Sara García
Sara García, astronauta: “El mundo se vuelve loco durante un eclipse: los pájaros dejan de cantar y baja la temperatura”
Pájaros que callan y grillos que despiertan: el eclipse puede engañar durante unos minutos a los relojes naturales.
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El próximo miércoles, durante unos pocos minutos, durante el eclipse, el día parecerá romper sus propias reglas. La luz caerá de golpe, la temperatura descenderá y animales acostumbrados a orientarse por el ciclo solar pueden comportarse como si la noche hubiera llegado varias horas antes.
Sara García Alonso, bióloga molecular y miembro de la reserva de astronautas de la Agencia Espacial Europea, describió esa transformación al hablar del eclipse total del 12 de agosto. Durante esos instantes, explicó, el mundo “se vuelve loco de alguna manera”.
“Los pájaros dejan de cantar, los grillos empiezan... los animales se vuelven locos, baja la temperatura porque de repente es de noche...”, relató García durante su visita a La Revuelta. La frase resume algunos de los cambios que se han documentado durante eclipses anteriores.
La oscuridad será especialmente brusca para quienes se encuentren dentro de la franja de totalidad. El eclipse atravesará España desde Galicia hacia el este, pasando por territorios de la mitad norte peninsular y Baleares, mientras el sur contemplará el fenómeno como parcial.
No será una noche completamente convencional. La Luna bloqueará temporalmente la radiación solar y durante la totalidad aparecerán la corona del Sol, estrellas y algunos planetas, mientras el horizonte mantendrá cierta luminosidad alrededor de la zona cubierta por la sombra lunar.
Bajada térmica
La propia García lo ha definido estos días como “una experiencia sensorial bastante intensa”. La oscuridad aparece rápidamente y viene acompañada por cambios ambientales perceptibles, entre ellos modificaciones en la temperatura, la atmósfera y el comportamiento de determinadas aves.
La bajada térmica tiene una explicación sencilla. Al ocultarse el Sol disminuye bruscamente la energía que alcanza la superficie terrestre. El suelo deja de calentarse y comienza a enfriar también el aire situado inmediatamente encima, aunque la respuesta depende de las condiciones meteorológicas.
No existe una cifra fija para todos los eclipses. Una revisión de observaciones históricas encontró descensos diferentes según la estación, las nubes, la hora y el lugar, mientras investigaciones recientes señalan reducciones de varios grados durante algunos episodios de totalidad.
Ese enfriamiento puede modificar además el viento y la humedad. La literatura científica ha descrito reducciones de la velocidad del viento y alteraciones de la circulación atmosférica próxima al suelo cuando la sombra lunar elimina temporalmente el calentamiento solar.
La reacción de las aves resulta todavía más llamativa porque convierte el eclipse en una especie de experimento natural sobre sus relojes biológicos. Muchas especies utilizan las variaciones de luz para decidir cuándo cantar, alimentarse, buscar refugio o comenzar el descanso nocturno.
Un estudio publicado en Scientific Reports analizó registros acústicos del eclipse total que atravesó Norteamérica en abril de 2024. Los investigadores detectaron una reducción general del canto en aquellos lugares donde la ocultación del Sol superó el 99%.
El porcentaje resulta especialmente interesante. Con una cobertura del 95%, la luz ambiental puede parecerse todavía a la de un día muy nublado y los cambios de comportamiento fueron mucho menos consistentes. La transformación más clara apareció prácticamente al alcanzar la totalidad.
Eso ayuda a explicar por qué observar un eclipse al 99% no reproduce la experiencia del 100%. La diferencia astronómica parece mínima sobre el papel, pero el salto ambiental es enorme cuando desaparece finalmente toda la superficie brillante del Sol.
Tampoco todos los pájaros reaccionan igual. El estudio de 2024 encontró variaciones importantes entre especies y lugares, y los investigadores advierten de que no puede afirmarse que todas las aves guarden silencio o adopten exactamente el mismo comportamiento.
Algunas pueden dirigirse hacia zonas de descanso, otras reducen sus vocalizaciones y determinadas especies nocturnas comienzan a activarse. Cuando vuelve la luz, incluso se han observado comportamientos semejantes a los del amanecer, como si hubiera comenzado un nuevo día.
Los insectos pueden responder de manera parecida. De ahí la referencia de García a los grillos: organismos cuya actividad está fuertemente ligada a la luz y la temperatura pueden interpretar la oscuridad repentina como una señal semejante a la llegada del anochecer.
España ofrecerá además una circunstancia peculiar. El eclipse llegará al final de la tarde, con el Sol ya relativamente bajo. En A Coruña, por ejemplo, la totalidad durará unos 76 segundos; en Burgos alcanzará alrededor de 104 segundos.
La oscuridad durará muy poco, pero será suficiente para alterar temporalmente un sistema natural acostumbrado a cambios mucho más progresivos. Después, la radiación regresará, la temperatura comenzará a recuperarse y la mayor parte de los animales volverá rápidamente a su comportamiento habitual.