Imagen de archivo del físico Venki Ramakrishnan, premio Nobel de Química en 2009.

Imagen de archivo del físico Venki Ramakrishnan, premio Nobel de Química en 2009. Getty Images

Ciencia

Venki Ramakrishnan, premio Nobel de Química: "El límite natural de nuestra especie está alrededor de los 110 años"

El físico defiende que existe un techo biológico para nuestra especie y que ni los avances médicos ni la industria lo han desplazado de momento.

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P. G. Santos
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Venki Ramakrishnan sostiene que el límite natural de la vida humana ronda los 110 años, ya que el número de supercentenarios no aumenta.

Jeanne Calment mantiene el récord de longevidad verificada: murió en 1997 a los 122 años, y nadie ha alcanzado los 120 desde entonces.

El Nobel señala que el envejecimiento responde a límites evolutivos y distingue entre edad cronológica y biológica, marcada por daños acumulados.

Ante la falta de pruebas sólidas para terapias antiedad, recomienda priorizar sueño, dieta, ejercicio, vínculos sociales y propósito vital.

La esperanza de vida no deja de crecer, pero la vida humana quizá tenga un techo. El premio Nobel de Química Venki Ramakrishnan sostiene que el límite natural de nuestra especie ronda los 110 años, según ha explicado recientemente.

El científico, jefe de grupo en el Laboratorio de Biología Molecular del Consejo de Investigación Médica británico, lo explicó en una conferencia del Robert N. Butler Columbia Aging Center, centro de envejecimiento de la Universidad de Columbia, en EEUU.

"El número de supercentenarios, que son las personas que viven más de 110 años, no está creciendo. Esto sugiere que en torno a los 110 está el límite natural de nuestra especie", afirmó Ramakrishnan durante su intervención en Columbia.

El récord lo sigue ostentando la francesa Jeanne Calment, fallecida en 1997 a los 122 años tras una vida con tabaco y vino de Oporto. Desde entonces, ninguna persona con edad verificada ha llegado siquiera a los 120 años.

Sueño, dieta y ejercicio

Los avances médicos y de salud pública han elevado la esperanza de vida media respecto a los años 90 y hay más centenarios que nunca. Sin embargo, esa mejora no ha desplazado el máximo alcanzable por un ser humano.

Según el científico, el potencial de longevidad de una especie depende de cómo evolucionó para transmitir sus genes. La selección natural premia la reproducción, no una vejez prolongada, algo que ayuda a entender por qué existe un límite biológico.

No obstante, el debate sigue abierto. Un estudio de Nature de 2016 situó el máximo cerca de los 115 años; otro publicado en Science de 2018 sostuvo que la mortalidad se estabiliza tras los 105 y que no habría tope.

Ramakrishnan, autor de Why We Die, recuerda que unas 700 empresas emergentes, como Calico o Altos Labs, invierten miles de millones en investigación para intervenir en el envejecimiento, aunque considera que este no es una enfermedad en el sentido más clásico del término.

La edad cronológica no coincide con la biológica. El experto la define como una acumulación de cambios y daños que aumenta la disfunción con el tiempo, y sugiere combinar varios indicadores, desde marcadores epigenéticos hasta la fuerza de agarre.

Los suplementos que prometen alargar los telómeros, por ejemplo, carecen de pruebas sólidas y podrían ser contraproducentes, ya que su pérdida protege frente al cáncer. Algo más de evidencia, aunque todavía preliminar, existe para algunos fármacos como la metformina.

Tras un estudio de Stanford con ratas, llegaron llamadas pidiendo sangre joven, pero el empresario Bryan Johnson intercambió sangre con su padre y su hijo sin obtener beneficios. Ramakrishnan prevé que las terapias exóticas lleguen antes a los ricos.

Aunque la medicina ha añadido años de vida, estos suelen vivirse con mala salud. Por ello, la mejor evidencia apunta a tres pilares para vivir más y mejor: el sueño, la dieta y el ejercicio, según el premio Nobel.

"Toda la biología molecular y celular que hemos aprendido en las últimas décadas nos dice que este trío es extremadamente beneficioso", concluyó el investigador. A ello suma otros dos factores determinantes: las conexiones sociales y el sentido de propósito.