Ermita del Humilladero en Mogarraz Wikimedia Commons
El pueblo español ideal para recorrerlo a pie y comer un entrecot de lujo: del siglo XIII y Conjunto Histórico-Artístico
Un bonito pueblo para hacer una escapada corta desde Madrid o para una bonita parada en una ruta más larga por España.
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A unas tres horas en coche desde Madrid, escondido entre los bosques de castaños y robles de la Sierra de Francia, hay un pueblo salmantino en el que parece que el tiempo se detuvo en la época de los juglares.
Se llama Mogarraz, no llega a los 300 habitantes y es, probablemente, la escapada de fin de semana más completa que puedes hacer si buscas disfrutar de la naturaleza, patrimonio histórico bien conservado y una mesa donde dejarte conquistar por las mejores tradiciones gastronómicas de la meseta.
La villa, que fue declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1998, forma parte de la red de los Pueblos Más Bonitos de España. Sus orígenes se remontan a finales del siglo XII y comienzos del XIII, cuando la zona fue repoblada por colonos franceses que llegaron siguiendo las políticas repobladoras impulsadas por los reyes de León y por Raimundo de Borgoña, de ahí el topónimo Sierra de Francia.
Ocho siglos después, lo que encontrarás al pasear por sus calles empedradas es un entramado de casas serranas construidas en piedra, adobe y madera, con fachadas que alcanzan hasta cuatro pisos y que guardan una sorpresa única: más de 400 retratos pintados sobre chapa metálica por el artista Florencio Maíllo, que convierten a Mogarraz en un museo al aire libre sin parangón en España.
Qué comer en Mogarraz
En Mogarraz la cocina se nutre de la sierra, es honesta, contundente y sin artificios. Son tradicionales las patatas meneás, los embutidos ibéricos de la zona, el cabrito lechal, las carrilleras de cerdo ibérico, los guisos de legumbres y las carnes de ternera morucha, una raza autóctona salmantina de sabor intenso y textura inigualable.
También el limón serrano, las sopas serranas, los revueltos de setas de temporada y los vinos de la D.O. Sierra de Salamanca, elaborados con la uva rufete autóctona. Para el postre, dulces caseros y licores de la tierra que en algunos locales suelen llegar por cortesía de la casa.
Dónde comer en Mogarraz
En un pueblo con tanta tradición gastronómica hay varias opciones, pero destaca con luz propia el Restaurante Mirasierra, un negocio familiar fundado en 1974 que ya va por su tercera generación.
Está situado en la calle Miguel Ángel Maíllo, a la salida del casco antiguo, y sus grandes cristaleras ofrecen unas vistas espectaculares de la sierra. Lo suyo es la cocina tradicional de toda la vida, la de las madres y las abuelas, con las brasas como grandes protagonistas: las carnes se disponen en asadores sobre leña de roble con sal gorda como único ingrediente.
El solomillo (29 €), la chuleta (42 €/kg) y el entrecot (25 €) de ternera morucha son algunas de sus especialidades, pero el jarrete de cabrito confitado durante 18 horas (28 €) también es para no perdérselo.
Reconocido en la Guía Michelin y en la Guía Repsol, ofrece una relación calidad-precio que cuesta encontrar hoy en día. Imprescindible reservar.
Pinturas de Florencio Maíllo en Mogarraz Wikimedia Commons
Qué ver en Mogarraz: una ruta a pie para un día completo
Mogarraz y su entorno se prestan a una jornada de ocio disfrutando del pueblo y la naturaleza que lo rodea sin necesidad de coger el coche.
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Comienza en la Ermita del Humilladero, del siglo XIII, a la entrada del pueblo, y descubre su calvario y su fuente.
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Sube por la calle principal y piérdete entre las callejuelas admirando los retratos de Retrata2-388 en las fachadas.
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Haz una parada en la Plaza Mayor y observa los cruceros, los escudos nobiliarios y los dinteles con grabados religiosos.
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Visita la Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, del siglo XVI, con su planta de cruz latina y su altar barroco.
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Entra en la Casa de las Artesanías, el museo etnográfico donde descubrirás los bordados, la orfebrería y los trabajos en cuero de la sierra.
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Haz un pequeño descanso para reponer fuerzas en alguna bodega para probar los vinos de uva rufete.
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Después de comer, emprende el Camino del Agua, una ruta circular señalizada de unos 7 kilómetros que baja hasta el valle del río Milanos, cruza puentes de piedra y pasa por Monforte de la Sierra, salpicada de instalaciones artísticas entre bosques de castaños centenarios.
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De vuelta en Mogarraz, asómate al mirador de la Cruz de Mingo Molino para despedir el día con una panorámica completa de la Sierra de Francia.
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Si te quedas todo el fin de semana, al día siguiente acércate a La Alberca (a 7 km), a Miranda del Castañar o al Parque Natural de las Batuecas para completar la escapada.