Jordi Olloquequi, psicólogo.

Jordi Olloquequi, psicólogo.

Ciencia

Jordi Olloquequi, psicólogo: "Los perros no solo nos acompañan, también previenen nuestro envejecimiento cerebral"

El especialista asegura que las mascotas nos obligan a salir a diario para pasear, estableciendo rutinas de ejercicio que combaten el sedentarismo.

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P. G. Santos
Publicada
Las claves

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Adoptar un perro aporta beneficios neuroprotectores y puede frenar el envejecimiento cerebral, según el psicólogo Jordi Olloquequi.

Estudios científicos relacionan la tenencia de perros con mejores indicadores cognitivos, especialmente en memoria y velocidad de procesamiento.

El cuidado de un perro promueve la actividad física, la rutina y la socialización, hábitos que favorecen la salud mental y el bienestar.

Los beneficios cognitivos de convivir con perros son más notables en personas mayores de 50 años y en quienes viven solos.

La constante búsqueda científica para frenar nuestro deterioro cognitivo ha encontrado una respuesta sorprendente pero muy cotidiana. Adoptar un perro no solamente aporta cariño en nuestra vida, sino que también funciona como un poderoso escudo neuroprotector humano.

Así lo sostiene en un vídeo publicado en TikTok el psicólogo Jordi Olloquequi, quien vincula la convivencia canina con un envejecimiento cognitivo más lento. Su tesis es bien sencilla: los perros acompañan, obligan a salir a pasear y facilitan la socialización.

Este conjunto de estímulos, explica, actúa como un elemento neuroprotector capaz de beneficiar al cerebro durante el paso de los años. La afirmación no surge de una intuición aislada.

Distintos trabajos sobre mascotas han encontrado asociaciones entre la tenencia de animales y mejores indicadores cognitivos, sobre todo en dueños de perros, con resultados especialmente favorables en memoria y velocidad de procesamiento.

Uno de esos estudios, publicado en Frontiers in Aging Neuroscience, observó que la propiedad de mascotas se relacionaba con mayor salud cognitiva y estructuras cerebrales más grandes. El efecto fue más intenso en los dueños de perros, y la edad cerebral podía reducirse hasta quince años.

Otro trabajo concluyó que la convivencia con mascotas se asociaba con un deterioro cognitivo más lento en adultos mayores de 50 años. El beneficio aparecía con más fuerza entre quienes vivían solos, un grupo especialmente vulnerable.

El valor del paseo

La explicación, según Olloquequi, no se limita al cariño que despierta una mascota. El perro introduce una obligación cotidiana de moverse, salir de casa y mantener horarios, tres hábitos que favorecen la actividad física y la estimulación mental.

A eso se suma la dimensión social. Pasear con un perro abre conversaciones, rompe la soledad y facilita encuentros repetidos con vecinos o conocidos. Esa interacción, aparentemente menor, puede reforzar la reserva cognitiva y amortiguar el impacto del aislamiento sobre el cerebro.

La literatura científica ha insistido en ese mecanismo indirecto: no es solo el animal, sino el estilo de vida que induce. Menos sedentarismo, más contacto social y mayor sensación de bienestar forman una combinación que podría ayudar a preservar funciones como la atención.

En edades avanzadas, esa diferencia resulta decisiva. La evidencia disponible no permite hablar de una cura ni de una protección absoluta frente a la demencia, pero sí de un factor asociado a mejor envejecimiento cerebral y menor ritmo de deterioro cognitivo.

El mensaje de fondo es prudente, pero relevante: convivir con un perro no sustituye a otros cuidados de salud, aunque sí puede sumar beneficios medibles. Para Olloquequi, el animal actúa como un aliado cotidiano de la mente, no como un simple compañero de juego.

Su planteamiento encaja con una tendencia cada vez más estudiada por la ciencia del envejecimiento: los hábitos que combinan movimiento, vínculo emocional y contacto social protegen mejor el cerebro que la vida sedentaria y aislada. En ese mapa, el perro ocupa un lugar destacado.