Embalse y presa de tierra de Youssef Ibn Tachfin en Agadir, Marruecos.

Embalse y presa de tierra de Youssef Ibn Tachfin en Agadir, Marruecos. Depositphotos

Ciencia

Marruecos da una lección a España: construye 16 presas y una autopista del agua para blindarse frente a la sequía

Rabat impulsa 16 grandes presas con una capacidad prevista de más de 5.000 millones de metros cúbicos.

Más información: Un fotógrafo español capta nuevas imágenes del lince ibérico blanco de Jaén y revela que está cambiando de color

Publicada
Las claves

Las claves

Marruecos está construyendo 16 grandes presas y una red de trasvases llamada “autopista del agua” para combatir la sequía.

El programa hidráulico tiene un presupuesto de 29.530 millones de dirhams y busca aumentar la capacidad nacional de almacenamiento de agua.

El país pretende que en 2030 el agua desalada cubra el 60% de las necesidades de agua potable, diversificando fuentes más allá de los embalses.

Marruecos se prepara tanto para sequías prolongadas como para lluvias extremas, tras declarar el fin de una sequía de siete años en 2026.

Marruecos ha convertido la sequía en una cuestión de Estado. Después de siete años de escasez severa, Rabat está acelerando una estrategia hidráulica de gran escala basada en tres piezas: nuevas presas, desalación y una red de trasvases conocida como la “autopista del agua”.

La cifra más llamativa está en los embalses. El país tiene actualmente 16 grandes presas en construcción, con una capacidad acumulada prevista de 5.037 millones de metros cúbicos, según datos del Ministerio de Equipamiento y Agua recogidos por medios marroquíes.

No es una apuesta menor. El programa moviliza cerca de 29.530 millones de dirhams (2.752.729 euros) y busca reforzar la capacidad nacional de almacenamiento, una prioridad en un país que ha visto cómo la sequía golpeaba cosechas, ganado y reservas.

La lógica es sencilla: guardar más agua cuando llueve para resistir mejor cuando vuelva la escasez. Marruecos ya gestiona una amplia red de embalses, pero la última sequía demostró que el sistema necesitaba más margen.

Adaptación al cambio climático

El segundo eje es todavía más simbólico. La construcción de grandes vías de transferencia de agua entre cuencas, pensadas para mover recursos desde zonas con más disponibilidad hacia regiones urbanas y agrícolas bajo presión.

Esa red ha alimentado el apodo de “autopista del agua”. No se trata solo de almacenar agua en presas, sino de redistribuirla a escala nacional, conectando territorios para que una cuenca con excedente pueda aliviar a otra más seca.

El proyecto cuenta además con respaldo emiratí. Esta infraestructura forma parte de un paquete que incluye una línea eléctrica de 1.400 kilómetros para llevar energía renovable del sur a las plantas desaladoras del país.

Ahí aparece la tercera pata del giro marroquí: la desalación. Rabat quiere que el agua de mar tratada cubra el 60% de las necesidades de agua potable en 2030, frente al objetivo anterior del 25%, según explicó el ministro Nizar Baraka a Reuters.

El cambio de ambición dice mucho. Marruecos no quiere depender solo de los embalses, cada vez más vulnerables a ciclos extremos, sino producir agua en la costa y reservar parte de los recursos interiores para agricultura y regiones alejadas del litoral.

El alivio reciente no ha frenado esa carrera. En enero de 2026, Marruecos declaró oficialmente el final de una sequía de siete años tras un invierno muy lluvioso, con precipitaciones un 95% superiores a las del año anterior.

Las reservas también mejoraron. El llenado medio de los embalses al 46% tuvo lugar en enero, con algunas presas clave ya llenas, pero el Gobierno mantuvo sus planes porque el problema de fondo no desaparece con una buena temporada.

De hecho, el péndulo climático se movió con brusquedad. En febrero, nuevas lluvias y desembalses provocaron inundaciones en el noroeste del país, obligando a evacuar a miles de personas y a activar planes de apoyo.

Esa paradoja resume el desafío marroquí. El país necesita prepararse para sequías largas, pero también para episodios de lluvia extrema que saturan presas, ríos y llanuras agrícolas en cuestión de días.