Un gato jovencito.
Los veterinarios coinciden: el mal aliento de tu perro o gato no es normal, puede ser la primera señal de una enfermedad
Ni edad ni comida: el aliento fuerte de tu perro o gato puede ser la primera señal de enfermedad dental.
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El aliento de un perro o un gato no tiene que oler a menta, pero tampoco debería resultar desagradable de forma constante. Ese olor fuerte que muchas familias atribuyen a la edad o a la comida puede ser una de las primeras señales de que algo no marcha bien en su boca.
La Asociación Americana de Hospitales de Animales (AAHA) insiste en que el denominado “aliento de perro” no debe considerarse normal. Con frecuencia aparece cuando las bacterias de la placa se acumulan sobre los dientes y alrededor de las encías, iniciando un proceso inflamatorio que puede avanzar sin que el animal deje de comer.
La gingivitis constituye la primera etapa. Las encías se enrojecen, se inflaman y pueden sangrar, mientras las bacterias producen compuestos responsables del olor. Si no se trata, la infección puede progresar hacia una enfermedad periodontal que daña los tejidos y el hueso que mantienen cada diente en su sitio.
No conviene restarle importancia. Según la AAHA, la mayoría de los perros y gatos ya presenta alguna forma de enfermedad periodontal al llegar a los tres años. Sin embargo, muchos cuidadores no detectan nada porque estas especies suelen ocultar el dolor.
El mal aliento puede ser entonces la única pista inicial. Más adelante pueden aparecer sarro, encías inflamadas, salivación excesiva, dientes móviles o rotos y sangre en la boca. Algunos animales mastican por un lado, dejan caer el alimento, prefieren comida blanda o pierden el apetito.
Cuando el problema no está solo en la boca
Aunque la causa más habitual es dental, la halitosis también puede acompañar a enfermedades que afectan a otros órganos. La Universidad de Cornell señala que un aliento dulzón puede aparecer en la diabetes, mientras que un olor parecido a la orina puede relacionarse con una enfermedad renal.
Un olor intenso también puede estar asociado con problemas hepáticos, úlceras, heridas, cuerpos extraños o una obstrucción intestinal. En otros casos puede existir una infección oral, estomatitis o incluso un tumor. El olor por sí solo no permite distinguir entre estas posibilidades ni sustituye las pruebas veterinarias.
Por eso resulta importante observar el conjunto. Beber y orinar más, adelgazar, vomitar, mostrarse apático o cambiar de apetito son señales que deben comunicarse al profesional. La inflamación de la cara, la dificultad para abrir la boca, el sangrado o el rechazo de la comida justifican una consulta rápida.
Que el animal siga comiendo tampoco descarta el dolor. Perros y gatos pueden mantener conductas aparentemente normales mientras evitan utilizar una zona concreta de la boca. La AAHA recuerda que el dolor dental puede manifestarse indirectamente mediante cambios de comportamiento, pérdida de peso, temblores mandibulares o menor interés por relacionarse.
Parte de la enfermedad queda oculta bajo la encía y puede requerir anestesia y radiografías dentales para detectarse.
Los productos que prometen refrescar el aliento no solucionan una infección. Pueden disimular temporalmente el olor, pero no eliminan un diente enfermo ni limpian las bolsas profundas alrededor de las encías. Tampoco deben utilizarse colutorios o dentífricos humanos, ya que algunos ingredientes pueden ser perjudiciales si el animal los ingiere.
La prevención más eficaz comienza con el cepillado frecuente utilizando pasta formulada para mascotas. Los premios, dietas o juguetes dentales pueden complementar esa rutina cuando cuentan con evidencia de eficacia, pero no sustituyen las revisiones ni las limpiezas profesionales cuando ya existe enfermedad periodontal.
Conviene acostumbrar al animal de manera gradual, premiando primero que permita tocar el hocico y levantar los labios. Forzar el cepillado puede generar miedo y dificultar las revisiones futuras. Si existe dolor, sangrado o rechazo repentino, es preferible consultar antes de insistir en casa.
Un olor ocasional después de comer determinados alimentos puede no tener importancia. La señal preocupante es un aliento persistentemente desagradable, nuevo o acompañado de otros cambios. Lejos de ser una simple molestia para quien se acerca a acariciarlo, puede ser el primer aviso de una enfermedad dolorosa que todavía permanece oculta.