Recreación artística del astrónomo griego Hiparco trabajando.

Recreación artística del astrónomo griego Hiparco trabajando. Science Source/Biblioteca Pública de Nueva York

Ciencia

Francia encuentra el mapa de estrellas más antiguo de la historia oculto bajo un manuscrito medieval en Egipto

Un palimpsesto leído con rayos X en un sincrotrón rescata coordenadas estelares atribuidas a Hiparco, acercando su catálogo a la ciencia moderna.

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Las claves

Un manuscrito medieval reutilizado en Egipto ha revelado el mapa de estrellas más antiguo conocido, atribuido a Hiparco de Nicea.

El descubrimiento fue posible gracias a técnicas de imagen multiespectral y rayos X, que permiten leer textos borrados bajo capas de tinta.

Se han recuperado descripciones y coordenadas de constelaciones, lo que reabre el debate sobre la precisión de la astronomía antes del telescopio.

El pergamino, reutilizado por su alto coste, se ha convertido en una valiosa cápsula del tiempo sobre los orígenes de la medición astronómica.

Durante siglos, Hiparco de Nicea fue una sombra gigantesca: todos los manuales lo citaban como pionero del catálogo estelar, pero casi nadie podía leerlo de primera mano. Ahora, una hoja de pergamino “reciclada” por monjes medievales está devolviendo coordenadas antiguas con una precisión incómodamente moderna.

La clave es un palimpsesto: un manuscrito cuyo texto original se raspó para escribir encima. Ese pergamino —el Codex Climaci Rescriptus— conserva residuos químicos de tintas anteriores, aunque el ojo humano apenas los perciba. Con imagen multiespectral se rescatan trazos; con rayos X, aparece el resto.

El proyecto se apoya en una idea potente: si Hiparco midió posiciones estelares “a ojo”, debió dejar un rastro numérico reconocible. Y eso es lo que empezó a emerger: descripciones y coordenadas asociadas a constelaciones, con referencias que encajan con la época del astrónomo helenístico y con la precesión terrestre.

El salto técnico llega en un lugar poco romántico: un sincrotrón. En el SLAC (California), los investigadores bombardean páginas con rayos X para excitar elementos presentes en la tinta antigua. El resultado es una fotografía elemental del texto borrado sin tocar físicamente el pergamino.

Aquí importa la química: las tintas del texto posterior son ricas en hierro; el texto más antiguo muestra otra firma, asociada a calcio. Esa diferencia permite separar capas como si fueran transparencias superpuestas, y convertir manchas invisibles en letras griegas legibles.

Era caro y se reutilizaba

El botín, por ahora, es parcial pero excitante. Se han recuperado pasajes con nombres de constelaciones —incluida una mención a Acuario en informes divulgativos del equipo— y la ambición es extraer tantas coordenadas como permita el material conservado.

Este detalle es más que anecdótico porque reabre una discusión clásica: ¿cómo de buena podía ser la astronomía antes del telescopio? Si se consolidan más puntos del catálogo, será posible comparar su exactitud con la de Ptolomeo y rastrear cómo se construyó, paso a paso, la geometría del cielo en Occidente.

Una lámpara ilumina una escritura siríaca en un pergamino del siglo IX o X d.C., debajo del cual se esconde el texto.

Una lámpara ilumina una escritura siríaca en un pergamino del siglo IX o X d.C., debajo del cual se esconde el texto. Jacqueline Ramseyer Orrell/Laboratorio Nacional de Aceleradores SLAC

También hay un sesgo inevitable: apenas se están escaneando unas pocas páginas, mientras el Codex completo suma alrededor de 200 y está disperso en colecciones distintas. Recuperar el mapa entero exige coordinar instituciones, permisos, conservación y nuevas sesiones de haz.

Además, el propio soporte cuenta una historia: el pergamino fue caro, por eso se reutilizaba; y esa economía medieval terminó convirtiéndose en cápsula del tiempo científica. Lo que era un ahorro monástico hoy es una mina de datos sobre el nacimiento de la medición astronómica.

La gracia del hallazgo es que no depende de una gran revelación única, sino de una acumulación paciente: línea a línea, coordenada a coordenada, el catálogo podría convertirse en un conjunto de datos comparable a un “dataset” antiguo, listo para análisis estadísticos, correcciones de época y reconstrucción de métodos.