La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en el Parlamento Europeo en Estrasburgo, Francia.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en el Parlamento Europeo en Estrasburgo, Francia. EFE

Ciencia

Europa cambia de normas: hace de la ciencia arma diplomática y compite con China y EEUU por los mejores investigadores

La Comisión Europea ha presentado un paquete de medidas con el que busca no perder influencia frente a otras potencias extranjeras.

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P. G. Santos
Publicada

Las claves

La Comisión Europea propone por primera vez un marco común de diplomacia científica para coordinar la acción de los 27 Estados miembros.

El paquete incluye un informe sobre seguridad en investigación que alerta de riesgos como la transferencia no deseada de tecnología y la injerencia externa.

Europa busca posicionarse frente a China y EEUU como destino atractivo para investigadores internacionales y proteger su liderazgo en innovación.

La estrategia europea refuerza la cooperación internacional en I+D+i, priorizando la transición verde, digital y la salud global.

En un momento en el que la competencia geopolítica por el liderazgo en investigación e innovación se ha disparado a escala mundial, la Comisión Europea ha presentado un ambicioso conjunto de iniciativas para reforzar la diplomacia científica de la Unión Europea.

El paquete de medidas incluye, por primera vez en la historia comunitaria, una propuesta de Recomendación del Consejo para establecer un marco europeo de diplomacia científica. El objetivo es que la UE y sus Estados miembros actúen de forma estratégica y coordinada.

El documento es el resultado de más de un año de consultas con 130 expertos en ciencia y diplomacia, cuyo informe preliminar se publicó en febrero de 2025. Esta base de trabajo garantiza que la propuesta recoge una visión plural y contrastada del ecosistema investigador europeo.

La iniciativa persigue que Europa hable con una sola voz cuando negocie acuerdos de cooperación científica con terceros países, algo que hasta ahora resultaba difícil ante la fragmentación de políticas nacionales.

Objetivo: no perder influencia

La coordinación entre los 27 países será clave para no perder influencia frente a potencias como China o Estados Unidos.

El paquete también incluye el Research Security Monitor 2025, un informe que evalúa los riesgos asociados a la transferencia no deseada de conocimiento crítico y tecnología estratégica.

El documento revela que, pese al avance, los niveles de madurez en seguridad de la investigación siguen siendo muy desiguales entre los Estados miembros.

La seguridad en investigación aborda directamente el riesgo de injerencias externas malignas y las violaciones de ética e integridad científica, dos amenazas en auge según Bruselas.

La UE adoptó en 2024 una primera Recomendación del Consejo al respecto, y este nuevo monitor consolida ese trabajo con datos actualizados.

El tercer componente es el Informe de Implementación del Enfoque Global 2023-2025, que revisa los avances de la estrategia europea de cooperación internacional en I+D+i.

El balance confirma la vigencia de la estrategia y subraya los progresos en transición verde, digital y salud global como ejes prioritarios.

Este movimiento de Bruselas llega en un contexto en que países como China han reorientado sus alianzas científicas hacia Europa, alejándose de Estados Unidos tras años de tensión geopolítica.

La UE se posiciona así como un socio fiable que combina apertura internacional con garantías de seguridad y valores democráticos.

La propuesta aspira también a convertir a Europa en un destino más atractivo para el talento investigador internacional, en un momento en que varios científicos de élite buscan alternativas a los recortes en financiación pública de países como Estados Unidos.

Captar ese capital humano será decisivo para la competitividad europea en la próxima década. Con este paquete, la Comisión Europea envía una señal clara: la ciencia ya no es solo una herramienta de conocimiento, sino un instrumento de poder e influencia global.

La UE quiere estar en primera fila de ese tablero, con reglas propias y una estrategia que proteja tanto su apertura como sus intereses estratégicos más sensibles.