Los candidatos a la Presidencia de la Junta Carlos Pollán (Vox); Alfonso Fernández Mañueco (PP) y Carlos Martínez (PSOE) en el primer debate de las elecciones autonómicas junto al periodista Xabier Fortés

Los candidatos a la Presidencia de la Junta Carlos Pollán (Vox); Alfonso Fernández Mañueco (PP) y Carlos Martínez (PSOE) en el primer debate de las elecciones autonómicas junto al periodista Xabier Fortés Miriam Chacón / ICAL

Opinión Puntadas con hilo

Martínez, entre el 'harakiri' o el señuelo

Ha tirado la toalla en términos boxísticos, antes de salir al ring. Con la venda puesta antes de recibir la pedrada, está pensando por adelantado más allá del día D electoral.

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Sorpresa, pasmo, incredulidad, asombro, estupor, estupefacción, perplejidad, desconcierto han creado las declaraciones de Carlos Martínez, candidato del PSOE a la presidencia de la Junta de Castilla y León - en las que viene a validar su impresión sobre la pérdida por los socialistas de la carrera electoral autonómica que se dilucidará el 15-M -.

El que un candidato del PSOE castellano y leonés auto descarte de la posibilidad de regir los destinos del gobierno regional, con el sostén parlamentario de su propio partido o apoyado por otras fuerzas afines, es absolutamente inaudito e inédito.

Leemos en El Español de Castilla y León que el candidato socialista ha afirmado: “Yo diré que no a la investidura, porque nosotros no vamos a vamos a facilitar la investidura si no hay un acuerdo previo”.

La frase, sin desperdicio, viene a decir que Martínez da por perdidas las elecciones autonómicas y está ya cavilando sobre el día después.

Martínez ha tirado la toalla en términos boxísticos, antes de salir al ring. Con la venda puesta antes de recibir la pedrada, está pensando por adelantado más allá del día D electoral. Hay en sus palabras flagrantes contradicciones. Por un lado, se refiere a que el PSOE no facilitará la investidura de un candidato de otra fuerza.

La misiva se dirige a Fernández Mañueco, a quien otorga de antemano su éxito en el proceso electoral o al menos que el PP resultará como fuerza más votada en los comicios.

Carlos Martínez no se traga las bolas del CIS de Tezanos sobre los posibles resultados de las elecciones autonómicas, de lo contrario estaría ofreciendo aserciones diferentes y su discurso sería el de un vencedor. No deja de afirmar, eso sí, que mantiene su oferta al PP para investir al candidato de la lista más votada – no está pensando en la suya- y evitar que Vox sea la llave maestra que abre las cerraduras de todo el proceso.

El candidato socialista también se ha encargado de esclarecer que no es ‘sanchista”. Ahora cuando el presidente socialista languidece, Martínez esboza una tímida huida de los postulados de Pedro Sánchez. Sus propios correligionarios ya sitúan a Sánchez en la leprosería y nadie desea contagiarse de sus pápulas.

Pero distinto es predicar a dar trigo. Martínez se mantiene en la murga de la caja de los truenos del “sanchismo”.

Un posible pacto de gobierno PP-Vox para Castilla y León es el advenimiento del ‘coco” que a los niños quita el sueño, la entrada del Duque de Alba en Flandes al mando de los Tercios de España o la entrega de Granada por “Boabdil el chico”. O sea, las siete plagas de Egipto.

El eslogan de presentación de Carlos Martínez como candidato a presidente del gobierno regional es uno de los despropósitos publicitarios que ha de estudiarse no como “caso de éxito”, sino en lo que en la profesión de la comunicación corporativa se denomina “área de oportunidad”, que es un término eufemístico para aprender de los errores y examinarte en la convocatoria de septiembre.

“Carlos Martínez, un alcalde para Castilla y León’, fue exaltada como nueva campaña de cercanía y proximidad del PSOE para dar a conocer al soriano que se postulaba – sin primarias previas, es decir por el “dedazo” de Sánchez – como candidato a presidir la Junta de Castilla y León.

La consultora publicitaria que convenciera al PSOE de tan magnífico eslogan, vendió una buena burra – por lo menos una pimpante acémila sayaguesa-.

El principal atributo del lema se basaba en destacar que Martínez es alcalde de Soria. Pero Castilla y León no se gobierna con los modismos de alcalde, sino de presidente. El tufillo de que Carlos Martínez no quiere moverse de la alcaldía soriana es atroz.

Tampoco podemos aseverar que el candidato socialista vaya soltando frasecitas incongruentes a troche y moche, porque seguramente no es así. La mano del “sanchismo”, del que Martínez reniega ahora, es bastante alargada.

El PSOE de Castilla y León puede teatralizar – pura escenografía - que da por sentado que Mañueco resultará vencedor en la liza electoral y necesitará el concurso de Vox para formar gobierno.

Si el propio Martínez da pábulo a ese panorama, ya está perfectamente urdida la estrategia que PP-Vox son el “dóberman” de aquella campaña socialista de 1996. El señuelo es óptimo. Carlos Martínez pretende así restar votos a la izquierda radical. No cree en la oportunidad de ganar a Mañueco, ni evitar una posible investidura pactada con Vox.

Lo único que desea es que las urnas no propinen al PSOE una más abultada debacle. Cebo perfecto.