Icónico fotograma de la película 'El exorcista'.

Icónico fotograma de la película 'El exorcista'. Archivo

Salud Religión

Así son hoy los exorcismos: 'cura' de la homosexualidad y los trastornos mentales

Los expertos señalan un aumento exponencial de las solicitudes de rituales de expulsión de demonios, que se aplican sobre todo a pacientes psiquiátricos y minorías sexuales.

Como informa EL ESPAÑOL, hasta este sábado se celebró en Roma un curso poco habitual; de hecho, es único en el mundo. A puerta cerrada, más de 250 matriculados de 51 países asisten a la XIII edición del Curso de Exorcismo y Oración de Liberación. Para sentarse en las butacas del Auditorio Juan Pablo II del Pontificio Ateneo Regina Apostolorum, una universidad dirigida por los Legionarios de Cristo, los asistentes han debido superar un riguroso proceso de selección que demostrara su "necesidad de actualización", según Vatican News. La materia en la que estos estudiantes se actualizan es la práctica de exorcismos.

A muchos la idea del exorcismo les evocará una imagen que comienza en la Edad Media para terminar en el momento en que transcurre El exorcista (William Friedkin, 1973), la escalofriante película con la niña Linda Blair rotando su cabeza y profiriendo blasfemias. Error: "aunque mucha gente piensa en los exorcismos como una reliquia de las edades oscuras, hoy siguen practicándose", apunta a EL ESPAÑOL el psicólogo e investigador escéptico Benjamin Radford.

De hecho, la cronología es diferente de lo que quizá cabría esperar: aunque los exorcismos se practican desde antiguo, no fue hasta 1614 cuando el papado de Pablo V formalizó el ritual con unas directrices oficiales que permanecieron prácticamente inalteradas durante siglos. Con la llegada de los tiempos modernos la práctica no se abandonó; más bien al contrario, el ritual se adaptó al lenguaje actual a finales del siglo XX, en su mayor parte bajo la prefectura del cardenal español Eduardo Martínez Somalo en la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. El nuevo rito fue presentado en 1999 por su sucesor, el chileno Jorge Medina, quien declaró: "el que diga que el diablo no existe no es un creyente".

Medio millón de poseídos en Italia

Lo cierto es que esta actualización vino motivada por el hecho de que no solo los exorcismos continúan practicándose, sino que hoy su demanda es mayor que nunca. Aunque la Iglesia Católica prefiere dar a estos casos la mínima publicidad, en Italia más de medio millón de personas piden cada año un exorcismo. Las solicitudes se han disparado en países como Francia, EEUU o Irlanda, donde el sacerdote y exorcista Pat Collins habla de un "aumento exponencial". La Asociación Internacional de Exorcistas, aprobada por el Vaticano en 2014, califica la situación como una "emergencia pastoral". Hace un año el Papa Francisco exhortaba a los sacerdotes a recurrir a un exorcista cuando sospechen que un feligrés sufre "reales y verdaderos disturbios espirituales".

Pero ¿qué significa "reales y verdaderos"? La doctrina actual de la Iglesia Católica invita a distinguir lo que considera verdaderas posesiones de las enfermedades mentales. Una de las jornadas del curso ha versado sobre los "aspectos psicológicos, médicos, farmacológicos", con una sesión dedicada al "diagnóstico diferencial de los fenómenos de orden espiritual y de otros órdenes". Pero para comenzar, ni siquiera todos los exorcistas consideran que tal distinción sea factible... sin practicar un exorcismo, tal como señaló en 1999 el exorcista de la Diócesis de Roma, Gabriele Amorth, con motivo de la publicación de las nuevas directrices.

Y naturalmente, para los científicos tal distinción no puede probarse de ningún modo, con independencia de las creencias religiosas de cada cual. "Muchas personas se benefician de la conversión religiosa y se sienten confortadas encontrando un sentido espiritual a sus vidas", señala a EL ESPAÑOL el psiquiatra James Harris, director de la Clínica de Neuropsiquiatría del Desarrollo de la Universidad Johns Hopkins (EEUU). Pero respecto a la diferencia que propone el Vaticano, Harris es tajante: "lo que se describe como posesiones son trastornos mentales, y no una categoría separada".

Desde la transexualidad a las enfermedades del riñón

Como consecuencia, según Radford, a menudo los exorcismos se están practicando "a personas emocional o mentalmente perturbadas". Solo a menudo, porque en ocasiones se han administrado también a personas perfectamente sanas. En 1977 un grupo de investigadores estadounidenses relataba en la revista Archives of Sexual Behavior cómo un hombre transexual había sido "curado por la fe" gracias a un exorcismo practicado por un médico que le había expulsado un total de 22 espíritus malignos. "Inmediatamente después de la sesión, John anunció que era un hombre, tiró su ropa femenina (escondiendo sus pechos como pudo) y fue a la barbería para cortarse el pelo largo en un estilo más masculino", escribían los autores.

Pero dos años después, otro equipo de médicos informaba en la misma revista de otro exorcismo practicado en Finlandia a un hombre homosexual, sin otro efecto que provocarle pesadillas por lo terrorífica que fue la experiencia. Los autores del informe concluían que, si de algo servía un exorcismo en tales casos, era solo para "confirmar la visión negativa de un individuo sobre su conducta", para así crearle "problemas mucho más graves" y, en definitiva, "aumentar la discriminación a la que se enfrentan los homosexuales y transexuales".

Sin embargo y aunque la psiquiatría actual no contempla estas condiciones como trastornos, esto no ha servido para abandonar la práctica de los exorcismos en casos de lo más variopinto, y no solo en los cultos cristianos: un estudio de 2016 en Palestina con casi 300 pacientes de hemodiálisis por enfermedad renal mostraba que el 17% de ellos se había sometido a un exorcismo islámico. Pero sin duda el caso más común es el de aplicación de estos rituales a pacientes psiquiátricos diagnosticados, ya que en muchos casos son ellos mismos quienes creen estar poseídos.

Posesión diabólica en Madrid

Un caso notable sucedió en Madrid hace pocos años, cuando el equipo de psiquiatría del Hospital Clínico San Carlos supo que una paciente de 28 años diagnosticada con esquizofrenia paranoide abandonó su medicación siguiendo las instrucciones de un exorcista al que se había sometido. "Los sacerdotes llevaron a la paciente a creer que sus síntomas psicóticos se debían a la presencia de un demonio", escribían los psiquiatras en 2011 en la revista BMJ Case Reports. "Estamos sorprendidos de que en el siglo XXI y en Europa aún haya expertos y clérigos que crean que algunos tipos de esquizofrenia se deben a posesión demoníaca", añadían.

En su estudio, los propios autores confesaban el dilema en el que se encontraron a la hora de abordar el caso. Finalmente decidieron ponerse en contacto con la Archidiócesis de Madrid para que les ayudara a convencer a la paciente de que debía reanudar el tratamiento, pero la respuesta que recibieron les dejó estupefactos: "para nuestra sorpresa, los clérigos asumieron que los síntomas psicóticos de la paciente se debían a una presencia maligna".

Según los expertos, el problema viene agravado por el hecho de que en muchos casos los pacientes no solo creen en la posesión, sino también en su curación a través del ritual. Tras sus ocho sesiones de exorcismo, la paciente de Madrid describió que "dormía más profundamente y se sentía más descansada". "En la mayoría de los casos, los exorcismos se practican a personas con una fuerte fe religiosa", dice Radford. "En la medida en que funcionan, se debe sobre todo al poder de sugestión y al efecto placebo: si crees que estás poseído y que un ritual determinado te limpiará, puede que lo haga".

Pero incluso este posible efecto beneficioso no debe confundir a los afectados por trastornos mentales, advierte Radford, para quien la distinción propuesta por la Iglesia entre estas condiciones y las posesiones reales no hace sino fomentar esta confusión. "Utilizando jerga científica, el Vaticano transmite la impresión de que el exorcismo ha probado su eficacia y está científicamente validado". El psicólogo admite que las creencias de cada persona deben respetarse, pero "si alguien elige ver a un exorcista, debería ser además de, y no en lugar de a un profesional médico formado".