Medicamentos genéricos.
Dipa Kamdar, farmacéutica: "Estos 5 medicamentos que usas en el día a día pueden estar afectando a tu salud"
Medicamentos sin receta como descongestionantes nasales y laxantes ocultan riesgos de dependencia y rebote que subestima el público, advierte la experta.
Más información:Los problemas de suministro de medicamentos disminuyen un 27% en 2025
Que un medicamento se venda sin receta no significa que sea inocuo. Esa es la advertencia de fondo que atraviesa un nuevo repaso divulgativo de la farmacéutica Dipa Kamdar: varios fármacos de uso cotidiano siguen siendo útiles, pero sus riesgos se subestiman con demasiada facilidad.
Codeína
Uno de los ejemplos más claros es la codeína. En Reino Unido, la MHRA limita los analgésicos sin receta que la contienen a envases pequeños y recuerda que deben usarse solo tres días, porque pueden causar tolerancia, dependencia y síndrome de abstinencia.
Ese riesgo no depende solo de abusos extremos. La propia literatura sobre dispensación comunitaria describe casos de mal uso involuntario, con personas que prolongan el tratamiento o aumentan dosis porque el alivio inicial deja de ser suficiente. Ahí empieza el problema clásico de los opioides.
Descongestivos nasales
Los descongestivos nasales también tienen una trampa conocida por otorrinos y farmacéuticos: alivian rápido, pero si se usan demasiado pueden empeorar justo lo que prometen mejorar. El NHS avisa de que los sprays y gotas no deben utilizarse más de una semana.
Detrás de esa advertencia está la llamada rinitis medicamentosa, o congestión de rebote. La Royal Pharmaceutical Society insistía este mismo enero en que superar el límite de unos siete días puede meter al paciente en un círculo de dependencia, con congestión creciente y uso cada vez más frecuente.
Además, en España los prospectos de xilometazolina consultados en CIMA-AEMPS son incluso más estrictos: recomiendan revisar con un médico si no hay mejoría tras tres días. Es una buena muestra de algo importante: la disponibilidad y las instrucciones cambian según el país.
Antihistamínicos sedantes
Otro grupo que parece más inocente de lo que es son algunos antihistamínicos sedantes usados para dormir, como promethazina o difenhidramina. Un estudio sobre Inglaterra detectó preocupación creciente por muertes relacionadas con antihistamínicos, mientras trabajos recientes cuestionan su uso como ayuda habitual para el sueño.
En el caso de la prometazina, un artículo de 2025 en BJPsych Bulletin señalaba que puede generar tolerancia con rapidez y que algunos usuarios describen insomnio de rebote al intentar dejarla. No es el retrato típico del “remedio suave” que suele imaginar el público.
Jarabes para la tos
Los jarabes para la tos con dextrometorfano (DXM) ofrecen otro contraste útil: a dosis recomendadas son fármacos muy conocidos y extendidos, pero las revisiones sobre abuso de medicamentos OTC lo sitúan entre los ingredientes más mal utilizados por sus efectos psicoactivos a dosis altas.
Ese riesgo no es solo teórico ni exclusivamente anglosajón. En España hay presentaciones de dextrometorfano dispensables sin receta, según el nomenclátor consultable del Ministerio de Sanidad. Por eso el mensaje no debería ser alarmista, sino práctico: “sin receta” no equivale a “sin control”.
Laxantes estimulantes
Los laxantes estimulantes cierran bien la lista porque muestran cómo un uso aparentemente banal puede torcerse por mitos muy arraigados. La MHRA revisó su seguridad en 2020 e introdujo nuevas advertencias y límites de envase por problemas de sobreuso y abuso.
La idea equivocada de que ayudan a “compensar” calorías o a adelgazar sigue pesando, cuando en realidad su abuso se asocia más bien a deshidratación, alteraciones electrolíticas y complicaciones digestivas. El patrón común en todos estos medicamentos no es que sean intrínsecamente peligrosos, sino que se banalizan.
Por eso, más que sembrar miedo, lo sensato es recuperar una vieja regla farmacológica que internet y la compra rápida han ido diluyendo: leer el prospecto, respetar la duración indicada y consultar al farmacéutico o al médico cuando un síntoma obliga a repetir, alargar o mezclar tratamientos.