Una cajera de supermercado con poca densidad capilar.

Una cajera de supermercado con poca densidad capilar. Gemini

Ciencia

Miriam Represas, experta capilar: "La caída del pelo impacta mucho más en quienes trabajan de cara al público"

Estrés, ansiedad, alimentación y genética pueden acelerar la pérdida de cabello, con gran impacto emocional y social en quienes la padecen.

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Las claves

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La caída del cabello, aunque natural, puede afectar la autoestima y provocar estrés, especialmente en personas con alta exposición social.

Factores como el estrés, la ansiedad, una dieta poco equilibrada y la predisposición genética influyen en la intensidad de la caída capilar.

El impacto emocional de la pérdida de cabello varía según el estado anímico de cada persona y la etapa vital que atraviese.

Trabajar de cara al público aumenta la presión y la preocupación por la caída del cabello, haciéndola más significativa para estos profesionales.

Encontrar más cabello de lo habitual en el cepillo, en la almohada o en el desagüe de la ducha es una situación que preocupa cada vez a más personas.

Aunque perder pelo forma parte de un proceso completamente natural, cuando esa caída se vuelve más evidente puede generar inseguridad, afectar a la autoestima e incluso convertirse en una fuente de estrés.

Y es que el cabello sigue siendo uno de los elementos más importantes, ligado a nuestra imagen personal.

Miriam Represas, directora clínica y fundadora de Neocapilar, explica a EL ESPAÑOL que antes de alarmarse es importante entender que el cabello se renueva constantemente.

"Perder el pelo es completamente normal y es algo natural, porque evidentemente necesitamos que ese pelo se regenere. Eso es importante que lo tengamos en cuenta", relata.

Sin embargo, detrás de una caída capilar más intensa suelen esconderse otros muchos factores. El ritmo acelerado del día a día, los periodos de ansiedad, el estrés prolongado o incluso una alimentación poco equilibrada pueden pasar factura al cabello.

A ello se suma la conocida alopecia androgenética, de origen genético, aunque la especialista recuerda que la herencia no siempre tiene la última palabra.

"Dentro de que tengas esa predisposición genética o no, tienes factores externos que te inducen y que te ayudan a que te caiga muchísimo más el pelo", asegura.

Por eso, insiste en la importancia de acudir a un especialista para identificar qué está ocurriendo y actuar cuanto antes.

Un diagnóstico personalizado puede marcar la diferencia a la hora de frenar la caída y recuperar la salud capilar, así como la psicológica.

Y es que más allá del aspecto físico, ese impacto emocional es una realidad que muchas veces pasa desapercibida.

Ver cómo cambia la densidad del cabello puede afectar profundamente a la forma en que una persona se percibe a sí misma.

"Cualquier persona en situación de vulnerabilidad, da igual edad o género, puede sufrir por la pérdida de pelo. Pues, no depende tanto de la caída en sí como del estado anímico y emocional de cada uno", detalla.

De hecho, el momento vital que atraviesa cada persona influye directamente en cómo vive este proceso. "Hay momentos en la vida en los que estás mejor y las cosas te afectan menos, y otros en los que estás peor y todo influye más", señala Miriam.

Y es que una etapa complicada a nivel personal, una ruptura o una situación de estrés laboral pueden hacer que la caída del cabello se convierta en una preocupación mucho mayor.

No obstante, el entorno también juega un papel clave. Sentirse apoyado por familiares y amigos ayuda a afrontar mejor la situación, mientras que las críticas o comentarios sobre el aspecto físico pueden aumentar la inseguridad.

Además, la exposición social también es un factor muy importante. "No es lo mismo trabajar cara al público que teletrabajar. La exposición social hace que algunas personas lo vivan con más presión y vergüenza, por eso esta caída impacta más en quienes están de cara al público", asegura la experta.

Porque, aunque la caída del cabello es una cuestión de salud, para muchas personas también es una cuestión de bienestar emocional.

Y, tal y como asegura la especialista desde su clínica, entender esa conexión es el primer paso para abordar el problema de forma integral.