Una playa del norte de Creta

Una playa del norte de Creta

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Éste es el gen que protege contra el colesterol

Los habitantes de algunas regiones muy concretas del mediterráneo pueden ingerir sin preocuparse alimentos muy ricos en grasa. 

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La isla griega de Creta confiere a muchos de sus habitantes un insólito superpoder: el de comer toda la grasa que quieran sin miedo al colesterol.

Esto puede parecer el argumento de una película de ciencia ficción un poco mala, pero uno recientemente estudio publicado en Nature demuestra que en este enclave mediterráneo se da una variante genética -rs145556679*- que protege al organismo de los peligros asociados al colesterol LDL, más conocido como colesterol malo.

¿Comer sin remordimientos o nuevos tratamientos?

Los datos de este trabajo se han obtenido al analizar el genoma de 250 habitantes de un pueblo del norte de Creta -Mylopotamos -, aunque la variante genética identificada no era del todo novedosa: se había localizado a un único individuo en la Toscana, que presentaba una única copia de la variante y en varios miembros de la comunidad amish se había identificado otra variante del mismo gen asociada a niveles más bajos de triglicéridos.

Este descubrimiento demuestra que lo que en muchos casos se habría achacado a la dieta mediterránea podría ser más una cuestión de genética y, además, abre el camino hacia el desarrollo de nuevos tratamientos frente a las enfermedades cardiovasculares resultantes del colesterol alto.

Aunque se ha coqueteado con la posibilidad de comenzar investigaciones con este gen cuyo objetivo sea permitir que cualquier persona pueda comer lo que quiera sin miedo al colesterol,  Eleftheria Zeggini, coautora del estudio, ha dejado claro que las enfermedades cardiovasculares no se relacionan sólo con la dieta, sino que resultan de un cóctel de factores ambientales y genéticos mucho más complejo.

Por eso, el objetivo de los investigadores es aprovechar el conocimiento de este gen para tratar las enfermedades cardiovasculares una vez que se hayan dado, en vez de prevenirlas.

Sea como sea, independientemente de que esto se consiga antes o después, habrá que seguir llevando una vida sana, marcada por el ejercicio físico y la dieta mediterránea; porque, sin la trampa de los cretenses, ¿qué otra cosa vamos a hacer?