Imagen de archivo de un trabajador en una obra en Murcia.

Imagen de archivo de un trabajador en una obra en Murcia. EFE Marcial Guillén

Ciencia

Tim, albañil: "Esta semana llego a casa y me voy directo a dormir porque el calor extremo está destrozando mi cuerpo"

Su experiencia coincide con la ola de calor que afecta a amplias zonas de Estados Unidos, donde las altas temperaturas obligan a adaptar horarios.

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P. G. Santos
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Las claves

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El mes de junio fue el segundo más caluroso a nivel mundial, lo que ha convertido el calor extremo en un riesgo para miles de trabajadores.

Los albañiles, como Tim Marsh en Carolina del Norte, sufren fatiga extrema y problemas de salud debido a las altas temperaturas durante su jornada laboral.

Las empresas han implementado medidas como pausas frecuentes, hidratación y turnos adaptados, pero muchos trabajadores consideran que no son suficientes en olas de calor prolongadas.

El sector de la construcción es especialmente vulnerable, y especialistas insisten en la importancia de la prevención y adaptación de las condiciones laborales para evitar emergencias médicas.

El mes de junio fue el segundo más caluroso a nivel mundial, según los datos mensuales que publica el Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S). Con este récord de temperatura el calor ha dejado de ser una incomodidad estival para convertirse en un riesgo para miles de trabajadores.

En Estados Unidos, miles de personas han permanecido bajo alertas de altas temperaturas. Entre las profesiones más afectadas aparece la de albañil. Bien lo sabe Tim Marsh, quien trabaja en una obra a las afueras de la ciudad Charlotte (Carolina del Norte).

Según ha relatado a una radio local, en la primera semana de julio cada vez que llegaba a casa solo tenía fuerzas para irse a dormir porque el calor extremo estaba destrozando su cuerpo.

"Esta semana llego a casa y me voy directo a dormir", resume el trabajador, cuyo testimonio refleja el impacto que las altas temperaturas tienen sobre quienes desempeñan labores físicas al aire libre durante muchas horas seguidas sin apenas descanso.

Adaptar las condiciones laborales

Su experiencia coincide con la ola de calor que afecta amplias zonas de EEUU, donde las temperaturas excepcionalmente elevadas obligan a adaptar horarios, aumentar las pausas e intensificar la hidratación para reducir el riesgo de sufrir golpes de calor peligrosos.

Los especialistas recuerdan que el organismo pierde eficacia para regular su temperatura cuando permanece expuesto durante largos periodos al calor intenso. La combinación de esfuerzo físico, radiación solar y humedad incrementa notablemente la posibilidad de sufrir complicaciones médicas graves.

Entre los primeros síntomas aparecen mareos, calambres, fatiga extrema, confusión o náuseas. Si la temperatura corporal continúa aumentando sin una intervención rápida, el golpe de calor puede convertirse en una emergencia médica potencialmente mortal que requiere atención inmediata especializada.

Para quienes trabajan levantando estructuras, transportando materiales o utilizando maquinaria pesada, esa fatiga también supone un problema adicional. La pérdida de concentración favorece errores, disminuye los reflejos y aumenta significativamente el riesgo de accidentes dentro de las obras activas.

Las empresas del sector han comenzado a introducir medidas preventivas como pausas más frecuentes, zonas de sombra, suministro constante de agua y reorganización de los turnos para evitar que las tareas físicamente más exigentes coincidan con las horas centrales del día.

Sin embargo, numerosos trabajadores sostienen que esas iniciativas no siempre resultan suficientes cuando las temperaturas alcanzan niveles excepcionales durante varios días consecutivos. El desgaste físico se acumula progresivamente y la recuperación entre jornadas termina siendo claramente insuficiente para muchos empleados.

Los expertos en salud laboral insisten en que la prevención debe comenzar antes incluso del inicio del turno. Mantener una hidratación adecuada, utilizar ropa transpirable, reconocer los síntomas iniciales y comunicar cualquier malestar puede evitar consecuencias especialmente graves para los trabajadores.

La construcción figura entre los sectores especialmente vulnerables, aunque agricultura, transporte, mantenimiento urbano y servicios de emergencia también afrontan desafíos similares. Adaptar las condiciones laborales deja de ser únicamente una cuestión de comodidad para convertirse en una necesidad preventiva prioritaria.

Mientras tanto, testimonios como el de Tim Marsh ponen rostro a una realidad cada vez más habitual. Llegar a casa sin fuerzas para nada más que dormir resume el coste invisible que el calor extremo impone diariamente sobre quienes construyen ciudades bajo el sol.