Antonio Damasio.

Antonio Damasio. Sara Fernández EL ESPAÑOL

Ciencia

Antonio Damasio (81 años), neurólogo: "La felicidad no es una experiencia individual, sino un logro compartido"

En su opinión, la felicidad no puede entenderse como un logro individual, afirma, sino como una construcción compartida que depende de la capacidad de amar y de ser amado.

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Las claves

Antonio Damasio sostiene que la felicidad no depende del progreso material ni la inteligencia, sino de la capacidad de sentir, vincularse y cuidar a otros.

El bienestar comienza como una experiencia física en el cuerpo, procesada en el tronco encefálico, antes de convertirse en pensamiento consciente.

Damasio defiende que la felicidad auténtica es social y se basa en vínculos afectivos estables y la atención mutua entre personas.

El neurocientífico advierte que la omnipresencia de la tecnología y los móviles erosiona la atención al otro, debilitando uno de los pilares fundamentales de la felicidad.

La felicidad se ha convertido en una promesa omnipresente. Se busca en el éxito profesional, en la estabilidad económica, en la tecnología que promete ahorrarnos tiempo o en la ilusión de tenerlo todo bajo control. Sin embargo, pese a vivir en una era de avances constantes, la sensación de bienestar parece cada vez más frágil y escurridiza.

Para Antonio Damasio, uno de los neurocientíficos más influyentes del mundo, esa paradoja no es casual. Tras más de cuarenta años estudiando el cerebro y la consciencia, sostiene que la felicidad no depende de la inteligencia técnica ni del progreso material, sino de algo mucho más básico y humano: la capacidad de sentir, de vincularse y de cuidar.

Lejos de concebir la felicidad como una idea abstracta o una meta cultural, Damasio la sitúa en el corazón mismo del organismo. Sentirse bien o mal no es el resultado de una reflexión elaborada, sino una señal corporal primaria. El bienestar comienza como una experiencia física que informa de si nuestra vida mantiene un equilibrio interno suficiente para sostenerse.

Según explicó en el podcast Lo que tú digas, el origen de esa experiencia está en el tronco encefálico, una de las estructuras más antiguas del cerebro. Allí llega la información que envían continuamente los órganos y tejidos del cuerpo. A partir de esas señales se generan los sentimientos básicos que nos indican si estamos bien, si algo falla o si nuestra vida discurre en armonía.

En palabras del propio Damasio, “cada parte del cuerpo manda información a través de los nervios a la médula espinal, y eso se envía al tronco encefálico, donde vamos a fabricar los sentimientos que nos dan esa idea de si estamos bien, si no estamos bien, si estamos felices o infelices”. La felicidad, por tanto, comienza como una sensación corporal antes de convertirse en pensamiento.

Desde esta perspectiva, el neurocientífico cuestiona la idea tan arraigada de que primero somos conscientes y después sentimos. Para él ocurre justo lo contrario. Tal como ha señalado en diversas ocasiones, “el hecho de sentir es lo que nos hace ser conscientes”. La felicidad no nace del razonamiento, sino de una experiencia vital que nos confirma que estamos vivos y en relación con el mundo.

La felicidad es social

Pero para Damasio, sentirse bien a nivel individual no basta. La felicidad auténtica surge cuando ese equilibrio interno se extiende hacia los demás. No se trata solo de conocerse, sino de relacionarse. La inteligencia humana, explica, incluye la capacidad de preocuparse por otros y de establecer vínculos basados en la reciprocidad.

En su opinión, la inteligencia viene “con la posibilidad de ser bueno para el otro, de preocuparse por otros y de tener un toma y da”. Esta dimensión relacional no es un complemento emocional, sino un pilar del bienestar. Sin vínculos afectivos estables, la felicidad se vuelve frágil y difícil de sostener.

El mensaje es claro y poco complaciente. Tal como expresó, “solo puedes ser muy feliz si tienes a alguien que te ama y si amas a otras personas”. La felicidad, en su visión, no es un logro individual ni una experiencia solitaria, sino una construcción compartida que se apoya en el cuidado mutuo.

La investigación científica respalda esta idea. Numerosos estudios muestran que el amor, la amistad y el apoyo emocional se asocian a mayores niveles de bienestar subjetivo. Para Damasio, esta dimensión afectiva resulta especialmente relevante en una sociedad marcada por el individualismo, la polarización y lo que él denomina un “déficit de buenos sentimientos”.

Desde esta mirada, Damasio observa con preocupación el impacto de la tecnología en el bienestar humano. En la última década ha alertado de que la omnipresencia de los dispositivos móviles y el avance de la inteligencia artificial están erosionando uno de los pilares de la felicidad: la atención al otro.

En una entrevista con la agencia Efe, advirtió que “el principal peligro de la IA es que roba la atención que merecen las personas que nos rodean”. La promesa de comodidad y eficiencia tiene un coste emocional elevado, ya que fomenta la distracción constante y debilita los vínculos humanos reales.

Tal como explicó, “los móviles tienen el poder de consumir nuestra atención, de hacer que dejemos de mirar a las personas que nos rodean y de sentir curiosidad por ellas”. Para Damasio, esta dinámica va justo en sentido contrario a la felicidad, que se construye a partir del reconocimiento del otro como alguien digno de atención. "Ser feliz depende de mirarnos los unos a los otros y tratar de entendernos”, concluye.