El JT-60SA.

El JT-60SA. Indico

Ciencia

Europa y Japón preparan un experimento de fusión nuclear que podría ser un salto histórico en la producción de energía

La campaña de JT-60SA a finales de 2026 buscará plasmas más estables y pulsos largos para afinar el control que necesitarán ITER.

Más información: Almaraz parará el 28 de marzo durante un mes para hacer la última recarga de combustible antes de su cierre

Publicada

Las claves

Europa y Japón preparan un experimento clave con el reactor JT-60SA para finales de 2026, centrado en mejorar la fusión por confinamiento magnético.

El objetivo es forzar el reactor a condiciones más exigentes y estables, desarrollando técnicas para sostener el plasma y proteger los materiales.

El experimento servirá como banco de pruebas para estrategias de control y diagnóstico del plasma, con una fuerte coordinación con el proyecto ITER.

Los resultados pretenden reducir la incertidumbre en futuros reactores de fusión, acercando la tecnología a su integración en la red eléctrica.

Europa y Japón están a punto de exprimir, de verdad, una de las máquinas más decisivas de la fusión por confinamiento magnético: JT-60SA, el gran tokamak experimental de Naka (Ibaraki). La nueva campaña apunta a finales de 2026 y durará unos seis meses.

No se trata de encender un reactor como tal para producir electricidad, sino de forzar el sistema hasta regímenes que hoy son el terreno de aprendizaje imprescindible para ITER y, después, para DEMO, el concepto de planta que debería acercar la fusión a la red eléctrica.

JT-60SA ya dio un paso simbólico en octubre de 2023 al lograr su primer plasma, una señal de que el conjunto —imanes superconductores, vacío, control y seguridad— funcionaba como un sistema único. Desde entonces, el foco ha sido preparar el salto de demostración a ciencia.

La escala impresiona porque fija el marco de la ambición: es un tokamak superconductivo diseñado para pulsos largos, con corriente de plasma de hasta ~5,5 megaamperios, y con margen para ensayar configuraciones de plasma que interesan a los reactores del futuro.

En marzo de 2026, los equipos han reactivado la puesta en marcha integrada (“integrated commissioning”) tras mejoras y verificaciones, una fase lenta a propósito: se prueban subsistemas, interbloqueos y control antes de volver a disparar plasmas de manera rutinaria.

Un banco de pruebas

La meta declarada de esta etapa es empujar a JT-60SA hacia condiciones más exigentes y estables, con pulsos más largos y corrientes elevadas, porque ahí se deciden las reglas prácticas: cómo sostener el plasma sin perderlo y sin castigar los materiales.

Para llegar a ese territorio hace falta ver dentro del plasma sin tocarlo. Por eso se está reforzando la instrumentación, y uno de los ejemplos más críticos es el diagnóstico por dispersión Thomson, que estima temperatura y densidad electrónica a partir de luz láser dispersada.

EUROfusion detalla que JT-60SA contará con subsistemas “core” y “edge” (núcleo y borde), con fuerte participación europea en el borde. Esa frontera es clave: es donde se gestiona parte del calor y las impurezas que pueden arruinar una descarga.

El calendario importa porque ITER también se está recalibrando tras sus propias revisiones de base, y la coordinación es explícita: la organización de ITER participa en reuniones para alinear qué escenarios se priorizan en JT-60SA, de modo que el aprendizaje sea transferible.

En la práctica, JT-60SA funciona como un banco de pruebas flexible: puede explorar estrategias de control, perfiles de corriente y estabilidad en un dispositivo grande, pero todavía más maniobrable que ITER. Esa combinación lo convierte en “satélite” científico con impacto directo.

Si la campaña de finales de 2026 cumple lo previsto, el premio no será un titular de ciencia ficción, sino un paquete de datos y técnicas de control que reduzcan incertidumbres en ITER. Es decir: menos sorpresas, más ingeniería reproducible.