Orugas procesionarias sobre uno de sus característicos nidos en la rama de un pino.

Orugas procesionarias sobre uno de sus característicos nidos en la rama de un pino. PxHere

Ciencia

La oruga procesionaria ya toca suelo en España en pleno invierno: "Sus pelos urticantes son invisibles y flotan en el aire"

Los inviernos más suaves de los últimos años han dado lugar a plagas mayores de esta larva y cada vez más tempranas.

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Las claves

La oruga procesionaria ha adelantado su descenso de los pinos en España debido a inviernos más suaves, favorecidos por el calentamiento global.

Sus pelos urticantes, casi invisibles y flotando en el aire, pueden causar dermatitis, reacciones alérgicas graves y problemas respiratorios en personas y animales.

Los perros son especialmente vulnerables, pudiendo sufrir inflamaciones severas y riesgo de muerte si entran en contacto con estas orugas.

La presencia de procesionarias ya ha sido detectada en Baleares, Murcia, Castellón, Málaga y Granada, y los niveles actuales son los peores en 25 años en algunas zonas.

Ya están aquí. Las orugas procesionarias ya han iniciado su marcial descenso de los pinos en España. Marchando una detrás de otra con su característico bamboleo, estos insectos despliegan sus pelos urticantes hacia cualquiera que amenace su objetivo.

¿Y qué se proponen? Encontrar un buen lugar en el suelo para enterrarse y empezar su transformación en polillas. Es decir, completar su ciclo vital. Por legítimo que sea, suponen un gran problema para otras especies curiosas, como los perros o, incluso, los humanos.

Se trata de una especie autóctona, pero el calentamiento global las está favoreciendo. Los inviernos más suaves están provocando que cada vez las veamos antes y también en mayor cantidad. De hecho, en el sur de España y Baleares ya se ha dado la voz de alarma.

Y eso que estamos, supuestamente, en pleno invierno. Quienes tienen perros prestan especial atención a estas larvas, debido a que su sustancia urticante puede ser letal para sus mascotas si no son atendidas rápidamente por un veterinario.

Los encuentros con estos insectos irán in crescendo según se acerque la primera y llegarán a su punto álgido entre los meses de mayo y junio. Permanecerán en el suelo hasta que las condiciones adecuadas del verano las haga salir como polillas para reproducirse.

"Los pelos punzantes de las orugas son casi invisibles y pueden penetrar la piel y las membranas mucosas. Ahí quedan atrapados causando dermatitis irritativa en áreas descubiertas de la piel, cuadros oculares y problemas respiratorios".

Así lo explica la coordinadora del Grupo de Dermatología de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), Airam Jenny Dávalos. La experta destaca que, en los últimos años, se han descrito varias reacciones anafilácticas alérgicas por este insecto.

Estos últimos casos son los más graves. Las personas hipersensibles a la sustancia que libera la procesionaria pueden requerir atención inmediata en un servicio de Urgencias para evitar los síntomas respiratorios más graves. "Las reacciones son inmediatas", dice Dávalos.

También, progresivamente, pueden volverse más graves. Los pelos tóxicos principalmente están en la superficie de la oruga, pero también se encuentran especialmente concentrados en el nido e, incluso, se pueden encontrar en el ambiente, arrastrados por el aire.

Curiosamente, la procesionaria, y después polilla, sólo tiene pelos urticantes en su cuerpo durante una etapa de su vida. Cuando atraviesan la fase de larva mudan la piel en varias ocasiones, siendo de diversos colores: primero verdes y luego rosadas y rojizas.

“Finalmente, negro con una banda pelosa naranja en el como y blanca en los laterales”, explica Gladric Mossoll, biólogo ambiental en este artículo del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF)

Según describe Mossoll, al final del otoño es cuando los nidos de las orugas procesionarias se hacen más grandes, para protegerlas del frío y es en ese momento cuando también desarrollan sus pelos urticantes. Esta "es la forma de la procesionaria que más se conoce".

Cuando pasa de larva a polilla pierde esos pelos y no da problemas. Pueden pasar bajo tierra hasta siete años, pero cuando salen como mariposas "viven una media de un día, ¡sin siquiera comer! Únicamente se dedican a fecundar y poner los huevos", escribe Mossoll.

Sustancias urticantes

Conviene, por tanto, evitar tocar estos animales si nos topamos con una de sus procesiones y estar atentos a que los niños tampoco lo hagan. Los pelos de estas larvas pueden quedar adheridos a nuestra piel y nuestra ropa y, en el mejor caso, producir inflamación en la piel.

"Las lesiones cutáneas se localizan con mayor frecuencia en las zonas expuestas, siendo característica la afectación del cuello y de las extremidades, sobre todo muñecas, antebrazos y tobillos", señala Dávalos. Los niños, por curiosidad, pueden acercarse más.

Las irritaciones de la piel en las manos y el espacio entre los dedos se encuentran más en este grupo de población. Rascarse no hace más que empeorar el cuadro, sobre todo si los pelos urticantes han entrado en los ojos: "Aumenta la penetración y el roce de los pelos".

¿Qué hacemos si entramos en contacto con esta sustancia? Dávalos recomienda lavar la zona con agua rápido, sin rascar ni frotar. Podemos aplicar aloe vera y compresas frías para reducir la inflamación, aunque el médico también nos puede recomendar algunos fármacos.

Las cremas con corticoides o los antihistamínicos son los productos que, probablemente, pueden llegar a recomendarnos. Si la procesionaria nos afecta a los ojos, suero fisiológico y lágrimas artificiales para intentar barrer la sustancia sin frotar con las manos.

"La afectación respiratoria es poco frecuente", reconoce Dávalos. Pero suele provocar a la persona afectada una respiración angustiosa y sensación de falta de aire y estar asociada "a una reacción anafiláctica con afectación multiorgánica".

En esos casos, hay que ir cuanto antes a Urgencias. Lo peor de la época de procesionarias se lo llevan los perros: "Son curiosos y se acercan a olisquear las orugas o sus nidos caídos", dice Dávalos. "Al iniciar los síntomas, los perros muestran una actitud de ansiedad".

La médico explica que empiezan a rascarse de forma compulsiva, a salivar de manera intensa y, si se tragan los pelos de la oruga, suelen motivar. "La inflamación de la boca, lengua y laringe puede ser rápida y severa llegando a causar angioedema que impide cerrar la boca, dificultades respiratorias e incluso la muerte". 

Mossoll recuerda que la procesionaria no es una especie invasora y que sirve de alimento a otros animales. Sin embargo, causan problemas graves en los bosques de pinos y este biólogo destaca aquellos que se extienden por la región central de Cataluña.

La oruga no mata directamente al pino, sino que va comiéndose sus hojas y lo debilita. "El problema aparece cuando la afectación es sostenida a lo largo de los años y puede llegar a debilitarlos de tal modo que sean mucho más susceptibles a cualquier patógeno", explica el biólogo.

También se vuelven más vulnerables a sequías o heridas. "La densidad de bolsas y abundancia de orugas varía cada año en función de las condiciones ambientales. El calentamiento global hace que cada vez las condiciones sean más favorables para esta especie", sigue Mossoll.

"Lo que significa más emergencias prematuras de las orugas y afectaciones más severas en los pinares", dice. Los ayuntamientos, en cualquier caso, suelen tomar medidas para eliminarlas, como cortar y quemar las ramas con nidos o colocar anillos en los pinos para que las orugas se dirijan hacia una bolsa donde terminan muriendo.

Baleares ya ha advertido de la presencia de procesionarias en parques y bosques y además aseguran enfrentarse a una situación especialmente complicada este año. "Los niveles de afectación de profesionales de 2025 [que se presentan ahora] son los peores que hemos tenido en 25 años", reconoció Luis Núñez, jefe del servicio de Salud Forestal de Baleares.

La Asociación Nacional de Empresas de Sanidad Ambiental (ANECPLA) también ha declarado avistamientos de procesionarias en el suelo de Murcia y de Castellón y, recientemente, también en las provincias de Málaga y de Granada.