La concejal de Turismo de Alicante, Ana Poquet, con los chefs alicantinos y madrileños en el restaurante Alabaster de Madrid
Del arroz al fondillón: Alicante marida su cocina con Alabaster en una cita de excelencia culinaria en Madrid
Un menú de seis tiempos firmado a cuatro manos y completado con vinos de la provincia convierte la presentación en una declaración de identidad culinaria.
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Alicante trajo ayer a Madrid algo más que una presentación formal de su oferta gastronómica para este ejercicio. Exportó a Madrid una cocina con discurso, una identidad gastronómica reconocible y una voluntad clara de seguir ocupando espacio en la conversación culinaria nacional. La cita, celebrada en el restaurante Alabaster, sirvió para poner en escena la estrategia de la ciudad como destino turístico gastronómico en 2026, pero también para demostrar que su relato se sostiene mejor cuando se cuenta desde la mesa.
Se trataba de un maridaje entre la despensa alicantina y la cocina de Antonio Hernando, chef del conocido restaurante madrileño, que cedió y compartió protagonismo con varios cocineros de la provincia en un menú coral, pensado para hablar de territorio y oficio. Pero sobre todo, de producto, que hay mucho y bueno en tierras alicantinas.
El punto de partida no podía ser más elocuente. La secuencia gastronómica abrió con entrantes que ya adelantaban el tono del almuerzo: croqueta de cigala del Mediterráneo, brioche de sardina ahumada con queso crema y zamburiña curada en agua de mar con vinagreta de estragón. Platos que trabajan una idea muy concreta de modernidad: técnica afinada, sabor reconocible y un acercamiento elegante al mar sin renunciar a la intensidad.
En ese aperitivo, que hizo las delicias de reconocidos chefs que oficiaron de comensales como María José San Román (Monastrell), Samantha Vallejo-Nájera o María Luisa Rivera (La Sastrería), ya se percibía el propósito de la jornada. No era solo invitar a comer, sino mostrar cómo Alicante puede presentarse en Madrid con una cocina sofisticada sin perder sus anclajes más territoriales.
Los entrantes listos para servir.
La participación de Antonio Hernando, chef de Alabaster, fue especialmente significativa porque no se limitó a ejercer de anfitrión. Hernando asumió el papel de interlocutor culinario, aportando dos pases del menú y ayudando a construir una continuidad entre su casa y la cocina alicantina.
Su gazpachuelo de gamba blanca de la bahía, servido como primer pase, encajó con naturalidad en un repertorio en el que el Mediterráneo actuaba como fondo de sabor. Más adelante, su espárrago blanco sobre crema de ajoblanco y reducción de aceituna Kalamata reafirmó esa lectura contemporánea de la tradición: producto de temporada, referencias andaluzas y mediterráneas, y una voluntad de pulir la receta hasta llevarla al terreno de la alta restauración.
El corazón alicantino del menú, sin embargo, llegó de la mano de tres cocineros que ayudaron a dibujar un mapa bastante completo de la provincia. Ernesto Frutos, de Alma Cocina Viajera, firmó un gazpachuelo de gamba blanca de la bahía que conectó con la gran despensa marinera de Alicante, una de las señas de identidad más reconocibles de su cocina.
Perretxicos, frutos secos y consomé de caza con fondillón de Alicante.
Juanlu Parra, de Koiné, apostó por perretxikos, frutos secos y consomé de caza con fondillón de Alicante, una combinación que une monte, fondo y memoria líquida en una sola elaboración.
Y Óscar Cerdá, de Gastrobar Jorge, cerró la parte salada con un arroz seco de rape, sepia y gambas, probablemente el plato que mejor resume el ADN gastronómico de la ciudad de Alicante: el arroz como lenguaje común, como costumbre y como emblema de destino.
Óscar Cerdá y su arroz seco de rape, sepia y gambas.
El cierre dulce mantuvo el mismo hilo conductor. El coulant de avellana con helado de turrón de Jijona no fue solo un postre de remate amable, sino una forma de conectar la tradición repostera de la provincia con una lectura contemporánea y sobria. Y la bodega, con vinos de Gutiérrez de la Vega, Parcent y Alicante, completó el relato con un blanco de merseguera y moscatel, un tinto de giro y un dulce de cosecha miel, subrayando la idea de una gastronomía que no se entiende sin su paisaje vitivinícola.
La concejal de Turismo de Alicante, Ana Poquet, junto a Samantha Vallejo-Nájera.
En la parte institucional, la concejal de Turismo de Alicante, Ana Poquet, defendió que Alicante no quiere vivir solo del recuerdo de su año como Capital Española de la Gastronomía, sino convertir aquel impulso en una línea de trabajo sostenida. La concejala situó la gastronomía como uno de los grandes vectores de atracción de la ciudad, junto a otros recursos culturales y turísticos, y recordó el peso que Madrid tiene como mercado emisor, con más de 280.000 visitantes en 2025.
Alicante ha ido a Madrid de la mano de Esatur a explicarse a través de sus platos, sus sabores y sus productos, y salió reforzada porque lo ha hecho desde la mesa, que es donde mejor se cuentan las ciudades que tienen algo que ofrecer.