Proyecto HERAKLES con el equipo de la Universidad de Cádiz (UCA).
Investigadores españoles concuerdan: Gibraltar esconde un cementerio submarino con 150 naufragios
El Proyecto Herakles ha identificado 151 yacimientos arqueológicos subacuáticos, incluidos 134 naufragios, en una de las rutas marítimas más transitadas del mundo.
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Bajo las aguas de la bahía de Algeciras no había solo restos dispersos de barcos antiguos. Había un archivo submarino entero entre el Mediterráneo y el Atlántico, acumulado durante siglos en una de las rutas marítimas más transitadas del planeta.
El Proyecto Herakles, liderado por investigadores de la Universidad de Cádiz, ha identificado 151 yacimientos arqueológicos subacuáticos en la zona. Entre ellos hay 134 naufragios, una cifra que convierte el entorno de Gibraltar en un gran cementerio naval.
La cronología es tan llamativa como la escala. Los restos abarcan desde el siglo V antes de Cristo, en época púnica, hasta la Segunda Guerra Mundial, lo que permite leer más de 2.400 años de navegación, comercio y guerra.
Ahí está la clave del hallazgo. Gibraltar no esconde solo pecios sueltos, sino una secuencia histórica larguísima, formada por barcos púnicos, romanos, medievales islámicos, modernos y contemporáneos hundidos en un punto estratégico.
El Estrecho siempre fue una frontera líquida y una autopista marítima. Por allí pasaron mercancías, ejércitos, flotas imperiales, navegantes comerciales y buques militares. Cada naufragio añade una capa nueva a esa historia de tránsito permanente.
Un cementerio naval único
El conjunto incluye un barco púnico, 23 barcos romanos, embarcaciones medievales del periodo islámico y hasta un cañonero español del siglo XVIII, conocido como Puente Mayorga IV.
Ese último caso ayuda a entender la riqueza del yacimiento. No se trata de una acumulación repetitiva de restos parecidos, sino de un catálogo de civilizaciones, conflictos y tecnologías navales que atravesaron el mismo cuello de botella marítimo.
El País explicó que, entre mayo de 2020 y marzo de 2023, el proyecto documentó 34 pecios concretos con técnicas geofísicas y herramientas digitales modernas, además de ampliar enormemente el inventario arqueológico subacuático de la bahía.
El hallazgo también cambia la forma de mirar Gibraltar. Su historia no está solo en la roca, las fortalezas o los conflictos diplomáticos, sino también en el fondo marino, donde las corrientes han conservado una memoria menos visible.
Ese patrimonio, además, no está a salvo. Los investigadores advierten de amenazas como el desarrollo portuario, los dragados, los fondeos, el tráfico marítimo moderno y los cambios ambientales que alteran las condiciones del fondo.
El cambio climático añade otra presión. La subida del nivel del mar, las corrientes modificadas y la expansión de especies invasoras pueden acelerar el deterioro de estructuras que ya han permanecido siglos bajo lodo, arena y agua salada.
Por eso el trabajo no consiste solo en localizar barcos hundidos. También implica documentarlos antes de que desaparezcan, crear modelos digitales, reconstruir contextos históricos y explicar al público que el fondo marino es patrimonio arqueológico.