Albañil trabajando en una construcción.

Albañil trabajando en una construcción. Freepik

Ciencia

Juan Carlos, albañil: “Con el calor del verano hay herramientas que se ponen a 50 grados y te abrasan las manos”

Trabajar al sol convierte la construcción en una trampa térmica: los materiales acumulan calor y aumentan el riesgo laboral.

Más información: El infierno psicológico de los evacuados por los incendios: "Si se alarga el tiempo previsto, la resistencia se ve quebrada"

Publicada
Actualizada
Las claves

Las claves

Las herramientas y materiales en obras pueden alcanzar hasta 50 grados bajo el sol, dificultando su manipulación y aumentando el riesgo de quemaduras.

La radiación solar y la acumulación de calor en superficies como metal, hormigón y asfalto elevan la sensación térmica y los riesgos para los trabajadores.

El contacto con superficies recalentadas puede causar quemaduras y accidentes, especialmente cuando se manipulan herramientas en altura o cerca de maquinaria.

El verano de 2026 ha sido uno de los más calurosos registrados, incrementando la exposición de los trabajadores de la construcción a golpes de calor y estrés térmico.

A primera hora de la tarde, una obra puede convertirse en una enorme superficie acumuladora de calor. El metal, el hormigón, los andamios o las propias herramientas permanecen durante horas bajo la radiación solar y alcanzan temperaturas muy superiores a las que marca el termómetro.

Juan Carlos Soriano, trabajador de la construcción en Madrid, conoce bien esa situación. Durante una jornada de verano en una obra de Pozuelo de Alarcón explicaba a El País hasta qué punto llegan a calentarse los materiales que utiliza diariamente: “Hay herramientas que no puedes ni coger, se ponen a 50 grados y te abrasan las manos”.

Los 50 grados citados por Soriano corresponden a su experiencia en la obra, no a una medición realizada en aquel momento por un organismo científico. Sin embargo, que un objeto expuesto directamente al Sol alcance una temperatura muy superior a la del aire resulta perfectamente posible.

La razón está en la radiación. Una herramienta no solamente intercambia calor con el aire que la rodea: también absorbe directamente energía procedente del Sol. El INSST recuerda que la radiación solar puede alcanzar alrededor de 1.000 vatios por metro cuadrado durante los meses de verano.

El material, el color, la orientación y el tiempo de exposición determinan cuánto aumentará finalmente su temperatura. Una superficie situada a pleno sol puede calentarse mucho más que el aire ambiente y convertirse además en una nueva fuente de radiación térmica para quien trabaja junto a ella.

Riesgos térmicos

En una obra, esa acumulación se produce simultáneamente en numerosos elementos. Soriano señalaba que el andamio, las paredes y el asfalto desprendían calor a su alrededor, de modo que la sensación térmica del trabajador no dependía únicamente de la temperatura registrada por una estación meteorológica.

El contacto con superficies calientes añade además un peligro diferente al estrés térmico general: las quemaduras. El INSST contempla expresamente las lesiones provocadas por tocar objetos o superficies a elevada temperatura entre los riesgos térmicos que pueden aparecer durante determinadas actividades laborales.

Las manos son especialmente vulnerables porque sujetar, desplazar o ajustar una herramienta exige contacto directo. Una pieza metálica recalentada puede obligar al trabajador a soltarla de manera repentina, lo que introduce además otro riesgo cuando se trabaja en altura o junto a maquinaria.

El problema aparece mientras el propio cuerpo intenta enfrentarse al calor ambiental. La actividad física genera calor metabólico y, al mismo tiempo, el organismo recibe energía por radiación y convección desde un entorno que puede estar extremadamente caliente.

Para compensarlo aumenta la sudoración y se dirige más sangre hacia la piel. Cuando estos mecanismos dejan de ser suficientes pueden aparecer deshidratación, debilidad, dolor de cabeza, calambres y mareos, síntomas que el INSST incluye entre las consecuencias de la exposición laboral a altas temperaturas.

Soriano advertía precisamente de otro problema: muchos trabajadores no saben reconocer las señales que preceden a un golpe de calor. En su opinión, las empresas deberían explicar esos síntomas de manera habitual, algo que aseguraba que no siempre ocurría en las obras.

Otros trabajadores entrevistados junto a él describían situaciones similares. Francis García, albañil en Cáceres, relataba haber sufrido mareos y tener que refugiarse en un coche con el aire acondicionado al sentir que comenzaba a encontrarse seriamente mal.

El riesgo no desaparece simplemente bebiendo mucha agua. La prevención del estrés térmico debe considerar simultáneamente la temperatura, humedad, radiación, ventilación, esfuerzo físico, ropa utilizada y tiempo durante el que una persona permanece expuesta.

En construcción aparece además una paradoja difícil de evitar. Cascos, botas, pantalones largos, guantes y otros equipos son imprescindibles frente a golpes, caídas, cortes o quemaduras, pero algunas prendas también pueden dificultar la eliminación del calor corporal si no están adecuadamente diseñadas.

El INSST recomienda por ello seleccionar equipos que mantengan la protección necesaria pero favorezcan la transpiración y la disipación térmica. En trabajadores de la construcción especialmente expuestos menciona, entre otras posibilidades, cascos y calzado más ligeros y sistemas específicos de refrigeración.

La cuestión resulta especialmente relevante este verano. Julio de 2026 terminó como el mes de julio más cálido registrado en España desde que comenzó la serie en 1961, empatado con 2022, según el balance publicado por la Agencia Estatal de Meteorología.

Además, AEMET considera muy alta la probabilidad de que el conjunto formado por agosto, septiembre y octubre presente temperaturas medias situadas en el tercil cálido en toda España. Las jornadas extremas seguirán, por tanto, siendo un riesgo laboral durante las próximas semanas.

El problema del verano en una obra no se limita así a soportar 40 grados durante varias horas. Como describe Juan Carlos Soriano, el calor se instala también en los objetos que rodean al trabajador hasta conseguir que incluso coger una herramienta pueda convertirse en otra consecuencia directa de trabajar a pleno sol.