Imagen de archivo de un hombre de 60 años escuchando música.

Imagen de archivo de un hombre de 60 años escuchando música. iStock

Ciencia

La psicología dice que las personas que escuchan siempre las mismas canciones a los 60 usan la música como un refugio

Repetir siempre las mismas canciones puede deberse a múltiples motivos. Pero, a partir de cierta edad, esta repetición sería una especie de refugio mental.

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Las claves

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Las personas de 60 años suelen escuchar las mismas canciones porque la música actúa como un refugio emocional y mental.

Un estudio analizó datos de más de 40.000 usuarios y concluyó que con la edad el gusto musical se estrecha y se prefiere la música de la juventud.

Escuchar canciones conocidas facilita la evocación de recuerdos autobiográficos y ofrece estabilidad emocional en etapas de cambios vitales.

La preferencia por música antigua no implica rechazo a la novedad, sino que responde a una necesidad de continuidad y autorregulación emocional.

Hay canciones que no envejecen porque, en realidad, tampoco pertenecen del todo a nuestro presente. Pertenecen a un momento, a una habitación, una carretera, una ruptura, un verano determinado, a un grupo de amigos, o incluso a una versión de nosotros mismos que ya dejó de existir.

Y, a pesar de ello, dichos momentos o versiones siguen siendo reconocibles al volver a escuchar ciertas canciones en especial. Por ello, cuando una persona de 60 años escucha una y otra vez las mismas canciones, no significa que rechace la novedad: muchas veces es un intento de regresar a ese "lugar seguro".

Así lo sugeriría un estudio llevado a cabo por Alan Said y sus colegas de la Universidad de Gotemburgo en Suecia, cuyos hallazgos se presentaron en una conferencia internacional de informática en junio, pero que aún no han sido revisados por pares.

Con la edad, el gusto musical tiende a estrecharse, como comenta Said: "Cuando eres joven, quieres experimentarlo todo. No vas a un festival de música solo para escuchar a un grupo en particular.

Más allá del entretenimiento

Pero, cuando te haces adulto, normalmente ya has encontrado un estilo musical con el que te identificas". Y esto no es una mera opinión, sino una de las conclusiones a las que llegaron los investigadores tras analizar datos de más de 40.000 usuarios de Last.fm durante un periodo de 15 años, más de 540 millones de producciones musicales y más de un millón de canciones diferentes.

Una lectura superficial del estudio podría llevarnos erróneamente a suponer que nos volvemos menos curiosos con la edad. Sin embargo, la psicología ofrece otra explicación más compleja: la música no es solo entretenimiento, sino una forma de memoria comprimida.

Una canción conocida puede actuar como una llave que abre recuerdos autobiográficos con una precisión incluso superior a una fotografía. No somos capaces solo de recordar la melodía, sino también quiénes éramos o qué hacíamos cuando escuchábamos dichas canciones.

Este fenómeno conecta con el llamado "pico de reminiscencia", una etapa de la vida que se produce entre la adolescencia y la primera adultez, en la cual se fijan muchos de los recuerdos que luego consideramos como pilares básicos de nuestra identidad.

No es casualidad que existan multitud de personas que siguen prefiriendo la música que descubrieron entre los 15 y los 25 años. Aquellas canciones que llegaron cuando el cerebro se encontraba especialmente sensible a la novedad, al grupo, al amor, a la sensación de pertenencia y a la construcción del "yo".

Cuando llegamos a los 60 años de edad, estas canciones pueden servir como una forma de refugio psicológico. No debe interpretarse como una "huida" patológica de la realidad, sino más bien como un mecanismo de autorregulación emocional.

Se trata de un momento de la vida donde pueden aparecer pérdidas, jubilaciones, cambios familiares, enfermedades propias o familiares o una sensación más aguda del paso del tiempo; se trata de un momento donde la música familiar ofrece una "continuidad" mental.

Volver a escuchar una o varias canciones conocidas ofrece estabilidad mental y previsibilidad emocional.

Por contra, las canciones nuevas nos exigen atención, interpretación e incluso esfuerzo. Sin embargo, las canciones antiguas y conocidas son simple memoria: sabemos qué melodía sonará y qué palabras se repetirán, e incluso qué recuerdo evocará cada canción, asociando emociones similares cuando las volvamos a escuchar.

Para muchas personas, esta repetición es una forma de orden mental y emocional.

Todo esto no significa que a medida que envejecemos cerremos la puerta a la novedad. De hecho, el propio estudio sugiere que las personas mayores pueden seguir descubriendo música, aunque de forma más selectiva y menos guiada por las modas; la estabilidad no es sinónimo de rigidez.

Aunque hay personas que repiten canciones porque les otorgan calma mental, también hay otras que dejan de explorar por aislamiento, apatía o falta de estímulos.

La diferencia entre ambos grupos de personas está en cómo dicha música afecta a su vida: si les hace conectar y les consuela, es un refugio; si la música sustituye todo contacto con el presente, sí puede convertirse en un encierro mental que puede llegar a ser problemático.