Jerry Selbee y su mujer, Marge, en una entrevista concedida a la cadena estadounidense 'CBS'.

Jerry Selbee y su mujer, Marge, en una entrevista concedida a la cadena estadounidense 'CBS'. Europa Press

Ciencia

Jerry, jubilado, sobre su fórmula para ganar 26 millones jugando a la lotería: "No ha sido suerte sino sumar y restar con calma"

El hallazgo de una anomalía matemática casi invisible hizo que cambiara la forma de diseñar las loterías modernas para evitar que algo así se repitiera.

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Las claves

Jerry Selbee, jubilado y exquímico, ideó un método matemático para ganar 26 millones en la lotería, aprovechando reglas poco óptimas del sorteo Winfall.

El sistema de 'rolldown' del sorteo permitía que el bote se redistribuyera entre premios menores, creando una ventaja estadística que Jerry y su grupo supieron explotar legalmente.

Las autoridades investigaron el caso, pero no encontraron trampas: Selbee y su grupo simplemente entendieron mejor las reglas y actuaron dentro de la legalidad.

El caso marcó un antes y un después en el diseño de las loterías, que ahora cuentan con controles matemáticos y tecnológicos para evitar ventajas similares.

Para la mayoría de personas, la lotería es una mezcla de ilusión y resignación, un ritual colectivo sostenido por la esperanza más que por la lógica. Para Jerry Selbee, en cambio, siempre fue otra cosa. Un sistema con reglas escritas que, como cualquier otro, podía leerse, entenderse y, quizá, aprovecharse con paciencia.

Selbee no era un jugador compulsivo ni un buscador de atajos. Durante más de cuarenta años trabajó como químico en una fábrica de cereales en Michigan, habituado a procesos donde cada número debía tener sentido. Al jubilarse, su mente no se apagó. "Nunca he sabido mirar algo sin preguntarme cómo funciona", contaría después con naturalidad.

La chispa surgió en 2003, en un gesto cotidiano. Hojeando un folleto del sorteo Winfall en su pequeña tienda, algo le chirrió. "Leí las reglas y pensé que aquello no podía estar bien planteado", recordaba. No fue una revelación mística, sino una incomodidad matemática difícil de ignorar.

Winfall incluía una condición peculiar: el rolldown. Cuando el bote superaba los cinco millones y nadie acertaba todos los números, el premio se redistribuía entre categorías inferiores. Ese mecanismo, pensado para mantener el interés del público, alteraba de forma silenciosa el equilibrio estadístico del juego.

Selbee hizo lo que mejor sabía hacer: calcular. Lápiz, papel y tiempo. Descubrió que, en esos sorteos concretos, cada boleto tenía un valor esperado superior a su precio. "No era suerte", explicaba, "era sumar y restar con calma". El azar seguía presente, pero dejaba de ser ciego.

Probó primero con cautela, invirtiendo pequeñas cantidades. Los resultados confirmaron sus números. No ganaba siempre, pero ganaba a largo plazo. "No buscaba el golpe", decía, "buscaba consistencia". La clave no era acertar una vez, sino repetir una ventaja modesta muchas veces seguidas.

Pronto entendió que la escala lo cambiaba todo. Apostar poco diluía el efecto matemático; apostar mucho lo hacía visible. Por eso decidió compartir el método con amigos y vecinos, formando un grupo cooperativo que convertía la lotería en un esfuerzo colectivo y casi artesanal.

Cuando la matemática se vuelve rutina

El funcionamiento del grupo estaba lejos de cualquier glamour. Viajaban cientos de kilómetros hasta Massachusetts y pasaban jornadas interminables imprimiendo, ordenando y revisando boletos. "Era casi un segundo trabajo", admitía Selbee, "pero sabíamos por qué lo hacíamos y eso lo hacía llevadero".

Con el tiempo, los premios comenzaron a repetirse y a sumar millones. Ese patrón llamó la atención de las autoridades, que iniciaron una investigación exhaustiva. Se revisaron compras, sorteos y comportamientos. La sospecha era lógica: nadie gana tanto sin hacer trampas. Pero no encontraron ninguna.

La conclusión fue incómoda pero no se podía evitar. Los Selbee no habían vulnerado el sistema. No manipularon sorteos ni usaron tecnología prohibida. Simplemente entendieron mejor las reglas. "Jugamos exactamente como estaba permitido", insistía Jerry, "quizá ese era el verdadero problema".

Tras el caso, las administraciones reaccionaron con rapidez. Se limitaron las compras masivas y se redujo la frecuencia de los rolldowns. Hoy, encontrar vacíos similares es prácticamente imposible. En España, por ejemplo, juegos como la Primitiva están diseñados para evitar cualquier ventaja estructural sostenida.

Lejos del estereotipo del ganador excéntrico, Jerry y Marge siguieron viviendo con discreción. Usaron el dinero para mejorar su casa y financiar estudios familiares. Tan curiosa es la historia, que incluso trascendió el ámbito científico y llegó al cine en 2022 con Jerry & Marge Go Large.

Cómo se blindan las loterías modernas

El caso Selbee marcó un punto de inflexión. Desde entonces, las loterías ya no se diseñan desde la intuición comercial, sino desde la ciencia. Equipos de matemáticos, físicos y criptógrafos trabajan con la premisa clara de que la esperanza matemática del jugador debe ser siempre negativa, sin excepciones explotables.

La primera grieta que se cerró fue la del rolldown sin límites. Hoy, los grandes sorteos imponen topes máximos de bote. Cuando se alcanzan, el excedente no se redistribuye libremente, sino que se congela o se deriva a fondos con reglas estrictas que impiden que el retorno por euro invertido supere el umbral crítico.

También ha cambiado la tecnología. Aunque el bombo físico sigue siendo un símbolo cultural, la tendencia global es el uso de generadores de números aleatorios avanzados. Estos sistemas incorporan entropía física real, como ruido atmosférico o procesos radiactivos, protegidos por módulos de seguridad diseñados para inutilizarse ante cualquier manipulación.

Antes de lanzarse al público, cada juego se somete a simulaciones masivas de Montecarlo. Los matemáticos recrean miles de millones de sorteos y prueban escenarios extremos, incluidos grandes sindicatos de jugadores comprando porcentajes elevados de boletos. Si aparece una ventaja sostenida, el diseño se descarta.

En España, todo este proceso pasa por el control de la Dirección General de Ordenación del Juego, que revisa el porcentaje de retorno al jugador, situado en torno al 50–55%. Hoy, replicar algo como lo de Jerry exigiría más recursos de los que podría generar. Podríamos decir que, en lugar de grietas, los sorteos hoy se protegen con fuertes muros.