Parece Grecia, pero en realidad es España.
Parece Grecia, pero es España: casas blancas junto al mar con villas romanas y un valioso legado geológico
En el corazón de la Costa Blanca se puede visitar un destino turístico repleto de riqueza histórica, arqueología y afloramiento volcánico de gran valor.
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Altea, una parte vital e imprescindible de la Costa Blanca conocido popularmente como el Santorini español, se erige como uno de los destinos favoritos para los turistas durante la temporada de verano, tanto por su ambiente como por su riqueza histórica y científica.
La fisonomía urbana del municipio destaca por un laberinto de calles empedradas y fachadas encaladas que coronan una colina frente al mar Mediterráneo. El gran emblema visual de la localidad son las cúpulas de azulejos azules de la Iglesia de Nuestra Señora del Consuelo, una estampa marinera que evoca los paisajes costeros de las islas griegas.
Ahora bien, el atractivo de Altea, como decíamos, va mucho más allá de su fotogénica estética, puesto que alberga un patrimonio arqueológico de primer nivel. Excavaciones recientes lideradas por la Universidad de Alicante han sacado a la luz un importante yacimiento en la partida de Sogai, confirmando la presencia de una villa romana señorial que data de la época imperial.
Este hallazgo arqueológico certifica el papel estratégico que tuvo la zona durante los primeros siglos de nuestra era como un núcleo de producción agrícola y residencial vinculado al comercio marítimo.
Altea es mucho más que bonitos paisajes
Y lo mejor es que a esa riqueza histórica se suma un valor natural excepcional gracias a su complejo y valioso legado geológico. El punto neurálgico de ello se encuentra en el afloramiento volcánico de Cap Negret y la Cala del Soio, catalogados como un espacio de altísimo valor científico.
Aquí se conservan restos de rocas volcánicas oscuras, conocidas como ofitas, con una antigüedad estimada de 225 millones de años, lo que supone un fenómeno geológico sumamente inusual y único en toda la costa de Valencia.
A grandes rasgos, podríamos decir incluso que Altea es un destino todoterreno que sirve como paraíso para un sinfín de turistas: desde los que buscan desconectar en un lugar similar a Grecia, como para aquellos interesados en la arqueología y también en la geología.
La oferta natural del municipio, además, se completa con una espectacular playa fósil del periodo Cuaternario, donde aún se aprecian moluscos petrificados sobre las rocas y el imponente desfiladero del Cañón del Mascarat.
Estas formaciones rocosas evidencian millones de años de procesos tectónicos y de erosión hídrica que atraen cada año a geólogos y senderistas de todo el mundo. Altea es, sin duda, un referente de sol, playa y museo al aire libre con muchos misterios.