Paula Nuévalos ‪@agropauli‬

Paula Nuévalos ‪@agropauli‬ Agrolife Podcast 61

Ciencia

Paula Nuévalos, agricultora: "La vida en la ciudad es antinatural, viven aislados, no les da el sol, el calor o el frío. Es una cárcel"

La agricultora destaca que la vida en los pueblos fortalece los vínculos vecinales y permite recuperar el sentimiento de comunidad.

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J. Rodríguez
Publicada
Las claves

Las claves

Paula Nuévalos, agricultora, considera la vida urbana antinatural y compara la ciudad con una cárcel por la falta de contacto con la naturaleza.

Destaca la importancia de la comunidad y la red de apoyo en los pueblos, frente al aislamiento y la rutina acelerada de la ciudad.

Resalta que la conexión con la naturaleza y la vida rural aporta paz, equilibrio y sentido de pertenencia, aunque reconoce las dificultades del trabajo agrícola.

Nuévalos relaciona problemas como la ansiedad y la depresión con el alejamiento de la vida natural y critica la rigidez y estrés de la rutina urbana.

La vida urbana puede ofrecer empleo, servicios y comodidad, pero también imponer una rutina acelerada y alejada del exterior. Para Paula Nuévalos, agricultora, esa desconexión convierte la ciudad en un entorno profundamente antinatural.

La trabajadora del campo vivió durante ocho años en Valencia y recuerda que apenas conocía a quienes residían cerca. Ni siquiera el saludo cotidiano era habitual, una experiencia que contrasta con la convivencia rural.

Según explica en el pódcast Agrolife, los pueblos conservan una red de apoyo basada en la cercanía. Poder pedir ayuda y sentirse parte de una comunidad genera una pertenencia que, a su juicio, desaparece.

Nuévalos vive en una localidad de alrededor de 10.000 habitantes, rodeada de pequeñas aldeas. Aunque dispone de servicios y tiene un tamaño considerable, mantiene una relación vecinal que considera especialmente valiosa.

Más allá de esa dimensión comunitaria, la agricultora destaca la paz como el principal regalo que le ha proporcionado el campo. Allí encuentra tranquilidad y la sensación de estar exactamente donde quiere estar.

Conexión con la naturaleza

El contacto con la viña, los almendros y los cambios de cada estación le resulta reconfortante. Observar cómo aparecen las flores o trabajar acompañada de su perro le ayuda a recuperar el equilibrio.

Incluso durante los periodos de mayor carga laboral, regresar a sus cultivos transforma su estado de ánimo. Cuando comienza a podar, asegura que las preocupaciones se detienen y su mente empieza a generar ideas.

La agricultora reconoce que el trabajo rural está lleno de dificultades. Los precios, la lluvia, el frío, el granizo o fenómenos extremos como una dana pueden complicar una actividad que exige esfuerzo constante.

Sin embargo, considera que existe una conexión profunda entre las personas y la naturaleza. Atribuye esa sensación a la evolución y recuerda que los seres humanos desarrollaron su historia en contacto con el entorno.

Desde esa perspectiva, permanecer entre paredes, rodeado de tecnología y separado de los cambios meteorológicos sería una forma de vida alejada de nuestra biología. El cuerpo, sostiene, conserva esa herencia ancestral.

Nuévalos describe los espacios cerrados como una especie de cárcel, aunque reconoce que son necesarios. Trabajar en una oficina o una fábrica puede implicar pasar el día sin sol ni contacto directo.

La agricultora recuerda una etapa en la que entraba y salía de trabajar de noche. Durante muchas jornadas no veía la luz solar, una ausencia que comprendió plenamente cuando decidió regresar al campo.

Al recuperar esa vida, descubrió cuánto echaba de menos la exposición al exterior. También cuestionó una rutina marcada por horarios rígidos y pocos días de vacaciones, que personalmente llevaba con dificultad.

Para Nuévalos, esta falta de conexión con la naturaleza puede ayudar a comprender algunos problemas sociales. Menciona la ansiedad y la depresión como situaciones relacionadas, en su opinión, con vivir alejados de lo real.

La agricultora define la rutina urbana como una carrera constante: levantarse deprisa, acudir al trabajo, volver, ir al gimnasio y terminar el día cenando antes de repetir el mismo ciclo al día siguiente.

Pensar que esa dinámica podía mantenerse durante toda su vida le resultaba insoportable. La situación, añade, puede complicarse todavía más al tener hijos, porque la sensación de falta de tiempo aumenta.

La vida rural tampoco está libre de inconvenientes y la agricultura puede resultar poco rentable. Aun así, muchos profesionales encuentran difícil abandonar el campo porque sus beneficios personales van más allá del salario.