El doctor e investigador Borja Ibáñez.

El doctor e investigador Borja Ibáñez.

Salud

Revolución del tratamiento del infarto: los betabloqueantes ya no son necesarios para hasta un millón de pacientes cardíacos

Durante más de cuarenta años, estos fármacos han formado parte automática del tratamiento tras un infarto, independientemente del estado del corazón.

Más información: Doctor Íñiguez, el sabio del corazón: "Estamos viendo cada vez más jóvenes con infartos o casos de muerte súbita"

J.A. Gómez
Publicada

Durante más de cuatro décadas, los betabloqueantes han formado parte automática del tratamiento tras un infarto. Independientemente de cómo hubiera quedado el corazón, los pacientes salían del hospital con este tipo de fármacos como parte del tratamiento de por vida.

Sin embargo, un amplio estudio internacional coordinado por el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) acaba de confirmar que esta pauta ya no es necesaria para una gran parte de los pacientes.

El trabajo ha analizado los datos individuales de 17.801 personas que habían sufrido un infarto agudo de miocardio, pero cuya función cardiaca se mantenía dentro de la normalidad.

En términos médicos, se trata de pacientes con una fracción de eyección igual o superior al 50%, lo que significa que el corazón sigue bombeando la sangre de forma adecuada tras el episodio.

El estudio reúne información procedente de cinco grandes ensayos clínicos realizados en distintos países: REBOOT (España e Italia), REDUCE-AMI (Suecia), BETAMI (Noruega), DANBLOCK (Dinamarca) y CAPITAL-RCT (Japón).

Los resultados se publican en The New England Journal of Medicine y se han presentado en el congreso de la American Heart Association celebrado en Nueva Orleans.

En el análisis, aproximadamente la mitad de los pacientes recibió betabloqueantes tras el infarto, mientras que la otra mitad no los tomó.

Tras un seguimiento cercano a los cuatro años, alrededor del 8% sufrió algún evento cardiovascular importante, como la muerte, un nuevo infarto o la aparición de insuficiencia cardíaca.

Ese porcentaje fue prácticamente idéntico en ambos grupos, lo que indica que los betabloqueantes no redujeron el riesgo de complicaciones en este tipo de pacientes.

Los investigadores tampoco encontraron beneficios al analizar de forma separada la mortalidad total, la muerte de origen cardíaco, los nuevos infartos, la insuficiencia cardiaca o las arritmias graves.

Los resultados fueron consistentes en todos los perfiles estudiados, independientemente de la edad, el sexo o el tipo concreto de betabloqueante utilizado.

Como resume Xavier Rosselló, cardiólogo e investigador del CNIC y co-primer firmante del estudio, "esto muestra que no hay ningún subgrupo de pacientes post-infarto con función cardiaca normal que se beneficie de betabloqueantes".

Uno de los aspectos que generaba más interés era el análisis específico en mujeres. En un estudio previo, el ensayo REBOOT, se había observado que el uso de betabloqueantes podía incluso asociarse a más eventos adversos en este grupo.

En el metaanálisis global, esa señal vuelve a aparecer, aunque mucho más tenue y sin alcanzar suficiente peso estadístico.

Según explica Borja Ibáñez, investigador principal del estudio, director científico del CNIC, y cardiólogo en la Fundación Jiménez Díaz, "aunque las mujeres en este metaanálisis tenían más eventos adversos cuando eran tratadas con betabloqueantes, algo que ya habíamos observado en REBOOT, esta diferencia no fue lo suficientemente relevante como para alcanzar la significación estadística".

Añade que "es tranquilizador que el posible efecto adverso observado en un grupo pequeño de mujeres no parece consistente cuando se analizan todos los ensayos en conjunto".

Los investigadores subrayan que estos resultados no significan que los betabloqueantes dejen de ser útiles en general. Siguen siendo un tratamiento esencial para pacientes que, tras un infarto, presentan una función cardiaca reducida, por debajo del 50%, así como para personas con insuficiencia cardiaca crónica o determinadas arritmias.

"Es importante resaltar que los betabloqueantes continúan siendo un tratamiento esencial para otro tipo de pacientes", recuerda Ibáñez.

También puntualiza que "estos resultados no significan que se haya estado tratando mal a los pacientes hasta ahora, sino que muestran que la gran mejora en el manejo del infarto en estos últimos años hace que los betabloqueantes ya no sean necesarios a partir de este momento" en los pacientes con función cardiaca normal.

El contexto histórico es clave para entender este cambio. Los ensayos clínicos que consolidaron el uso sistemático de betabloqueantes se realizaron en las décadas de los 70 y 80, cuando el tratamiento del infarto era muy distinto y el riesgo de complicaciones graves, como las arritmias malignas o la insuficiencia cardiaca, era mucho mayor.

Desde entonces, la cardiología ha cambiado de forma radical y el pronóstico de los pacientes es hoy mucho mejor.

El ensayo REBOOT, liderado por el CNIC, ya apuntó a este cambio de paradigma, aunque algunos estudios posteriores habían generado dudas al observar una posible reducción de reinfartos. Por ese motivo, era necesario realizar un análisis conjunto que incluyera todos los ensayos disponibles.

El metaanálisis confirma que, incluso teniendo en cuenta esos datos, los betabloqueantes no aportan beneficio clínico en los pacientes con función cardiaca normal tras un infarto, ratificando los resultados ya aportados por el ensayo español REBOOT.

Según Ibáñez, "la señal observada en el BETAMI-DANBLOCK posiblemente se debe a que en ese ensayo se incluyeron un porcentaje no pequeño de pacientes con una función cardiaca no enteramente normal y sabemos que en ese subgrupo los betabloqueantes sí ofrecen beneficio".

Hoy en día, aproximadamente el 70% de las personas que sufren un infarto mantiene una función cardiaca normal, por lo que el impacto de estos resultados es enorme a nivel mundial. Sólo en España, se estima que más de 1 millón de personas toman betabloqueantes única y exclusivamente por haber tenido un infarto pese a tener la función cardiaca normal.

En palabras de Valentín Fuster, director general del CNIC y presidente del Mount Sinai Fuster Heart Hospital: "En este año 2025 hemos modificado un paradigma en el tratamiento del infarto que parecía incuestionable desde hace décadas. Desde ahora, los pacientes que sean dados de alta tras un infarto con función cardiaca normal ya no van a recibir betabloqueantes".