Un montón de ropa.
En vigor: la UE prohíbe a las grandes empresas destruir ropa y calzado nuevos aunque no consigan venderlos
Ni quemar ni reciclar automáticamente: la UE obliga a reutilizar la ropa nueva que no se vende.
Más información: Entró en vigor: España obliga a controlar el agua del grifo y los 20 ‘químicos eternos’ que tiene desde 2026
Una prenda nueva que se queda sin comprador ya no puede acabar destruida simplemente porque resulte más barato deshacerse de ella que volver a ponerla a la venta. Desde este verano, las grandes empresas de la Unión Europea tienen prohibido eliminar determinadas prendas de vestir, accesorios y calzado que no hayan conseguido vender.
La medida está en vigor desde el 19 de julio de 2026 y procede del Reglamento europeo sobre diseño ecológico para productos sostenibles. Su objetivo es reducir una práctica que Bruselas considera especialmente difícil de justificar desde el punto de vista medioambiental: fabricar artículos utilizando materias primas, agua y energía para después destruirlos sin que hayan llegado siquiera a utilizarse.
La prohibición afecta inicialmente a las grandes empresas que operan en la UE. Las microempresas y pequeñas empresas quedan fuera, mientras que las compañías medianas tendrán un periodo adicional de adaptación: para ellas la obligación comenzará a aplicarse el 19 de julio de 2030.
Los productos incluidos son principalmente ropa y complementos de vestir, además del calzado. Esto abarca desde numerosas prendas de uso cotidiano hasta diferentes accesorios incluidos en los códigos de productos recogidos por la legislación europea.
La norma no obliga, sin embargo, a las empresas a mantener indefinidamente en sus almacenes todo aquello que no venden. Lo que pretende Bruselas es que antes de plantearse su eliminación se prioricen alternativas que permitan mantener esos artículos en circulación, como venderlos por otros canales o prepararlos para su reutilización.
Reciclar una prenda también puede considerarse destruirla
Uno de los aspectos más llamativos de la regulación está en lo que la UE entiende jurídicamente por "destrucción". No se limita a quemar una camiseta, triturar unos zapatos o enviarlos directamente a un vertedero.
Las orientaciones publicadas por la Comisión aclaran que también se considera destrucción el descarte intencionado del producto cuando acaba destinado al reciclaje. La excepción es cuando ese descarte se realiza exclusivamente para preparar el artículo para su reutilización, por ejemplo mediante reacondicionamiento o determinadas operaciones de renovación.
La diferencia es importante. La nueva política europea coloca la reutilización por delante del reciclaje porque conservar el producto completo permite aprovechar durante más tiempo los materiales y la energía ya utilizados para fabricarlo.
Esto significa que una empresa no puede cumplir automáticamente la norma enviando a reciclar todas las prendas nuevas que no consiga vender.
Existen, aun así, excepciones. La Comisión aprobó en febrero de 2026 el Reglamento Delegado (UE) 2026/296 para determinar en qué circunstancias puede permitirse la destrucción de productos que normalmente estarían protegidos por la prohibición. La norma entró en vigor el 12 de mayo y sus disposiciones relacionadas con esta prohibición comenzaron a aplicarse el 19 de julio.
Estas excepciones responden a situaciones en las que mantener el artículo en circulación no resulte razonable o seguro. La legislación contempla, por ejemplo, productos que presenten determinados problemas que impidan su reutilización o comercialización y otros supuestos en los que las alternativas disponibles puedan resultar inviables.
La idea, por tanto, no es que absolutamente ninguna prenda pueda destruirse bajo ninguna circunstancia, sino impedir que la eliminación de excedentes comerciales continúe funcionando como una salida habitual para mercancías nuevas y perfectamente aprovechables.
La Comisión Europea relaciona la medida directamente con la transición hacia una economía circular. Cuando una camiseta, unas zapatillas o un abrigo nuevos se destruyen, también se desperdician los recursos utilizados para producirlos: materias primas, agua, energía, transporte y trabajo. Su eliminación puede generar además nuevas emisiones de gases de efecto invernadero.
El reglamento también intenta evitar una posible vía para esquivar las nuevas reglas. Las empresas que no estén directamente sometidas a la prohibición tampoco pueden destruir productos que otra compañía les haya entregado específicamente con la intención de eludirla. De esta forma, una gran empresa no podría limitarse a transferir sus excedentes a otra sociedad más pequeña para que los eliminase en su nombre.
Por ahora, la prohibición europea se concentra en ropa, accesorios de vestir y calzado, pero la lista no tiene por qué permanecer así para siempre. El Reglamento (UE) 2024/1781 permite que la Comisión añada posteriormente nuevas categorías teniendo en cuenta el impacto medioambiental derivado de destruir productos que nunca llegaron a venderse.
Desde el 19 de julio de 2026, por tanto, los excedentes de ropa nueva han dejado de ser simplemente un problema comercial para las grandes compañías europeas. Si las prendas siguen siendo aprovechables, destruirlas ya no puede ser la opción automática solo porque nadie las haya comprado.