Imagen de archivo de un joven agricultor en Conil de la Frontera (Cádiz).

Imagen de archivo de un joven agricultor en Conil de la Frontera (Cádiz). EFE

Ciencia

Toni, agricultor: "Hemos expulsado del ecosistema mucha fauna necesaria para el control de plagas"

La pérdida de los depredadores naturales no sólo deshace el equilibrio biológico, sino que también incrementa la vulnerabilidad de las plantaciones.

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P. G. Santos
Publicada
Las claves

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La intensificación agrícola y la degradación ambiental han reducido drásticamente la fauna auxiliar en los campos españoles, aumentando las plagas.

En Ibiza, la proliferación de serpientes invasoras ha eliminado lagartijas autóctonas, desestabilizando el ecosistema y dejando los cultivos vulnerables a insectos dañinos.

Expertos recomiendan restaurar la biodiversidad nativa con infraestructuras ecológicas y control biológico para reducir el uso de pesticidas y mejorar la rentabilidad agrícola.

La tecnología, como sensores y drones, se perfila como aliada para detectar plagas y facilitar intervenciones más respetuosas con el entorno.

La intensificación de la actividad humana y la degradación ambiental están provocando un colapso silencioso en los campos agrícolas españoles, amenazando directamente la supervivencia de la fauna auxiliar que tradicionalmente ejercía como un eficaz escudo biológico contra diversas plagas.

Este fenómeno resulta especialmente crítico en entornos insulares como Ibiza, donde la alarmante proliferación de serpientes invasoras ha diezmado la población de lagartijas autóctonas, desequilibrando el ecosistema y dejando vía libre a insectos destructivos que arruinan las cosechas locales.

Ante este desolador panorama, el agricultor balear Toni Sur advierte con preocupación que "hemos expulsado del ecosistema mucha fauna necesaria para el control de plagas", una dolorosa realidad que obliga al sector a replantear urgentemente sus estrategias de supervivencia.

La pérdida de estos depredadores naturales deshace el equilibrio biológico e incrementa la vulnerabilidad de las plantaciones. Sin reptiles ni aves insectívoras, los labradores se ven desarmados frente a microorganismos nocivos que antes se controlaban de manera plenamente orgánica.

Restaurar la biodiversidad nativa

Los expertos señalan que insectos benéficos, anfibios, murciélagos y pequeños reptiles actúan como verdaderos pesticidas naturales. Su desaparición sistemática altera las cadenas tróficas, encareciendo los costes de producción y reduciendo la rentabilidad de las explotaciones agrícolas tradicionales españolas.

Este grave escenario científico exige un profundo cambio de paradigma en la gestión de la sanidad vegetal global. Ya no basta con aplicar productos químicos tradicionales; la ciencia actual demuestra que restaurar la biodiversidad nativa es la única solución.

El abuso histórico de fitosanitarios sintéticos ha agravado la situación, generando resistencias en los insectos dañinos y eliminando indiscriminadamente a sus enemigos naturales. Los campos se transforman así en desiertos biológicos, desprovistos de defensas frente a futuras invasiones patógenas.

Para revertir esta alarmante tendencia, diversas iniciativas proponen implantar infraestructuras ecológicas, como setos vivos y corredores verdes, que sirvan de refugio a la fauna auxiliar. Estas estructuras permiten que los depredadores naturales colonicen nuevamente las áreas de cultivo afectadas.

La transición hacia el control biológico no solo protege la naturaleza, sino que reporta notables beneficios económicos. Al reducir la dependencia de insumos químicos, los agricultores disminuyen costes operativos fijos y mejoran el valor comercial de alimentos más saludables.

Las directivas de la Unión Europea presionan firmemente en esta dirección, exigiendo una drástica reducción del uso de pesticidas sintéticos para finales de la década. Los productores españoles deben adaptarse con rapidez si quieren mantener su competitividad comercial exterior.

En este nuevo escenario, la tecnología y el monitoreo digital juegan un rol esencial. Sensores avanzados y drones de alta precisión permiten detectar brotes tempranos de plagas, facilitando intervenciones biológicas focalizadas que respetan el ciclo vital del entorno agrario.

No obstante, este cambio tecnológico requiere un fuerte apoyo institucional y formativo. Los agricultores necesitan asesoramiento técnico especializado para aprender a gestionar estos nuevos ecosistemas complejos y comprender las sutiles dinámicas biológicas que rigen la fauna auxiliar nativa local.