Un trabajador apilando barriles de crudo.
Ni Arabia Saudita ni Irán: 304.000 millones de barriles de crudo lo convierten en la mayor reserva de petróleo del mundo
Venezuela tiene la mayor hucha de crudo del planeta, pero sufre una brecha enorme entre subsuelo y bombeo por inversión, sanciones y logística.
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Ni Arabia Saudita ni Irán. El país que encabeza la clasificación mundial de reservas probadas de crudo es Venezuela, con alrededor de 303.000-304.000 millones de barriles, según los balances más recientes de la OPEP y la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA).
Esa magnitud la coloca por delante de Arabia Saudita, con algo más de 267.000 millones, y de Irán, con cerca de 209.000 millones, en una liga energética que sigue marcando buena parte del tablero geopolítico global.
La cifra impresiona todavía más cuando se pone en contexto: las reservas probadas mundiales de petróleo cerraron 2024 en unos 1,567 billones de barriles, de modo que Venezuela concentra en torno a una quinta parte del total y aproximadamente el 17% si se toma como referencia el dato de la EIA para 2023.
No se trata de un hallazgo reciente, sino del resultado de décadas de reevaluaciones y de la enorme importancia de la Faja del Orinoco, donde se concentra buena parte de ese crudo extrapesado que explica la dimensión de sus recursos.
Pero el liderazgo en reservas no se traduce automáticamente en liderazgo productivo. Ahí está la gran paradoja venezolana. La propia EIA subraya que, pese a contar con las mayores reservas probadas del planeta, el país apenas aportó el 0,8% de la producción mundial de crudo en 2023.
Carece de infraestructura suficiente
El país arrastra desde hace años un deterioro severo de infraestructuras, falta de inversión, problemas operativos y restricciones comerciales que han frenado su capacidad para convertir ese gigantesco potencial geológico en barriles realmente bombeados y vendidos al ritmo de las grandes potencias petroleras.
Los datos más recientes siguen reflejando esa distancia entre subsuelo y mercado. Reuters informó a comienzos de marzo de 2026 de que las exportaciones venezolanas de petróleo cayeron en febrero un 6,5% intermensual, hasta unos 737.000 barriles diarios.
En paralelo, otro balance situaba entre 240.000 y 250.000 barriles diarios la producción conjunta de cuatro proyectos operados entre Chevron y PDVSA.
Son cifras relevantes para la recuperación del sector, pero todavía muy modestas para un país que, por volumen de reservas, compite en teoría con los gigantes absolutos de Oriente Próximo.
Esa brecha ayuda a entender por qué cada movimiento en torno al petróleo venezolano genera tanto interés internacional. Para el mercado, Venezuela representa una rara combinación de abundancia extrema de recurso y debilidad estructural en su explotación.
En otras palabras: posee una de las llaves energéticas más grandes del planeta, pero no la capacidad técnica, financiera e industrial suficiente para abrirla de forma plena.