "La ensaladilla rusa más rica no lleva bonito ni atún, sino 2 puñados de gambas y 2 huevos duros"

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¿Te cansa comer siempre la misma ensaladilla rusa? Pues déjame decirte que en el mundo de las ensaladas de patata hay mucha vida más allá de la heredera de Lucien Olivier.

La cocinera Nuria Garrido, conocida en Instagram como @nuriagaro, ha compartido en dicha red social una sencilla receta que solo necesita patata cocida, mayonesa y mejillones en conserva para resolver una comida de verano en pocos minutos.

Ni la ensaladilla de patata, atún y zanahoria, ni la ensalada triste de lechuga y tomate, aquí el truco está en aprovechar el propio escabeche de la lata de mejillones para convertirlo en una sabrosa salsa.

La cocinera la ha bautizado como timbal de patata con mejillones y recuerda en aspecto a las famosas causas limeñas, unas ensaladas de patata típicas de Perú que en España deberíamos tener más presentes.

El truco: una mayonesa enriquecida

El secreto de esta receta es un paso que dura apenas treinta segundos. En lugar de escurrir la lata de mejillones y tirar el líquido por el fregadero, lo separamos en un vaso y lo emulsionamos con un poco de mayonesa.

El resultado es una salsa con la acidez del vinagre y los aromas del pimentón y el laurel que trae la conserva, mucho más fluida y menos pesada que la mayonesa sola.

La propia cocinera insiste en que esa salsa sobrante no se tire porque también funciona genial como acompañamiento de unas patatas fritas. Es, en el fondo, un ejercicio de aprovechamiento, porque el líquido de las conservas concentra buena parte del sabor del producto y suele acabar en el desagüe.

La vuelta al mundo de la ensalada de patatas

Mezclar un con otros para hacer un plato más sabroso es algo que se les pudo ocurrir a muchos cocineros, por eso es un plato que está presente en la cocina de muchos países.

En Alemania, el Kartoffelsalat se divide en dos escuelas irreconciliables: la del norte, con mayonesa y a veces manzana o pepinillo, y la del sur, especialmente en Baviera y Suabia, donde la patata templada se aliña con caldo caliente, vinagre, cebolla y aceite, sin huevo en ninguna forma.

En Estados Unidos, la potato salad de las barbacoas suele llevar mostaza amarilla, apio, huevo duro y encurtidos, y es plato obligatorio en los picnics del 4 de julio.

Francia conserva la salade de pommes de terre en su versión más sobria, con vinagreta, chalota y hierbas frescas.

Más al este, la Olivier rusa suele citarse como antecesora de nuestra ensaladilla, aunque la versión que hoy se prepara tiene poco que ver con la original.

La que Lucien Olivier servía en el restaurante Hermitage de Moscú en la década de 1860 era un plato de lujo, con urogallo, lengua de ternera, colas de cangrejo de río, alcaparras y caviar, y la patata aparecía como simple guarnición.

Fue la escasez del siglo XX la que invirtió la proporción y dejó la fórmula que hoy se conoce, con patata, zanahoria, guisantes, huevo, embutido o pollo y el pepinillo en vinagre que sigue siendo su seña de identidad.

En Japón, la potesara se caracteriza por un machacado irregular de la patata y por el uso de mayonesa Kewpie, más intensa y untuosa por elaborarse solo con yemas.

Suecia acompaña sus ensaladas de patata con arenques marinados y eneldo; Corea del Sur endulza la suya con manzana y maíz.

Y en Perú, la causa limeña lleva la idea a su versión, si cabe, más elegante, con la patata prensada con ají amarillo y lima, montada en capas con un relleno al estilo de la que prepara Nuria Garrido en la receta de hoy.