Imagen de archivo de Praga, en la República Checa.

Imagen de archivo de Praga, en la República Checa.

Ciencia

El pueblo medieval que esconde miles de extrañas estructuras enterradas hace 5.000 años: paisajes funerarios y rituales

El hallazgo va más allá de dos túmulos: el equipo identifica cuatro grandes agrupaciones funerarias y rituales en el área estudiada.

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Las claves

Un estudio revela miles de estructuras funerarias neolíticas enterradas bajo campos agrícolas en el noroeste de Bohemia, República Checa.

La investigación utilizó fotografía aérea, escaneo láser y magnetometría para identificar y reconstruir túmulos y otras anomalías arqueológicas casi desaparecidas.

Se identificaron al menos cuatro grandes agrupaciones funerarias y rituales, con más de 2.400 posibles estructuras, mostrando que estos monumentos eran núcleos simbólicos reutilizados por generaciones.

El descubrimiento refuerza la idea de una separación espacial y simbólica entre zonas habitadas y áreas funerarias en la organización social del Neolítico.

Los campos de cultivo del noroeste de Bohemia, en República Checa, parecían guardar poco más que señales borrosas de un pasado ya arrasado por siglos de agricultura intensiva. Pero un nuevo estudio ha demostrado que, bajo esa superficie aparentemente anodina, seguía latiendo un paisaje funerario neolítico de enorme complejidad.

La investigación, publicada en Archaeological Prospection, se centra en varios túmulos largos de la actual República Checa y muestra cómo la combinación de fotografía aérea oblicua, prospección magnética y escaneo láser aerotransportado puede devolver visibilidad a monumentos que casi habían desaparecido del terreno.

Los arqueólogos no partían exactamente de cero. Sabían que estos monumentos funerarios existían en Bohemia, pero su localización precisa seguía siendo complicada porque muchos habían quedado muy rebajados por el arado y por la transformación continuada del paisaje agrícola.

Ahí es donde entró la tecnología. Las fotografías aéreas permitieron identificar marcas en los cultivos, el láser detectó desniveles de apenas unos centímetros y la magnetometría ayudó a reconstruir la estructura interna de los túmulos y otras anomalías ocultas bajo el suelo.

El estudio se centró especialmente en dos túmulos próximos al monte Říp, en lugares como Dušníky 1 y Nížebohy. A partir de ellos, los investigadores pudieron reconstruir no solo los monumentos en sí, sino también el tejido arqueológico que los rodeaba.

Una zona funeraria ritual

El resultado fue mucho más amplio de lo esperado. El equipo detectó miles de indicios arqueológicos en la zona y confirmó la existencia de cuatro grandes agrupaciones funerarias y rituales. Algunos resúmenes periodísticos hablaron de unas 2.900 huellas, aunque el artículo científico menciona 2.443 rasgos potenciales en fotografía aérea dentro del área estudiada.

Más allá del número exacto, lo relevante es la imagen que emerge de ese paisaje. Los túmulos largos no aparecen aislados ni como simples tumbas monumentales, sino como núcleos rituales duraderos, reutilizados y resignificados durante generaciones por comunidades prehistóricas.

Ese punto resulta especialmente sugerente porque permite leer el territorio de otra manera. Los investigadores sostienen que estos monumentos actuaban como anclajes simbólicos dentro del paisaje, lugares a los que se volvía una y otra vez para mantener memoria, identidad y continuidad social.

El trabajo refuerza además una idea defendida desde hace tiempo por la arqueología europea: la separación espacial entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Las áreas funerarias aparecen deliberadamente apartadas de las zonas de asentamiento, a distancias que podían alcanzar varios cientos de metros.

No se trata solo de una disposición práctica. Esa distancia sugiere una frontera conceptual muy clara en la organización del territorio neolítico, una división simbólica que estructuraba el espacio social y que ahora puede rastrearse mejor gracias a métodos no invasivos.

También hay una segunda lectura importante. El estudio demuestra hasta qué punto la teledetección puede cambiar la arqueología de paisajes muy castigados por la agricultura moderna. Lo que a simple vista parece borrado para siempre puede seguir presente en microrelieves, firmas magnéticas y alteraciones del cultivo.