Miles de jóvenes marroquíes entrando en Ceuta el pasado 31 de julio.

Miles de jóvenes marroquíes entrando en Ceuta el pasado 31 de julio. Reduan Dris EFE

Opinión

Churras y merinas

"Lo que están haciendo los llamados prófugos o invasores es ejercer un derecho humano, aunque no lo sepan y, por ello, hay que matizar"

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Esta expresión tan castellana de “no mezclar churras con merinas” viene a cuento de algunas cosas que se dicen o que están pasando.

Por ejemplo, lo que dijo el diputado de ER Gabriel Rufián cuando comparó la guerra de Gaza con el campo de exterminio de Auschwitz, como le reprochó el torero Cayetano Rivera Ordóñez.

O también la falta de soluciones para la “invasión” de Ceuta con acusaciones y elogios al reino de Marruecos en un auténtico desiderátum según quien las realice: el Gobierno o la oposición.

O la causa y solución de los graves y numerosos incendios que nos han estado asolando. Y así podríamos seguir con visiones distintas, opuestas y variopintas de unos mismos problemas.

En suma, mezclar churras y merinas en idénticos escenarios o pastizales cuando son profundamente diferentes, lleva al ciudadano de a pie, o sea a la gente, a no saber a qué carta quedarse y cuál es la versión correcta o la que más se aproxima a la verdad. Un objetivo que debería primar sobre cualquier otro.

Mientras, el verano se prolonga inexorable y caluroso pronosticando un “otoño caliente”, en cuanto a lo muy caldeado que se presenta el ambiente político y por tanto ciudadano, mal que nos pese.

Y ello por cuanto la situación económica, que es buena para unos y no tan buena para otros, sin embargo, atrae a quienes carecen de lo indispensable para subsistir y nos invaden con el propósito de quedarse, pues nuestro oasis, aparentemente de bienestar, es sin duda mejor que el árido desierto del que huyen.

Sobre esto, habría que realizar una reflexión jurídica pero tremendamente humana y que es la siguiente: el art. 13.2 de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1945, y que nos obliga constitucionalmente, dice claramente que “toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país”.

Así pues, lo que están haciendo los llamados prófugos o invasores es ejercer un derecho humano, aunque no lo sepan y, por ello, hay que matizar y distinguir quiénes son los que ejercen ese derecho y quiénes lo manipulan con intereses bastardos.

Pero volviendo al principio, lo que sí está claro es que las churras son las churras y las merinas las merinas y no debemos mezclarlas, aunque sí esquilarlas para que rindan por sí solas su preciado tesoro lanar.

Ya que tratar de controlar los poderes del Estado por muy apetecible que sea para los gobernantes es volver a mezclar lo que debe estar siempre separado para su correcto funcionamiento.