Gato en el veterinario.

Gato en el veterinario. Freepik

Ciencia

Los farmacéuticos españoles están de acuerdo: el mayor error con los gatos es querer que se comporten como perros

Entender su lenguaje corporal, respetar sus tiempos y adaptar la casa a su naturaleza evita muchos errores cotidianos con los felinos.

Más información: Entró en vigor: la Ley de Bienestar Animal prohíbe tener a gatos de forma permanente en terrazas y balcones

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Las claves

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El mayor error al convivir con gatos es tratarlos como si fueran perros, lo que provoca malentendidos y problemas de convivencia.

Los gatos necesitan controlar su entorno, elegir cuándo acercarse y disponer de espacios seguros adaptados a sus necesidades.

Administrar medicamentos o productos destinados a perros puede ser peligroso para los gatos; sus necesidades biológicas son diferentes.

Comprender el lenguaje y el comportamiento felino es esencial para evitar el estrés y promover el bienestar del gato en casa.

En España hay más de 5,6 millones de gatos registrados, pero muchos siguen conviviendo en hogares donde se entiende mejor el lenguaje del perro. La lógica canina se cuela en la forma de cuidarlos, corregirlos o pedirles cariño.

En una entrevista publicada por el diario Clarín, la farmacéutica veterinaria y presidenta de FDCATS Agnès Dufau lo apuntó con mucha claridad. “El mayor error es pensar que los gatos son perros pequeños”, señaló.

Con esta frase se resumen muchos malentendidos cotidianos. Un gato interpreta de otra manera el contacto, el territorio, la rutina y el juego. Cuando se le exige la misma respuesta que a un perro, pueden aparecer frustración, miedo o problemas de convivencia.

Desde la farmacia española, el Consejo General de Colegios Farmacéuticos lanza una advertencia en la misma línea. Los gatos tienen particularidades biológicas importantes y no pueden tratarse como una versión pequeña de otra especie.

Cómo adaptar el entorno

Una de las claves que hay que entender es que muchos gatos parecen distantes porque se les mide con expectativas equivocadas. Necesitan controlar su entorno, retirarse cuando lo desean y elegir cuándo se acercan.

Dufau también defiende que muchos gatos parecen distantes porque se les mide con expectativas equivocadas. Necesitan controlar su entorno, retirarse cuando lo desean y elegir el momento de acercarse.

En la misma línea, las directrices de la AAFP y la ISFM recuerdan que el bienestar del gato depende también del entorno. Atender sus necesidades ambientales es “esencial” para reducir el estrés y prevenir problemas de conducta.

Ese cuidado va más allá de poner comida y arenero. Incluye un lugar seguro, recursos separados, juego que simule la caza, contacto humano positivo y respeto por su mundo olfativo. La casa también debe estar pensada para el gato.

Un gato puede demostrar afecto de forma discreta. Tumbarse cerca, parpadear despacio, buscar la misma habitación o rozarse al pasar son señales importantes, aunque no reclame caricias constantes.

También conviene respetar cómo empieza y termina el contacto. Si el animal se acerca, acepta unas caricias y luego se marcha, la interacción ha funcionado. Insistir cuando intenta alejarse puede volver incómodo un gesto cariñoso.

Los errores a evitar

El Consejo General de Colegios Farmacéuticos recuerda que los medicamentos no se comportan igual en todas las especies. En gatos, la absorción, el metabolismo y la eliminación de fármacos pueden cambiar mucho respecto a perros o humanos.

Por eso, lanzan una recomendación clara: "Nodebemos administrar la misma dosis o pauta en gatos que en perros". La advertencia sirve tanto para medicamentos como para algunos productos antiparasitarios.

Un ejemplo muy común es la permetrina, presente en algunas pipetas antiparasitarias para perros. En gatos puede resultar muy tóxica e incluso letal, por lo que nunca deben usarse productos caninos sin indicación veterinaria.

El mismo principio ayuda a entender la conducta. Gritar, perseguir, castigar o forzar el contacto puede ser inútil o contraproducente con un gato, y suele aumentar el miedo o deteriorar la relación.

La Ley de bienestar animal también apunta hacia un manejo respetuoso. Los animales deben tratarse sin provocarles miedo, ansiedad o sufrimiento innecesario. Comprender la especie forma parte del cuidado responsable.

Cómo entenderlo en casa

GEMCA, el grupo de comportamiento de AVEPA, recomienda adaptar el entorno a las necesidades del animal. En gatos, rascadores, zonas elevadas, escondites y rutinas previsibles ayudan a explorar, acechar y descansar con seguridad.

El juego tampoco consiste en cansarlo como si fuera un perro. A muchos gatos les ayuda más perseguir, detenerse, acechar, capturar y soltar, respetando su secuencia natural de caza.

Los recursos también importan. Comida, agua, arenero, descanso y rascadores deberían estar bien distribuidos, especialmente si viven varios gatos en la misma casa. Obligarlos a compartir demasiado puede aumentar la tensión.

El Colegio Oficial de Veterinarios de Madrid advierte de que algunas señales felinas se malinterpretan con facilidad. Pupilas dilatadas, orejas hacia los lados, cola agitada o inmovilidad pueden indicar miedo o estrés.

Cuando un gato araña un sofá, se sube a una mesa o se esconde ante visitas, no siempre está desafiando a nadie. Puede estar marcando, buscando altura, protegiéndose o expresando una necesidad que el entorno no cubre bien.

Hay cambios que merecen consulta. Dejar de comer, orinar fuera del arenero, esconderse de repente o rechazar un contacto habitual puede indicar dolor, enfermedad o estrés.

Querer a un gato como a un perro puede nacer del cariño, pero suele terminar en malentendidos. El buen cuidado empieza cuando dejamos de compararlo y aprendemos a leerlo como gato.