Varias personas se refrescan en una fuente junto a la Torre Eiffel de París.

Varias personas se refrescan en una fuente junto a la Torre Eiffel de París. Yoan Valat EFE

Meteorología

Los meteorólogos están de acuerdo: España resiste mejor las olas de calor que Francia y "no es solo por genética"

La razón por la que algunas ciudades soportan mejor las altas temperaturas se encuentra en tres aspectos claves: las persianas, la siesta y los hospitales.

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P. G. Santos
Publicada
Las claves

Las claves

España resiste mejor las olas de calor que Francia gracias a una adaptación estructural basada en vivienda, sanidad pública y organización social.

La arquitectura española, con persianas exteriores, muros gruesos y patios, reduce significativamente la ganancia térmica frente a los edificios del norte de Europa.

El modelo social español, con horarios flexibles y siesta, ayuda a evitar la exposición a las horas de más calor, algo menos común en otros países europeos.

Expertos advierten que el cambio climático está poniendo a prueba la ventaja histórica de España, ya que las olas de calor son cada vez más intensas y prolongadas.

El mes de junio ha pulverizado los récords térmicos en prácticamente toda Europa. Sin embargo, las altas temperaturas no se resisten del mismo modo en las distintas ciudades del continente.

Así, si cuando en Madrid o Sevilla el termómetro supera los 40 ºC, la vida continúa; en París, 32 ºC bastan para colapsar el transporte y la ciudad entera. La diferencia no es casualidad ni cuestión de carácter nacional.

La ciencia médica y la arquitectura coinciden en que la resistencia española responde a una adaptación estructural sostenida, construida sobre tres pilares: vivienda, sanidad pública y organización social del verano.

En salud pública existe el concepto de temperatura de mortalidad mínima, el rango en el que una población sufre menos muertes por calor. En España ese umbral es más alto que en el norte, porque cuerpo y sociedad llevan generaciones ajustándose.

Un modelo para Europa

La arquitectura marca una diferencia decisiva. Mientras el norte europeo construyó para retener el sol, con grandes ventanales y aislamientos que en verano actúan como trampas térmicas, la vivienda española repele la radiación antes de que entre en casa.

La persiana exterior es el ejemplo más claro. A diferencia de las cortinas interiores del norte, bloquea el sol antes de atravesar el cristal y reduce la ganancia térmicainterior hasta un 60%, algo que París ha imitado, tal y como han explicado desde Meteored.

A eso se suman muros gruesos, encalado blanco, toldos y patios de tradición romana y árabe, que generan microclimas frescos imposibles de replicar en fachadas acristaladas nórdicas. Son soluciones antiguas convertidas en escudos térmicos frente a episodios extremos.

La organización social también protege. La siesta y los horarios flexibles de verano permiten evitar las horas de máxima radiación, mientras el comercio cierra al mediodía. En Alemania o Reino Unido, jornadas rígidas obligan a desplazarse en pleno pico térmico.

El punto de inflexión llegó en 2003, cuando una ola de calor causó unas 70.000 muertes en Europa, casi 15.000 de ellas en Francia. España respondió creando el Plan Nacional de Actuaciones Preventivas, con alertas regionalizadas.

Ese plan incluye seguimiento telefónico a los pacientes vulnerables y visitas domiciliarias en episodios de calor extremo. Está coordinado por el Ministerio de Sanidad junto al sistema de vigilancia de la mortalidad diaria, que detecta repuntes con rapidez.

Mientras el norte de Europa carecía históricamente de aire acondicionado generalizado, España afronta cada verano con la misma rigurosidad sanitaria que otros países dedican a la vacunación de la gripe, algo que explica su menor mortalidad relativa por calor.

Sin embargo, esta ventaja tiene límites claros. La aclimatación mejora la sudoración y la respuesta cardiovascular, pero ante temperaturas extremas con humedad alta, el organismo pierde capacidad para disipar el calor, aunque esté acostumbrado a los veranos mediterráneos.

El cambio climático amenaza con borrar esa ventaja histórica. Las olas de calor llegan antes, duran más y son más intensas, con noches que ya no bajan de los 25 ºC.

España sigue siendo, por ahora, el modelo al que mira media Europa para aprender a convivir con el calor extremo. Pero los expertos advierten de que la adaptación acumulada empieza a resultar insuficiente frente a un enemigo cada vez más fuerte.