El pescado azul debe estar en la dieta.

El pescado azul debe estar en la dieta. E.E.

Ciencia

Sandra Moñino, nutricionista: "El pescado azul pequeño no debe faltar en el menú semanal, es vital contra la inflamación"

Sandra Moñino recomienda, sí o sí, incluir pescado azul en la dieta para luchar contra la inflamación.

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Sandra Moñino recomienda incluir pescado azul pequeño, como sardinas, boquerones o caballa, al menos tres veces por semana.

Su aporte de omega-3 EPA y DHA ayuda a reducir procesos inflamatorios y a contrarrestar el exceso de omega-6 presente en ultraprocesados.

Las especies pequeñas acumulan menos mercurio que grandes depredadores como el atún rojo o el pez espada, por su ciclo de vida más corto.

Para preservar sus grasas saludables, aconsejan cocinarlo al horno, a la plancha o al vapor y evitar las frituras.

Sandra Moñino, nutricionista especializada en inflamación y salud digestiva, subraya la necesidad de incluir pescado azul pequeño de forma prioritaria en el menú semanal. Según explica, a través de una intervención en el canal Xuan Lan Yoga, es un recurso vital para combatir la inflamación crónica del cuerpo.

El consumo de variedades como las sardinas, los boquerones y la caballa, por lo menos tres veces por semana, pueden transformar por completo la respuesta inmunitaria del cuerpo y prevenir el desarrollo de patologías modernas como los problemas cardiovasculares o digestivos.

El pilar científico que sostiene esta recomendación radica en su excepcional concentración de ácidos grasos Omega-3, específicamente el EPA y el DHA. Estos compuestos actúan directamente a nivel celular bloqueando las rutas metabólicas que desencadenan la inflamación.

Los expertos recuerdan que la dieta contemporánea occidental suele pecar de un exceso de grasas Omega-6, presentes en ultraprocesados, lo que genera un entorno corporal proinflamatorio, un desequilibrio silencioso que el pescado azul logra revertir con eficacia.

La clave es que sea en pequeñas dosis

La insistencia en priorizar especies de menor tamaño, por parte de varios expertos, responde a un criterio clave de seguridad alimentaria: evitar la toxicidad de metales pesados. Al contrario que los grandes depredadores oceánicos, como el atún rojo o el pez espada, los pescados pequeños tienen un ciclo de vida corto que impide la bioacumulación de mercurio.

Esta pureza los convierte en una opción segura y sostenible a largo plazo, garantizando que el paciente reciba todos los beneficios nutricionales sin los riesgos asociados a los contaminantes ambientales.

Además, estas especies destacan por ser una fuente de micronutrientes como la vitamina D, el calcio y el magnesio. Los profesionales, para maximizar sus beneficios, recomiendan evitar técnicas de cocción agresivas como las frituras, que degradan la calidad de los ácidos grasos.

En su lugar, sugieren preparaciones al horno, la plancha o el vapor, integrándolos de manera natural en un patrón de vida saludable que combine nutrición con bienestar digestivo. Realmente, todo gira alrededor de los conceptos que suele sostener Moñino en sus entrevistas y declaraciones.

Hay que apostar por alimentos que sumen, que sean sanos y que además puedan comerse en cualquier ingesta del día, puesto que la experta no considera que las comidas tengan que catalogarse como desayuno, merienda o cena, puesto que el cuerpo puede comer lo que sea cuando sea siempre y cuando sea sano y el mismo organismo lo pida.