Una buena copa de vino dispuesta para ser degustada sin ningún rubor.

Una buena copa de vino dispuesta para ser degustada sin ningún rubor. Pixabay

Salud Alcohol

La mentira de la copita de vino saludable: así han intentado volver a ocultarnos la verdad

Tomar alcohol influye de forma determinante en la posibilidad de desarrollar cáncer. Es una realidad inapelable. "Ya, pero una copita de vino al día es buena para la salud, que lo dice el médico". No. Una copita de vino al día también es mala para tu salud. La última institución en confirmarlo fue la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO), que el pasado mes de noviembre publicó una revisión en la que concluía que el consumo de alcohol -también el "moderado"- se relaciona con "un mayor riesgo de padecer varios cánceres importantes, incluidos los de mama, colon, esófago, cabeza y cuello".

La industria del alcohol, como la del tabaco o la del azúcar, lleva años sufragando estudios científicos y agarrándose al clavo ardiendo del "consumo moderado" para intentar demostrar que este tipo de bebidas podrían tener algún mínimo efecto beneficioso para la salud. El Instituto Nacional del Cáncer (NIH) de Estados Unidos acaba de parar uno de los estudios más importantes sobre el consumo moderado de alcohol debido a los sonrojantes conflictos de interés que se ceñían sobre el mismo: de los 100 millones de dólares que costaba el trabajo, 60 millones procedían directamente de compañías cerveceras. 

La investigación fue encargada por Francis S. Collins, director del NIH, después de que el New York Times publicase hace algunos meses un reportaje en el que denunciaba que algunos investigadores que trabajaban para la institución habían sobrepasado todos los límites habidos y por haber reuniéndose con compañías alcohólicas para conseguir financiación, llegando a detallarles cómo sería diseñado el trabajo para que los resultados respondieran a sus intereses.

El informe encargado por Collins relata cómo uno de los investigadores principales que se encontraba al frente estudio, Kenneth Mukamal, profesor asociado de la Escuela de Medicina de Harvard, mantuvo contactos con directivos de compañías de la industria y respondió a cuestiones relacionadas con el trabajo de forma amplia, tanto por escrito como vía telefónica, "socavando la integridad del proceso de investigación".

"El NIH tiene políticas sólidas que detallan los estándares de conducta para los empleados, incluida la prohibición de la solicitud de obsequios y la promoción de la equidad en los concursos de subvenciones. Nos tomamos muy en serio cualquier violación de estos estándares", afirma Collins en el comunicado que la organización hizo público tras el escándalo.

Según declaraciones del director del NIH recogidas por el New York Times, "la idea detrás del estudio era maximizar las probabilidades de mostrar un efecto positivo del alcohol". Según el informe publicado por la institución, este trabajo, cuyo nombre iba a ser Cheers (salud, en castellano), acrónimo de Cardiovascular Health Effects of Ethanol Research Study, no sólo perseguía destacar los efectos positivos, sino que también se pasarían por alto los negativos para la salud.

No es la primera vez (ni mucho menos)

No es ésta la primera vez, ni muchísimo menos, que la industria paga a profesionales de la medicina para que 'investiguen' sobre los supuestos efectos beneficiosos que tiene el alcohol y tergiversen las evidencias existentes sobre su estrecha relación con el cáncer, entre otras enfermedades. El año pasado, sin ir mucho más lejos, un estudio publicado en la revista Drug and Alcohol Review alertaba de que "la mayoría de las organizaciones [relacionadas con la industria del alcohol] tergiversaron la evidencia sobre la asociación entre el alcohol y el cáncer".

¿Cómo lo hacen? Según los investigadores que han realizado el estudio, de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres y del Instituto Karolinska de Suecia, las compañías siguen tres estrategias principales. "El enfoque más común implica presentar la relación entre el alcohol y el cáncer como altamente compleja, con la implicación o declaración de que no hay evidencia de un vínculo constante o independiente", explican desde la institución. "Otros incluyen negar que exista alguna relación o afirmar de manera inexacta que no existe el riesgo en el consumo liviano o 'moderado', así como discutir una amplia gama de factores de riesgo reales y potenciales, presentando al alcohol como un riesgo más entre muchos".

Sea como fuere, y pese a las maniobras de la industria, es más que evidente que el consumo de alcohol es un factor de riesgo a la hora de desarrollar una amplia variedad de cánceres. La clásica copita de vino, tal y como ya advirtió la OMS en 2012 en un importante informe, también: "Aunque se ha encontrado un pequeño efecto protector entre el consumo ligero y moderado de alcohol sobre las enfermedades isquémicas, su consumo ha de considerarse como enormemente tóxico para el sistema cardiovascular".