Varios turistas pasean por el centro de Valéncia, mientras tratan de mitigar el calor bajo la fuente que pulveriza agua en la plaza de la Reina.

Varios turistas pasean por el centro de Valéncia, mientras tratan de mitigar el calor bajo la fuente que pulveriza agua en la plaza de la Reina. EFE Manuel Burque

Ciencia

Los arquitectos coinciden: "Las ciudades afectan negativamente al bienestar físico y mental por cómo están construidas"

Las formas geométricas, la luz y los materiales alteran físicamente nuestra química cerebral, afectando nuestra producción de cortisol.

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P. G. Santos
Publicada
Las claves

Las claves

Las ciudades modernas, diseñadas para la productividad y el tráfico, impactan negativamente en la salud física y mental de sus habitantes.

La neuroarquitectura, apoyada en evidencia científica, propone diseñar espacios que fomenten el bienestar emocional y físico.

Estudios demuestran que entornos verdes y peatonales reducen el estrés y favorecen la recuperación de los pacientes.

La arquitecta Laura Ortín defiende crear espacios con identidad y microclimas emocionales que promuevan la calma y la pertenencia.

Las ciudades levantadas en las últimas décadas, pensadas para producir sin descanso y mover coches a toda velocidad, están minando nuestra salud física y mental, advierte la arquitecta murciana Laura Ortín, una de las voces de referencia en la llamada neuroarquitectura.

Su diagnóstico parte de una premisa contundente: una vez que conoces qué muestra la ciencia sobre cómo el entorno construido impacta en el cerebro, ya no puedes mirar una calle, una oficina o una vivienda de la misma manera.

Ortín recuerda que la arquitectura no es solo refugio, sino una herramienta que moldea emociones, comportamientos y relaciones sociales, hasta el punto de que ciertas decisiones de diseño pueden favorecer la calma o cronificar el estrés.

La neuroarquitectura, explica en esta entrevista, que no es una corriente estética de moda, sino un enfoque que combina evidencia científica y sensibilidad para proyectar espacios que cuidan: viviendas, oficinas y ciudades pensadas desde el cuerpo y la mente.

Crear entornos de calma

En ese marco, la arquitecta es tajante con el urbanismo dominante: "las ciudades que hemos construido, pensadas para la productividad y los coches, afectan negativamente a nuestro bienestar físico y mental", resume, reclamando una revisión profunda del modelo.

Ortín cita investigaciones que muestran que los pacientes se recuperan antes cuando desde la ventana ven un árbol y no un muro, o que el cortisol, la hormona del estrés, desciende en entornos verdes, diversos y peatonales.

Son datos que, a su juicio, obligan a replantear avenidas sobredimensionadas, plazas duras sin sombra y barrios donde la vida cotidiana depende casi por completo del coche particular.

El problema no es solo fisiológico, sino identitario: la arquitecta denuncia el placelessness; es decir, esa sensación de estar en ninguna parte porque las ciudades se llenan de espacios intercambiables, sin memoria ni rasgos propios reconocibles.

Estamos, dice, rodeados de lugares que no despiertan pertenencia ni afecto, escenarios neutros pensados para consumir y desplazarse rápido, pero no para quedarse, encontrarse o construir vínculos significativos.

Frente a ello, Ortín defiende una arquitectura que active "microclimas emocionales", entornos capaces de generar calma, inspiración o protección mediante decisiones concretas sobre luz, materiales, colores y recorridos.

En su propio estudio en Murcia ha ensayado ese enfoque: abundante luz natural, materiales táctiles como madera y cerámica, control acústico y una distribución fluida que se parece más a una casa que a una oficina convencional.

El objetivo, explica, no es solo mejorar la productividad, sino crear un lugar habitable que reduzca el ruido mental, facilite la concentración y permita conversaciones sin eco, algo que muchas oficinas abiertas no logran.

La clave está en entender el espacio como un estímulo continuo para el sistema nervioso: una calle saturada de ruido y tráfico no impacta igual que un paseo arbolado con referentes visuales claros y zonas de estancia.

En ciudades diseñadas "para ir de un punto A a un punto B lo antes posible", las señales que recibe el cerebro tienden a la sobreestimulación, lo que se traduce en cansancio crónico, irritabilidad y menor capacidad de atención.

La neuroarquitectura propone lo contrario: recuperar la escala humana, introducir naturaleza, cuidar la acústica y diseñar recorridos que permitan orientarse con facilidad y reconocer el lugar como propio.