Despoblado ibérico de San Antonio.

Despoblado ibérico de San Antonio. Patrimonio Cultural de Aragón.

Ciencia

El pueblo medieval que parece la Toscana española rodeado de yacimientos íberos de hace 2.500 años y un parque natural

Calaceite: casco histórico de piedra, yacimientos íberos a un paso y la puerta natural a los Puertos de Beceite.

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Las claves

Calaceite, en la comarca turolense del Matarraña, destaca por su arquitectura de piedra y su entorno agrícola que recuerdan a la Toscana italiana.

El pueblo está rodeado de importantes yacimientos íberos de hace 2.500 años, como el de San Antonio y otros vestigios arqueológicos cercanos.

La naturaleza que rodea Calaceite incluye el parque natural de los Puertos de Beceite, con paisajes de barrancos, cañones y parajes de gran belleza.

El conjunto del casco histórico, junto a la riqueza arqueológica y natural, convierte a Calaceite en un destino único y muy atractivo para los visitantes.

Hay lugares en España que parecen construidos precisamente para desmontar clichés. Calaceite, en la comarca turolense del Matarraña, es uno de ellos. Su perfil de piedra, sus calles nobles y su entorno agrícola lo han convertido en una postal inesperada.

La comparación con la Toscana no es casual. El Matarraña lleva años asociado a esa imagen de colinas suaves, olivares, campos ordenados y pueblos de gran belleza patrimonial. En Calaceite, esa idea cobra forma con una naturalidad que evita el artificio.

El casco histórico explica buena parte de esa fama. Calles empinadas, plazas porticadas, fachadas señoriales y una arquitectura de piedra muy bien conservada hacen que el visitante no dependa de un monumento concreto, porque aquí lo seductor es el conjunto.

Ese es uno de sus grandes aciertos. No funciona como un pueblo que se resume en una iglesia o en una plaza principal, sino como un escenario completo. Todo encaja en una atmósfera urbana que transmite historia sin necesidad de exagerar.

Pero el golpe de efecto no termina dentro del casco urbano. En cuanto se mira un poco más allá del pueblo aparece uno de los elementos que elevan esta escapada por encima de otras: el yacimiento ibérico de San Antonio, situado muy cerca.

Rodeado de antiguos emplazamientos

Ese enclave es uno de los grandes referentes arqueológicos del Bajo Aragón. Los restos conservados permiten situar allí un asentamiento activo entre los siglos V y III antes de Cristo, con viviendas adaptadas en terrazas, murallas y estructuras defensivas sobre el cerro.

La importancia histórica del entorno no se reduce, sin embargo, a un único poblado. En los alrededores de Calaceite aparecen también otros vestigios ibéricos, como Tossal Redó, y en la comarca destacan enclaves que completan un mapa arqueológico realmente llamativo.

Eso cambia bastante la lectura del lugar. No es solo un destino bonito ni una escapada rural con buena estética, sino un territorio donde el paisaje conserva huellas de comunidades que vivieron allí hace alrededor de 2.300 o 2.500 años.

La otra gran dimensión del pueblo está en la naturaleza que lo rodea. Muy cerca se alzan los Puertos de Beceite, uno de los espacios más impactantes del este peninsular, con un relieve calcáreo de barrancos, gargantas, bosques y cañones de gran fuerza visual.

Ese contraste es parte de su encanto. Frente a la suavidad agrícola del entorno, los Puertos de Beceite introducen un paisaje mucho más agreste, esculpido por la roca y el agua, con una personalidad geológica que transforma por completo la experiencia.

Uno de los lugares más conocidos de esta zona es el Parrizal de Beceite, donde el río Matarraña discurre entre paredes calizas y pasarelas suspendidas. Pozas transparentes, estrechos encajados y formaciones kársticas convierten el recorrido en uno de los más buscados.