Cuevas de Marruecos.
Marruecos cambia la historia: una cueva del Sáhara revela un pasado verde clave para entender su futuro climático
Una cueva del Sáhara marroquí cambia la memoria climática del desierto: sus estalagmitas guardan señales de un pasado más húmedo.
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Marruecos acaba de abrir una ventana inesperada al Sáhara que ya no existe. En cuevas situadas al sur del Atlas, los científicos han encontrado estalagmitas capaces de reconstruir cuándo aquel paisaje árido recibió mucha más lluvia.
El hallazgo procede de un estudio publicado en Earth and Planetary Science Letters por investigadores de la Universidad de Oxford y del Institut National des Sciences de l’Archéologie et du Patrimoine de Marruecos. El trabajo analiza cuevas del Sáhara noroccidental actual.
La clave está en una idea sencilla: una estalagmita solo crece si hay agua filtrándose desde la superficie. Cada capa de carbonato cálcico funciona como una página mineral que conserva señales químicas de la lluvia que la formó.
Por eso estas formaciones son archivos climáticos tan valiosos. Oxford explica que las estalagmitas se generan cuando el agua de lluvia atraviesa el suelo, entra en la cueva y deposita minerales gota a gota durante miles de años.
El resultado cambia la imagen clásica del desierto. Las muestras indican que esta región recibió más lluvia entre hace 8.700 y 4.300 años, durante el llamado Periodo Húmedo Africano, cuando partes del Sáhara fueron mucho más habitables.
Estalagmitas de Kef Thaleb, Asdif y Ksar
No hablamos de un simple episodio local. Según los investigadores, ese aumento de lluvia al sur del Atlas recargó ríos y acuíferos, mejoró la habitabilidad del territorio y pudo facilitar conexiones humanas a través del Sáhara.
La arqueología encaja con ese cambio climático. El mismo periodo coincide con una mayor presencia de yacimientos neolíticos al sur del Atlas, seguida de un descenso cuando regresaron las condiciones áridas y el paisaje volvió a cerrarse.
La parte más interesante está en el mecanismo. Durante años, el “Sáhara verde” se ha explicado sobre todo por el avance del monzón africano hacia el norte. Este estudio añade una pieza más compleja al rompecabezas climático.
Los investigadores apuntan a las plumas tropicales, enormes bandas de humedad capaces de viajar desde regiones tropicales hacia zonas subtropicales. Según Phys.org, los autores usaron isótopos de oxígeno en estalagmitas de Kef Thaleb, Asdif y Ksar.
Esos valores químicos permiten rastrear el origen del agua y sugieren que parte de las lluvias antiguas no dependieron solo del monzón. También habrían llegado mediante episodios atmosféricos capaces de llevar humedad hacia el Sáhara noroccidental.
El dato ayuda a mirar Marruecos de otra manera. Una cueva seca, aparentemente silenciosa, puede conservar la memoria de un paisaje con más vegetación, más agua, ganado, rutas humanas y comunidades capaces de moverse por un territorio menos hostil.
La percha climática está en el presente. Oxford señala que esta evidencia ayuda a entender cómo podrían cambiar las lluvias al sur del Atlas en el futuro, porque esos mecanismos atmosféricos siguen siendo relevantes en un mundo más cálido.
Eso no significa que el Sáhara vaya a reverdecer de forma automática. Significa algo más útil: los registros antiguos permiten estudiar qué mecanismos llevaron agua al desierto y cómo podrían comportarse bajo nuevas condiciones climáticas.