La misión Artemis II en el Centro Espacial Kennedy de la NASA en Florida.

La misión Artemis II en el Centro Espacial Kennedy de la NASA en Florida. NASA/Frank Michaux

Ciencia

EEUU cambia de rumbo: recupera su carrera lunar con Artemis II, la primera misión tripulada en más de 50 años

Wiseman, Glover, Koch y Hansen volarán 10 días alrededor de la Luna: sin alunizaje, pero con validación de soporte vital, navegación y reentrada.

Más información: La NASA mira a la Luna desde el espacio y cambia de estrategia: quiere establecer una población humana permanente

Publicada

Las claves

Estados Unidos lanzará Artemis II, su primera misión tripulada hacia la Luna en más de 50 años, tras la histórica Apollo 17 de 1972.

La tripulación estará formada por tres astronautas de la NASA y uno canadiense; Christina Koch será la primera mujer en viajar tan lejos de la Tierra.

Artemis II no alunizará, pero busca probar el cohete SLS y la nave Orion en un vuelo de unos diez días alrededor de la Luna.

El programa Artemis marca un cambio de enfoque hacia una presencia lunar más estable, con vistas a futuras misiones y expediciones a Marte.

Han pasado más de cinco décadas desde la última vez que seres humanos viajaron hacia la Luna. La misión Apollo 17 despegó en diciembre de 1972 y cerró una era que, durante mucho tiempo, pareció irrepetible: fue la última expedición tripulada del programa Apolo y también la última ocasión en que astronautas se alejaron más allá de la órbita baja terrestre rumbo al entorno lunar.

Ese enorme paréntesis no se explica por una única razón, sino por una suma de factores políticos, económicos y técnicos. Tras la carrera espacial de la Guerra Fría, el objetivo de derrotar simbólicamente a la Unión Soviética ya estaba cumplido, y Estados Unidos fue desplazando sus prioridades hacia programas más sostenidos y menos espectaculares, como el transbordador espacial y, después, la Estación Espacial Internacional.

Volver a la Luna dejó de ser urgente, en parte porque el coste, el riesgo y la falta de presión geopolítica inmediata enfriaron durante décadas cualquier regreso tripulado.

Ahora la NASA quiere romper por fin esa ausencia histórica con Artemis II, la primera misión tripulada del programa Artemis. La agencia la define como un vuelo de unos diez días alrededor de la Luna, concebido para probar con astronautas reales el cohete SLS, la nave Orion y toda la infraestructura de soporte asociada antes de intentar futuras misiones de superficie.

La tripulación estará formada por Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, de la NASA, junto al canadiense Jeremy Hansen. No será una misión de alunizaje, pero sí un viaje de enorme peso histórico: llevará a seres humanos otra vez al espacio profundo, más allá de la órbita baja terrestre, algo que no ocurre desde el final del programa Apolo. La propia NASA subraya que será la primera vez en más de 50 años que personas vuelvan a internarse en esa región del espacio.

Un éxito geopolítico

Ese es precisamente el gran valor simbólico de Artemis II. No se trata solo de volver a “mirar” la Luna de cerca, sino de demostrar que Estados Unidos conserva la capacidad de enviar astronautas al espacio cislunar después de medio siglo sin hacerlo. Christina Koch, además, será la primera mujer en volar tan lejos de la Tierra, mientras que Victor Glover marcará otro hito dentro de una misión diseñada para relanzar la exploración tripulada con una imagen distinta a la de la era Apolo.

La larga pausa entre Apollo 17 y Artemis no significa, sin embargo, que la Luna haya dejado de interesar. Lo que ha cambiado es la lógica del regreso. En los años setenta, el impulso era sobre todo político.

En la arquitectura Artemis, la NASA habla de una presencia más estable, con el objetivo de preparar nuevas misiones, explorar la región del polo sur lunar y usar esa experiencia como paso previo a futuras expediciones a Marte. En su actualización de arquitectura publicada en marzo de 2026, la agencia plantea incluso una cadencia de misiones lunares más regular una vez se consolide el sistema.

Por eso Artemis II importa tanto. Después de más de 50 años sin misiones tripuladas al entorno lunar, esta no será solo una operación técnica ni un gran gesto de prestigio nacional. Será la prueba de si el regreso estadounidense a la Luna va en serio o si sigue siendo una promesa aplazada desde 1972. Si sale bien, cerrará uno de los vacíos más llamativos de la historia espacial moderna y abrirá, esta vez sí, una nueva etapa.