Vista general del Puerto de Ciudadela, con barcas amarradas y parte de la ciudad.

Vista general del Puerto de Ciudadela, con barcas amarradas y parte de la ciudad. Oscar Pipkin EFE

Ciencia

La isla española ideal para el verano: calas secretas, rutas ecológicas y un oasis protegido por la Unesco

Aunque muchas de las islas de España no necesitan presentación, nunca está de más recordar por qué muchas de ellas son patrimonio protegido.

Más información: La isla española perfecta para el verano: playas vírgenes, cientos de dunas y humedales protegidos por la UNESCO

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Las claves

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Menorca, declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco, se distingue por su equilibrio entre turismo y conservación, ofreciendo calas escondidas y paisajes vírgenes.

Uno de sus grandes atractivos es el Camí de Cavalls, un sendero histórico de más de 180 kilómetros que rodea toda la costa y permite explorar la isla a pie o en bicicleta.

La isla también es reconocida por la Unesco como Patrimonio Mundial por su 'Menorca Talayótica', un conjunto de restos prehistóricos de miles de años de antigüedad.

Además de su riqueza natural e histórica, la gastronomía local es otro de sus puntos fuertes, con productos como el queso de Mahón o la caldereta de langosta.

Aunque España es conocida como "península", no son pocas las islas que se disponen a nuestro alrededor, destacando en especial los archipiélagos de Canarias o las Baleares.

Precisamente en este último ejemplo encontramos una isla que no necesita presentación dada su popularidad turística, aunque no está de más recordar que no solo debe ser vista como reclamo publicitario.

Se trata de Menorca, una isla que lleva años apareciendo en las listas de "destinos perfectos", pero que aún conserva su esencia.

Mientras otras islas viven veranos masificados, en Menorca aún es posible encontrar caminos tranquilos, calas escondidas y paisajes prácticamente intactos.

Y no es casualidad, dado que Menorca fue declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco hace más de 30 años, algo que ha marcado la manera en la que la isla ha ido creciendo bajo protección.

Un sendero histórico

La delicadeza de la que goza la isla balear se nota especialmente en sus costas. Si bien es cierto que sus calas más famosas siguen llenándose en el mes de agosto, aún quedan rincones menos conocidos donde la experiencia cambia por completo: Cala Escorxada, Trebalúnger o Cala Fustam nos obligan a caminar un poco, y precisamente ese es su encanto.

En estas zonas no existen los chiringuitos, la música ni los grandes accesos asfaltados: solo pinos, arena clara y agua cristalina. Por suerte, en una época donde muchas playas casi parecen parques temáticos, Menorca conserva lugares naturales de verdad.

Además, no solo de playa vive la isla. Uno de sus grandes atractivos es el Camí de Cavalls, un sendero histórico de más de 180 kilómetros que rodea toda la costa menorquina, dividido en tramos que es posible realizar andando o en bicicleta.

Algunos de estos tramos incluso atraviesan barrancos y bosques mediterráneos, mientras que otros pasan junto a acantilados o antiguas torres de vigilancia. Aquí es posible apreciar rutas sencillas y cortas que permiten conocer zonas menos turísticas y más apartadas.

Por otro lado, en el noreste de la isla podemos encontrar el Parque Natural de s'Albufera des Grau, considerado el núcleo principal de la Reserva de la Biosfera.

En él podemos encontrar lagunas, humedales, aves migratorias y caminos tranquilos que nos hacen trasladarnos más a un parque natural que a un destino turístico como se suele pensar.

Sin embargo, más allá de sus playas y su naturaleza, cabe recordar que en 2023 la Unesco reconoció oficialmente la Menorca Talayótica como Patrimonio Mundial.

Esta denominación hace referencia a los numerosos restos prehistóricos repartidos por toda la isla: talayots, taulas y navetas cuya construcción data de hace miles de años.

Y lo más curioso de todo es que dichos restos no se encontraron en un único yacimiento, sino dispersos por varios puntos de Menorca, incluso en mitad del campo.

Algunos, como la Naveta des Tudons o Torralba d'en Salort, permiten hacerse una idea bastante clara de cómo vivían aquellas comunidades mediterráneas hace más de 3.000 años.

Por su parte, está la gastronomía: el queso de Mahón, la caldereta de langosta, los embutidos locales o la clásica pomada (ginebra menorquina con limonada) siguen formando parte de una cocina sencilla y muy ligada al producto local y al mar.

De hecho, es posible que lo más llamativo de Menorca sea precisamente esto: mantenerse alejada de los artificios, mantener la calma.

En definitiva, las limitaciones urbanísticas y la protección ambiental han logrado evitar que gran parte de la costa menorquina termine transformada, pero sin renunciar totalmente al turismo.

Este último se mantiene y es necesario para la economía de la isla, pero sin renunciar al ritmo diferencial respecto a otros destinos mediterráneos mucho más explotados.

El atractivo de Menorca no son sus playas o su agua cristalina, sino tener tan a mano una cala tranquila o una ruta a pie, pasando al lado de un yacimiento prehistórico sin muchas más complicaciones. Esta mezcla es probablemente lo que da un toque más diferencial si cabe a la isla balear.