El estrés y la ansiedad están estrechamente relacionados con el sistema nervioso autónomo.

El estrés y la ansiedad están estrechamente relacionados con el sistema nervioso autónomo. iStock iStock

Ciencia

Los expertos en psicología coinciden: los adultos que más luchan contra los pensamientos intrusivos son los que más malestar tienen

El médico David Hanscom explica por qué la búsqueda constante de soluciones puede mantener al sistema nervioso en estado de alerta.

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J. Rodríguez
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Intentar suprimir o analizar constantemente los pensamientos intrusivos suele intensificarlos y generar un mayor malestar psicológico y físico.

El médico David Hanscom explica que luchar contra las ideas negativas activa el sistema nervioso en un estado de alerta que dificulta la recuperación.

Las personas más comprometidas con su bienestar a menudo caen en un círculo vicioso al reaccionar con excesiva intensidad ante cada pensamiento incómodo.

En lugar de combatir los síntomas, se recomienda orientar la atención hacia la conexión, la curiosidad y la creatividad para reducir la respuesta al estrés.

Intentar eliminar una preocupación de la mente puede terminar consiguiendo justo lo contrario: intensificarla. David Hanscom, médico especializado en cirugía de columna, analiza este fenómeno en un artículo publicado en Psychology Today, donde explica cómo combatir los pensamientos indeseados puede alimentar el malestar.

El especialista sostiene que muchas personas empeoran precisamente porque se esfuerzan demasiado por recuperarse. Analizan sus emociones, intentan suprimir las ideas negativas y prueban distintas técnicas de autoayuda, pero esa búsqueda constante de soluciones puede mantenerlas atrapadas.

Hanscom describe esta paradoja a partir de su experiencia profesional, acumulada durante más de tres décadas como cirujano, y de sus propias dificultades con el dolor. Según explica, el organismo necesita determinadas condiciones para recuperarse.

El médico compara el cerebro y el sistema nervioso con un avispero. En esta metáfora, la ansiedad, la vergüenza, la ira y los pensamientos repetitivos no deseados representan las avispas, que funcionan como señales automáticas de alerta ante posibles amenazas.

El problema aparece cuando una persona intenta controlar esas señales a toda costa. Suprimir los pensamientos, discutir con ellos o analizarlos constantemente puede intensificar la reacción, generando todavía más inquietud y alimentando un círculo de malestar difícil de interrumpir.

Centrarse en la creatividad

Por eso, Hanscom advierte de que "cuanto más luchas contra tus pensamientos no deseados, más fuertes se vuelven". En su opinión, combatirlos como si fueran el problema principal puede mantener activado el sistema nervioso en lugar de favorecer la recuperación.

Las personas especialmente comprometidas con su bienestar pueden quedar más atrapadas en este mecanismo. Su preocupación por encontrarse mejor las lleva a reaccionar con mayor intensidad ante cada pensamiento incómodo, aunque esa respuesta no siempre resulte beneficiosa.

Hanscom relaciona este proceso con la respuesta fisiológica al estrés. Cuando el organismo percibe una amenaza, moviliza recursos para defenderse, libera hormonas del estrés y modifica funciones corporales, mientras la atención se concentra en detectar posibles peligros.

En ese estado de alerta, explica el especialista, el organismo encuentra más dificultades para desarrollar procesos relacionados con la recuperación. Por el contrario, cuando percibe seguridad, disminuye la respuesta defensiva y pueden favorecerse mecanismos como la neuroplasticidad, la capacidad cerebral de reorganizarse.

El médico señala que algunos de sus pacientes con dolor persistente mejoraron después de aprender a reducir las señales de amenaza y prestar más atención a las condiciones que les proporcionaban seguridad. No atribuye esa evolución necesariamente a nuevas intervenciones médicas.

La propuesta de Hanscom no consiste en resignarse ni en ignorar el sufrimiento, sino en dejar de organizar toda la atención alrededor de los síntomas. En su lugar, recomienda orientar los esfuerzos hacia actividades relacionadas con la conexión, la curiosidad y la creatividad.

Según su planteamiento, la neuroplasticidad también implica que aquello a lo que prestamos atención repetidamente influye en los circuitos cerebrales que reforzamos. Concentrarse continuamente en el miedo puede afianzar las respuestas reactivas, mientras que cultivar otros intereses abre espacio a nuevas experiencias.

El especialista insiste en que esto no equivale simplemente a pensar en positivo. Se trata de favorecer condiciones que permitan al sistema nervioso reducir progresivamente su estado de alerta, sin convertir cada pensamiento desagradable en una nueva batalla personal.

Para ilustrarlo, recupera la transformación de una oruga en mariposa: no necesita esforzarse conscientemente para convertirse en otra cosa. Hanscom resume así su planteamiento: "No puedes arreglarte a ti mismo, pero puedes crear las condiciones para que tu cuerpo sane".