Imagen de SPHEREx muestra una selección de los colores infrarrojos emitidos principalmente por estrellas y galaxias.

Imagen de SPHEREx muestra una selección de los colores infrarrojos emitidos principalmente por estrellas y galaxias. NASA/JPL-Caltech

Ciencia

España crea un nuevo GPS cósmico y logra el mapa más preciso de 13.800 millones de años de historia del universo

Un equipo del Instituto de Astrofísica de Andalucía y el Instituto de Astrofísica de Canarias presenta GPS+, un modelo que mejora la lectura del universo.

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Las claves

Un equipo español ha desarrollado el GPS+, un marco teórico que permite describir con mayor precisión la abundancia de halos de materia oscura en el universo.

GPS+ incorpora un modelo de colapso gravitatorio más realista, considerando geometrías irregulares en lugar de esferas ideales para los halos.

La nueva herramienta ha demostrado reducir significativamente los errores en la estimación de halos respecto a modelos anteriores, especialmente en el universo temprano.

Este avance mejora la interpretación de datos de telescopios y cartografiados, permitiendo una lectura más fiel de la evolución cósmica durante 13.800 millones de años.

La materia oscura no se ve, pero ordena buena parte del universo. Sobre ese esqueleto invisible crecen galaxias, grupos y cúmulos. Por eso, cada mejora en la forma de contar sus halos equivale a afinar el mapa profundo del cosmos.

Eso es lo que acaba de presentar un equipo del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) y del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC): un nuevo marco teórico, llamado GPS+, para describir con más precisión cuántos halos de materia oscura existen en cada época cósmica.

Aquí conviene hacer una precisión importante. El llamado “GPS cósmico” no es un instrumento ni un detector nuevo, sino una herramienta matemática. Lo que produce no es un mapa visual directo, sino una descripción estadística de la abundancia de halos.

Ese registro recibe en cosmología un nombre muy técnico: función de masa de halos. En la práctica, sirve para estimar cuántas estructuras invisibles hay según su masa y en qué momento de la historia del universo aparecen, crecen o desaparecen.

El estudio, publicado en Astronomy & Astrophysics, parte de un problema antiguo. Los modelos clásicos, desde Press-Schechter hasta extensiones más modernas, funcionan razonablemente bien en ciertos regímenes, pero no mantienen una descripción autoconsistente a lo largo de toda la jerarquía de masas y redshifts.

Menos errores y desviaciones

La propuesta GPS+ intenta corregir eso incorporando un criterio de colapso gravitatorio más realista. En vez de tratar las estructuras como esferas ideales, incluye colapso triaxial, es decir, reconoce que los halos nacen con geometrías irregulares y no perfectamente redondas.

Otro de sus puntos fuertes es que la formulación depende sobre todo de la varianza del campo lineal de densidad y elimina una dependencia explícita del tiempo cósmico. Dicho de forma sencilla: deja que la evolución emerja de la propia física.

Para probar si todo eso era algo más que una buena idea sobre el papel, el equipo lo enfrentó a las simulaciones Uchuu, una de las suites cosmológicas más ambiciosas disponibles, ejecutada en infraestructura japonesa y explotada también desde la base Skies & Universes.

La comparación es la parte realmente potente del trabajo. Según los investigadores, GPS+ reproduce la abundancia de halos en un rango enorme de masas y desplazamientos al rojo con discrepancias del 10% al 20%, incluso en extremos donde otros modelos fallan bastante más.

Ahí aparece uno de los datos más llamativos: frente al modelo de Sheth-Tormen, muy usado durante años, el nuevo esquema reduce desviaciones que en el universo temprano podían dispararse hasta el 70%-80%, manteniéndose cerca del 20% en esos mismos regímenes.

El estudio también señala que la definición de masa M200m encaja mejor con esa aparente universalidad que la masa virial tradicional. ¿Por qué importa todo esto fuera del formalismo? Porque telescopios y cartografiados como DESI, o campañas profundas que exploran el universo temprano, necesitan traducir galaxias observadas en física cosmológica fiable. Si el censo invisible falla, también se distorsiona la lectura del universo visible.