El presidente chino Xi Jinping.

El presidente chino Xi Jinping. Jessica Lee Reuters

Ciencia

China reduce la contaminación un 98% en su capital mientras EEUU levanta las restricciones a los gases invernadero

Tras los buenos datos de la calidad del aire en Pekín se encuentran medidas como el impulso del coche eléctrico en el país asiático.

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J. Rodríguez
Publicada

Las claves

Pekín ha reducido la contaminación por partículas PM2.5 un 98,3% en doce años, situándose por primera vez por debajo del umbral de 30 microgramos por metro cúbico.

Las políticas de China incluyeron restricciones a vehículos antiguos, impulso del coche eléctrico y expansión del transporte público para mejorar la calidad del aire.

En contraste, Estados Unidos ha eliminado regulaciones clave sobre emisiones de gases de efecto invernadero, debilitando el papel de la Agencia de Protección Ambiental.

La retirada de incentivos al coche eléctrico en EE.UU. contrasta con el crecimiento de este sector en China, mostrando caminos opuestos en la lucha contra la contaminación.

China y Estados Unidos son conocidos por su poder económico en el mundo y, por desgracia, por sus emisiones de gases contaminantes. Sin embargo, en los últimos años ambos países han tomado decisiones dispares en este sentido.

Durante más de una década, Pekín fue símbolo de contaminación extrema. Las partículas PM2.5 alcanzaron niveles críticos, situando a la capital china entre las ciudades con peor calidad del aire del planeta a comienzos de la década de 2010.

Sin embargo, los datos oficiales de 2025 evidencian una transformación sostenida. La concentración media anual de estas partículas descendió hasta 27 microgramos por metro cúbico, frente a los 89,5 registrados en 2013.

Algunos medios señalan que la reducción de la polución en Pekín es de un 98,3% en apenas doce años. Por primera vez la ciudad logra situarse por debajo del umbral de 30 microgramos, el valor de referencia en los estándares chinos de calidad del aire.

El impacto también se refleja en la vida cotidiana. En 2025, solo un día fue considerado de contaminación grave, cuando años atrás estos episodios se repetían decenas de veces, afectando a la salud y actividad económica.

Reducción de emisiones

En paralelo, Organización Mundial de la Salud (OMS) mantiene como objetivo una exposición inferior a 10 microgramos. Aunque Pekín aún no alcanza ese nivel, se aproxima significativamente gracias a la reducción constante de emisiones industriales y del tráfico.

El punto de inflexión se produjo en 2013, cuando China activó un plan integral contra la polución. Incluyó restricciones a vehículos antiguos y limitaciones de circulación en momentos críticos de contaminación.

La expansión del transporte público y el impulso del coche eléctrico han sido decisivos. En la capital, más de la mitad de las nuevas matriculaciones en 2025 corresponden a vehículos eléctricos, apoyados por incentivos y redes de recarga.

Mientras tanto, en Estados Unidos, la estrategia toma otro rumbo. La administración de Trump ha eliminado regulaciones clave sobre emisiones, derogando normas que limitaban los gases de efecto invernadero procedentes de vehículos y motores.

Esta decisión revoca políticas impulsadas durante el mandato de Barack Obama y supone, según el propio Trump, una reducción de costes para consumidores y fabricantes, estimada en billones de dólares.

El movimiento también debilita el papel de la Agencia de Protección Ambiental en la supervisión de emisiones, eliminando requisitos de control y certificación que eran clave en la lucha climática.

Además, esta política supone un freno al desarrollo del coche eléctrico, sector en el que China ha tomado ventaja global. La retirada de incentivos en Estados Unidos contrasta con el crecimiento sostenido del mercado asiático.

La comparación entre ambos países revela una divergencia profunda. Mientras Pekín acelera la mejora de su aire en tiempo récord, Washington apuesta por desregular, alejándose de compromisos internacionales como el Acuerdo de París.