Fotoprotectores de distintas marcas.

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Salud Dermatología

Más allá del factor de protección: lo que hay que saber de la crema solar

Los ingredientes, la cantidad que se aplica y el tiempo que se mantiene sin renovarla son casi tan importantes como el número que más nos obsesiona. 

Ainhoa Iriberri

Parece que es lo más importante, pero el número que más se visualiza en el envase de cualquier crema de protección solar es sólo una de las características en las que hay que fijarse a la hora de escogerla, y ni siquiera está claro que sea clave, sobre todo cuando se supera determinada cifra. 

De hecho, la portavoz de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) Yolanda Gilaberte explica a EL ESPAÑOL que la diferencia entre el factor de protección solar (FPS) 30 y el 50 es "poca". "Puede cambiar del 90 al 99%", señala la dermatóloga, que cree que no se debe comprar nunca una crema de menos de 30 y que utilizar 50 es una buena opción

Este factor de protección se refiere a los rayos ultravioleta B (UVB), que son los que producen el eritema o las quemaduras solares. La experta explica que el número se calcula con una fórmula matemática. En concreto, la relación entre la dosis mínima de eritema (DME) medida en minutos en una piel protegida por un protector solar tópico y la DME de la misma piel no protegida. 

Por poner un ejemplo, un FPS 20 surgiría de la relación entre una DME con protector solar de 60 minutos y la DME sin protector solar de tres minutos. Así, si un individuo es capaz de permanecer el primer día de exposición 10 minutos bajo el sol sin quemarse, la elección de una crema con FPS 25 le proporcionaría una protección 25 veces superior, es decir, 250 minutos. 

Sin embargo, Gilaberte reitera que esto es "en condiciones de laboratorio". ¿Qué significa esto? "Por ejemplo, se calcula con cantidades muy elevadas de crema, de dos gramos por centímetro cuadrado; con esa cantidad, sin frotarse con nada, ni sudar ni mojarse se lograria dicha protección", apunta la experta, que comenta que lo normal ahora es ponerse "la mitad o una tercera parte de esa cantidad". "Por eso se recomienda usar cremas con un FPS superior a 30". 

Sin embargo, un aspecto muy importante además del FPS, del que depende mucho la utilidad de éste, es cómo sea la persona. Es decir, su fototipo. La piel humana se divide en seis, en el que 1 sería el que tienen los pelirrojos y 6 el de las personas de raza negra. "En España la mayoría estamos en los fototipos 3 o 4", comenta la dermatóloga. 

Pero si el FPS es un dato importante, no es lo que más nos protege frente a los efectos carcinogénicos del sol. Los rayos ultravioleta A son lo más relacionados con el cáncer de piel y por eso "es obligada" la protección frente a ellos. Así, en las cremas se ven las siglas UVA rodeadas de un círculo. Si no se ve, mejor huír de ese envase concreto. 

Algunas cremas solares, sin embargo, ofrecen protección frente a entidades más allá de los rayos ultravioletas A y B. Es el caso de los radicales libres que, según la experta, "dañan el colágeno, las fibras elásticas y afectan más al fotoenvejecimiento". "Aunque son menos peligrosos las consecuencias son más visibles", sostiene. Por tanto, una protección frente a estos agentes no es mala idea para personas preocupadas por su aspecto físico además de por su salud. 

Desde hace relativamente pocos años, muchas cremas ofrecen también protección frente a los rayos infrarrojos. Son las llamadas radiaciones IR-A. En principio, aumentar la fotoprotección podría parecer una idea excelente, pero Gilaberte alerta de que "no hay legislación" y "no hay acuerdo sobre cómo se mide". 

Así, mientras que cualquier crema con un determinado FPS se sabe que ha sido denominada así por la clasificación de la European Cosmetic and Toiletry and Perfumery Association (COLIPA), una loción puede afirmar que protege frente a las IR-A y no hay manera de saber que dice la verdad

Por lo tanto, quizás sea más importante fijarse en las dos últimas características que menciona la portavoz de la AEDV: que la crema sea resistente al agua y al sudor. Una vez analizada la etiqueta falta, eso sí, lo más importante: no olvidarse de extenderla por el cuerpo y no ser tacaños con las cantidades.